ÓSCAR BRIBIÁN

 

 

SUEÑO CONTIGO 

 

Sueño contigo en la soledad de la playa,

cuando aún el sol no ha asomado desde el fin del mundo

y las estrellas juegan para atraer mi mirada.

Mis propias huellas se borran con el paso del agua,

escucho el ruido de las olas postrándose ante la playa,

y me imagino contigo bordeando un mar de plata,

caminando por una blanca orilla,

dejando al agua lamernos los pies,

unidas nuestras manos por los dedos índices

como dos garfios enamorados.

 

 

POR AMARTE

 

Por amarte, a veces, me siento indefenso ante ti.

Cuando me acaricias el rostro

o juegas con mi peinado,

escribes versos en mi corazón suicida.

Cuando te alejas

laten mis venas por recordarte cerca,

y tiembla mi alma por temor a perderte.

Cuando me hablas,

gozan mis oídos con tu melodía,

y aprende mi amor a conocerte.

Cuando me escuchas

enrojecen mis labios sabiéndose atendidos

y se fortalece mi ánimo en el discurso.

Cuando estás a mi lado y me miras a los ojos

aceleran las palpitaciones que me oprimen el pecho

y se regocija mi espíritu al saberse querido.

Pero cuando huyes de mis caricias,

y dices estar molesta,

mi interior llora como un niño

deseando que lo cojan en brazos y le canten una canción.

Por amarte, a veces, me siento indefenso ante ti.

 

 

TENTAR AL DESTINO

 

Tentar al destino es jugar a las insinuaciones con imprudencia

para seguir con metódicos atrincheramientos,

aplazando maliciosamente el momento de unirnos.

Tentar al destino es jugar con nuestra propia suerte,

pensando que el otro va a esperarnos por siempre.

Tentar al destino es disimular nuestra necesidad

de querernos el uno al otro,

y así uno de los dos puede acabar dudando,

desistiendo por ende,

llorando una necia pérdida en el corazón.

Es el eterno arte del diplomático cortejo

el que a veces impide amores eternos.

Es ese emocionante arte

el que inspira a hombres y mujeres a tentar al destino

en la oscuridad del bar de copas,

en el bullicio de la discoteca,

en las reuniones de amigos,

en la tranquilidad de las bibliotecas,

en la rutina del trabajo

y en el trajín de la calle.

 


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