JUAN SOLO

AMANECER
No te inmutas
por mi dolor, ni siquiera, me parece, te percatas de mis lágrimas… reflejo de tu
sobrevivencia.
Combates a la luz robando la mía. Me exprimes. Casi flotas pero no; caminas. Ves
tu alrededor traslúcido egoísta. No te soportas.
Has muerto desde que no decidiste hacer algo por vivir. Tú, ajeno al tiempo. No
son tus manos filosas sino sensible mi piel. Pretendo ver en tu tez el color
azul nocturno evolucionado de mi ser. Alimentas ese transparente cuerpo y de mi
mano vacías tu alma también. Tú por la sangre, yo por mi orgullo. Por mi
pretensión metafísica. Claro está que no es a ti a quien ves en el reflejo.
Cuán alto me siento pensando en volar sin saber. Cuánto ansío tus labios entre
mis hombros y los míos. Ecuánime me estremezco y te comparto mi pulso.
Cómo antes saber podía que al final te haces oscuro, te internas en mi sombra
que paulatina disminuye de tamaño al acercarme al suelo.
Con algo todavía de calor al cuello, un suspiro para decir adiós. Un parpadeo
más buscando razones. Un sabio final, adiós al día, adiós a mi luz.
AMANECERTE
Al llegar el miedo a esa tercera
persona de la que te alimentas, llega a mí la certidumbre. Así soy robando mi
fidelidad, intercambiándola por una delicia salaz. Y tú que sabes cómo volar te
escondes bajo mi sangre; observándola endurecer.
Se te aclara la piel, se te incendia. Incrementa tu calor y me empujas desde
dentro.
Vuelves al despertar yo, a morirte vos.
AMANECER
Son mis ojos
quienes ahora te ven. Quienes gritan risas sobre el pasado.
Soy yo mismo quien se burla de ti, de tu nobleza ingenua debido al tono aún rosa
de tu piel.
Soy yo, algo más gris, algo un poco diríase azul, sarcástico ya, por esta mi
especie a la que despierto y me entrego hoy.
Son una extensión mis manos y no la punta de mi corazón. Soy el que amanécese
así al fin, requerido de tu carmín interior. Orgulloso de su conocimiento
maldito.
Ya me despierto al irse la luz, y ya lo observo todo como se ve cuando no lo
toca la luz. Mi piel, mi cuerpo sin ella, reflejando nada en el de penumbra
portal que os presento un instante antes de exprimirte, de vaciar tu alma
también.
Luego me escapo, me refugio en lo que crees tu sombra. Y bajo tu tez, antes de
tus hombros digo adiós a ese desahuciado vestigio de calor.
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