CLAUDIO FERRARI

Querida
El amor de lado dejo, querida.
No haber sido su amoroso testigo
Su padre protector que atendiera a tiempo el pedido de morir
instrumento de la muerte yo
y matarla;
el espanto de la perfección
sin mi decisión ni voluntad
Desorienta no haber un lugar perfecto para que suceda todo
cotejo ante la inmensidad
terror divino
la aberración de la pequeñez sabida
¿por qué el miedo?
Sin sitios seguros pena el alma sin otro modo,
el sufrimiento es un río insoportable,
¿es en la muerte donde ocurrirá lo que debe ocurrir?
Abandonar el amor como el telar perfecto de un anciano.
Lo mejor es lo que debe prodigarse,
ser desechado, otorgado, desprendimiento del amor,
no haber reencuentro de las almas,
ni haber resurrección al final de los tiempos
pero, ¿cómo pensaba que sería?
El mundo se ha vuelto innecesario
Lo sospechoso de la duda es la certeza en vano,
el apremio de la imposible muerte.
Las certidumbres simulan, protegen distracciones,
aplicadas, no sugieren formas ni son obstáculo ni ausencia,
pero ¿cómo pensaba que sería yo?
Mareado por lugares desconocidos viajo un mapa que pronto acabará y no quiero ir
más despacio ni apartarme.
Mareado por lugares desconocidos viajo un mapa que nunca acabará y no puedo ir
más despacio ni apartarme.
El valor enorme y sagrado en el descanso dominical
la significación de ese descanso
una anciana jamás aprendió a leer ni a escribir
¿una verdad en la que nadie cree se ha preservado?
La acción espiritual,
todos nacidos y agonizados en el mismo instante,
no hay forma de no ser eso un destino,
mirada que se ve a si misma
sin necesidad del horror de ningún espejo.
Toda vida expuesta se torna vulgar.
Lo que no somos no me es circunstancial ni accesorio, querida. Lo que no somos
es sustancial, como mis padres y los suyos. Lo que no somos nos protege de ser
un artificio, la alharaca de creernos.
Me repugna la palabra.
Tengo la secreta intención de crear la palabra. Argumento que se busca a sí
mismo y del que debe resultar un seguir buscando. Una palabra espiralada, única,
a lo largo de todas.
¿Sabré soportar tanto fracaso?
Filosofo burdamente.
¿Siente mi corazón lo que no debería por prohibido?
¿O lo prohibido es justamente aquello único que nos es posible sentir?
Soy una cripta, un yo oculto, querida.
Claudio Ferrari nació en Buenos Aires, Rep. Argentina, en 1962. Ha publicado, en poesía, La palabra diversa, un volumen integrado por cuatro libros con su producción hasta ese momento (Tierra Firme, 1994), Christi Eleison (A Capella, 1995), La calle de la infancia (Vinciguerra, 1999), Luz que clama, en colaboración con Sofía Ferrari (A Capella, 2000) y La promesa del instante (Tantalia, 2002). Su obra Sonetos de amor para canto y piano, con música del compositor español Alejandro Román, fue estrenada y editada en la Escuela de Música Creativa de Madrid, en 2001.
También ha publicado la pieza teatral Cristales (Almagesto, 1993) y el libro de cuentos La casa abandonada (Ediciones Corregidor, 1997).