SERGIO BORAO

NÓMADAS
I
Por las obtusas calles de lo cotidiano
caminamos.
Sin nadie a los costados,
con una incomprensible guía en el bolsillo
y una no menos incomprensible fe en nuestro itinerario.
Alrededor hay rostros que nos miran con desconfianza,
acaso horrorizados
o interrogantes,
o indignados,
o con fingido espanto santiguándose,
y en todo caso, ajenos, del otro lado de la vía.
Pero en cualquier esquina nos asalta
el rostro cómplice que nos contempla con cierta admiración
y cuya sonrisa nos empuja a seguir dibujando senderos
para los pies descalzos del mañana.
Y entonces la nieve en los zapatos ya no resulta tan pesada
ni vacilamos ante los inclementes empujones
o las mezquinas zancadillas que se van alzando a nuestro paso.
Aun así, las calles son las mismas que nos vieron
echar a andar en una madrugada yacente en el olvido.
Tal vez no hagamos más que dar vueltas en círculo,
erráticos vaivenes en la oscuridad.
Y sin embargo, caminamos,
sin nadie a los costados caminamos,
con una obstinación quizá heredada
de aquellos otros que algún lejano día caminaron
forjando sin saberlo caminos útiles,
ciudades habitables y espíritus.

II
Te odiarán
si caminas.
Por su cojera,
por tu obstinación.
Te odiarán
sin saber que los zapatos hacen callos.
No te perdonarán.
Cada paso adelante será como un zarpazo,
como un escupitajo, una blasfemia,
lanzados contra sus cómodos divanes.
Te odiarán.
Con fingida indiferencia,
sembrarán los senderos de emboscadas.
Tejerán intrincados laberintos
que te guíen a ciudades lejanas y desiertas.
Azuzarán en tu contra los canes de la confusión.
Ciegos, querrán extraviarte.
Minarán con palabras maquilladas los matojos,
las piedras, las esquinas, los zaguanes habitables.
Levantarán por doquier edulcorados muros.
Con manos sigilosas, edificarán decorados
de cartón-piedra, neón y terciopelo,
en un desesperado intento de comprarte.
Pero sus telemandos carecen de poder en estas calles
porque el camino es tu única bandera.
Y así, caminarás,
provocando el odio a tu alrededor,
caminarás,
sin una meta explícita pero con un deseo,
caminarás,
tal vez únicamente en pos del fugitivo espejo,
caminarás
sin saber que el camino no es un medio
sino un fin en sí
mismo.
Sergio Borao Llop nació en Mallén (Zaragoza, España) en 1960 y reside en la capital zaragozana. Es encuadernador, periodista, poeta y cuentista.
Cuentos publicados:
"Las carreteras", Revista Nitecuento, nº 23; Antología Relatos Zaragoza,
1990; "Feria", Revista Nitecuento, nº 13; "Paisaje sin batalla",
Revista Nitecuento nº 16; "Espíritu de la Plaza", Antología Callejón
de palabras, Mizar. Poesía publicada: La estrecha senda inexcusable
(poemas), Poemas Zaragoza, 1990; Poemas, Antología Poemas
quietos, Mizar. Sus colaboraciones en Internet pueden consultarse en
las dos siguientes direcciones:
http://www.aragonesasi.com/sergio/Poemas.html y http://www.aragonesasi.com/sergio/cuentos.html