VANESSA MILAGROS

 

FORRO

Soy tú, y lo sabes.
Sabes que no tengo cuerpo más que el tuyo
Sabes perfectamente la intensidad de mi brillo,
El shampoo exacto para mi pelo,
Mi tipo de piel, el largo de mi carcajada,
El tiempo que tomo al ducharme,
Mi letra… ¡Ni que decir! Falsificarla fácilmente con solo darte el mismo lapicero, ¡y listo, asunto arreglado!
Entras en mí sin sentirlo, a la hora que quieras, el día que te de la gana y con la forma que quieras adaptar
Siempre bienvenido!
Siempre caminando con mis piernas
Siempre vistiendo tu ropa, la misma mochila, los mismos ojos amarillos,
Siempre la misma rutina
La misma telepatía, oyendo las mismas canciones
Los mismos adjetivos al oído mientras te acuestas sobre mi pecho
Lo sabes todo,
El omnipresente, el variable, el camaleón
El de siempre y para siempre por los siglos de los siglos
Siempre el mismo.
Eres yo, y lo sabes
Lo sabes pero eso no te importa demasiado a la hora de dejarme
Hoy.
¿Sabes? ¡Puedes irte cuando quieras!
No importa demasiado, da lo mismo
¿Cómo extrañarte así, metida dentro de tu cuerpo?

 

REENCUENTRO

¡Hola!
Hace mucho, ¿no?
Sí, lo sé, no hemos hablado de la noche de ayer en la que nos vimos a través del velo de la luna,
lo sé.
Sí, sé que has estado ocupado, ya veo.
Sé también que me falta una promesa
por hacerte recordar, pero veo que la has olvidado.
No, no te cojas el pelo; déjalo solo.
No ocultes tus manos,
no las muevas.
¿Por qué desvías tus ojos del camino de los míos?
¿Por qué no me dices cómo has estado?
Dime, ¿pudiste verme en la noche tapizada?
Dime, príncipe, ¿pudiste sentir el frío de las manos de la oscuridad?
Dime, ¿han cambiado los años?
No dices nada; ya veo, no hablas.
¡Golpéame, vamos!
¡Golpéame fuertemente en la mente
para borrar de ella tus horas marchitas!
¡Vamos, escúpeme de una vez!
¡Vamos, deprisa, húndeme en tus palabras!
Sé que tu sudor es por culpa del tiempo,
del tiempo, del maldito tiempo que olvidó las promesas,
las promesas,
promesas... Ya las olvido ahora,
las olvido por la extraña mano que veo ahora coger la tuya,
aquella extraña mano que ahora me lo explica todo.

Me has olvidado.
 

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