VANESSA MILAGROS
PRIMERO
Por ti el peor centralismo del mundo
Estás envuelto en un aro de vidrio.
Y te extraño.
Así es la vida -me dicen-
Como si supieran que esto es más que la muerte:
tenerte y no verte,
tocarte y no sentirte,
no sentirte en nada de las cosas que me has dejado.
La agonía lenta e imperceptible.
Amanecer y el colchón que sobra
(“no esta” –dice-)
y me doy cuenta que también has dejado tu peso, tus huesos, tu respiración exagerada y fingida,
todo fingido.
Te extraño.
No debo hacerlo, no debo seguirte.
No más ficción en tu boca, en tus dedos, en tus cartas.
No más ofrendas ni canciones inventadas
porque estoy cansada de ti,
de maldecirte mientras le ruego al teléfono que suene como antes,
como antes cuando la ficción daba resultado,
como cuando creía en tus disfraces de oro y plata,
en tus miradas que no parecían tener fin, allá lejos, mientras me mirabas llegar con una
maldita sonrisa..., una verdadera sonrisa, una tonta sonrisa ingenua y crédula.
Una sonrisa, el pelo suelto
y todo era brillante y magnifico
El tiempo jugaba con tu cuerpo, te hacía volar.
Tu voz era dueña de cuanto te oyera, de cuanto te amara.
Y caí…
Caí fácilmente en tu esqueleto de hierro
En tus cartas geniales e inigualables,
que iban y venían,
que cambiaban la forma de mi cara cuando querías
Y caí...
Caí…, lo sabes, sabes perfectamente la gravedad de mi enfermedad,
de esta epidemia de ratas,
de esta fiebre y de estos sudores desde que se te ocurrió desaparecer dejándolo todo,
dejándolo todo…
No te llevaste nada.
Te extraño.
Me extraño sin ti,
extraño la vida antes de haberte visto.
MUDANZA
La casa no esta vacía, hay de todo cuanto te puedo ofrecer. Hay comida, hay aire, pan, leche, cd’s, hay ventanas y hasta televisor de pantalla plana. Todo cuanto quieras, tómalo, es tuyo.
Es tuyo…
Es también tuyo mi rostro hinchado y mojado,
Mis manos ásperas y agrietadas,
La música repetida,
Mis balbuceos al despertar a medianoche ,
Mi voz ahuecada.
Todo cuanto quisiste tener es tuyo.
Es tuyo este mes de oraciones y gritos,
De falta de apetito y nudos en la garganta,
De visitas de la familia “¿que tal?, ¿ya mejoraste?”,
De consejos sobre las propiedades “curativas “del tiempo y de críticas a tu recuerdo,
De “no te angusties, todo pasa”,
De insultos al recuerdo de ese chico que se fue y dejó la casa mas llena y ruidosa que nunca.
Ruidos por aquí,
Gritos por allá,
¡TEEEEE AMOOOOOOOOOOOOOOOOO! A la media noche.
Fotos rotas en el piso,
Fotos de ese muchacho vestido de niebla,
Ese muchacho que no se deja ver nunca,
Que se esconde, que se ha ido finalmente.
Ese muchacho que ignora todo el universo que ha dejado a mi cargo,
Ese universo que duele como mierda y que te destroza la cara con lágrimas,
Con látigos de su risa, de su olor.
Ese muchacho al que no le importó un carajo haberme dejado sus manías,
Su pecho de niño,
Sus promesas de castillos encantados,
Sus canciones en las paredes del baño
Y maldiciones por todos lados.
Como sabes ahora, esta casa no esta vacía, nunca más,
Nunca más tu ausencia
Siempre tú, presente en los pasillos,
Corriendo detrás de mi pelo, intentando cogerlo, olerlo,
Robando un beso por aquí,
Un abrazo por allá en la espalda.
Un niño intentando jugar a esconderse,
Un niño que un día cualquiera no salió y que hasta ahora no se deja ver
No se deja atrapar ni perseguir.
Ni una noticia suya,
Ni una llamada…
Espuma negra en su rostro azul.
Un muchacho que aun intento botar de este pecho, de esta casa helada.
Siempre tú,
Corriendo detrás de mí
Despertándome en el día
Besándome en las tardes, gritando mi nombre, llamándome, invitándome a su lengua,
Siempre tú.
Siempre tú, nunca más yo.
Nunca más yo misma, nunca más mi voz sola.
Siempre tú y tus manías, y tus cosas y tus heridas y tus besos y tus manos y tu cuerpo y tu agua.
Siempre tú presente…
¡Cuánto quisiera que te vayas ya!
Estoy cansada. ¡No sabes cómo cansas realmente!
No sabes lo que es tenerte en mi locura y no poder traerte a mi realidad,
A esta realidad que huye de mi y de ti.
Esta realidad que se aferra a tu piel seca, a estas paredes que tienen tus dientes,
Estoy cansada.
Es momento de que te vayas
Pero deja que me vaya contigo antes que nada,
Deja que la realidad y que estos días fluyan lentamente sin tener que ver el dolor de sentirlos,
Deja que te deje ir con ellos.
VANESSA YALÁN DONGO
Peruana, 18 años. Estudia Periodismo en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) de su pais. Desde los 13 años se inició en la literatura y desde los 15 en la poesia. Gusta de la lirica contemporanea (Cesar Moro, Polarollo), de la musica rock clasico de los años 60, 70 y hasta de los 80. Ha escrito 5 poemarios y 4 cuentos, sin embargo prefiere la poesia a la narrativa.