JESÚS MARÍA BUSTELO

 

LAS PALOMAS
 
Las mañanas de otoño se acercaba temprano
al solitario parque cargado de recuerdos,
se sentaba en el banco y las grises palomas
de su pálida mano tomaban alimento.
 
Está sola en el mundo. Se marchó para siempre
el que antaño a su paso se quitara el sombrero,
aquel que en una tarde clara de primavera
en ese mismo parque le dio su primer beso.
 
Tampoco esta el que siempre por las noches decía:
"mamá, cuéntame un cuento, que tengo mucho miedo";
ni la que preguntaba como fue aquella tarde
cuando papá le dijo tembloroso: "te quiero".
 
La iglesia esta en ruinas y su hogar son escombros,
los buenos y los malos que conoció están muertos,
y las palomas grises, que tal vez no la entiendan,
bajan, comen, la miran y regresan al cielo.
 
Pero ya no hay palomas ni tampoco ella viene
a contarles sus penas con su vestido negro,
ella quiso volar y dejar su amargura
y hoy en el viejo parque sólo queda el silencio.

 


 

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