EZEQUIEL ÁLVAREZ

 

INTERVALOS

 

La lluvia cae

tranquila, justa, necesaria;

ventila inventarios,

y la quejumbre

como un puñal de marfil

invade mis entrañas,

castiga la razón que me sostiene.

Camino junto al tiempo

y, como estático,

percato su abandono sin nutrirme.

 

Cuando las canas irrumpan  

y sea domingo todos los días,

no quiero un sillón

para mirar los restos,

ni el recuerdo

de mis manos ajándose,

y ya curtidas.

Pretendo la sonrisa de un viejo

que quiso ser anciano

para añorar su vida.

 

Con veinte inviernos encima

un par de cicatrices

un desamor y un quirófano,

sigo inmóvil,

nada acontece,

ni conmueve hasta la raíz.

Se satura la energía acumulada,

se desperdicia,

la rutina gana la partida.

Una vez más crece la congoja

del sosiego involuntario.

 

No me sueltes la mano, me dijo...

mundo que los mancilla

presagia su estadía

hundida en la limosna exhortada por su boca.

Nómades de sueños frustrados

observan ávidos,

refugiados en mantas de cartón

envueltos en sábanas de diarios,

te dedican súplicas tonadas,

persiguen su pan en acordeones de juguete.

 

 

 

NO ME SUELTES LA MANO, ME DIJO...

 

 No me sueltes la mano, me dijo...

Ayúdame a bregar mi dicha

a cambio,

abriré tu palma,

dispondré allí

mi gratitud de inmenso porte.

Réstame de la miseria

regálame tu velo

para crecer,

crecer en libertad.

No me sueltes la mano, me dijo...

 

 

 

MI TIEMPO ACUMULADO

 

Mirando un cielo índigo

perdiste tu silencio,  

ese que acopiaste

en atávicos recuerdos.

En él buscaste un testigo

de la aflicción vivida

sabiendo que solo escucha,

con tu monólogo sobre colchón de pasto

derramaste palabras.

Tu boca sintió el alivio del silencio despojado

encontraste el temple,

te hizo estallar en lágrimas del peso habido.

Ahora, respiras el alivio de tu cuerpo vacío

observas el sonriente color de los montes,

se sosiega la mente e imagina

la gente envuelta en su galimatías

y dices, por fin,

no soy uno más de ellos.

 

 

 

EZEQUIEL ÁLVAREZ es un joven poeta bonaerense de 19 años de edad. La suma sencillez, unida a la elegancia en el tratamiento de los hechos cotidianos, son las características de su estilo.

 

 


 

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