FERNANDO MARES

 

LOS espantos entre las sombras renacen
Escucho los susurros de la muerte,
el aullido de los lobos ,
el graznido nocturno de los cuervos en mis oídos retumba

Todo lo visible se torna confuso
El caos nocturno lo consume todo
Rugidos de ultratumba,
el retumbar de pasos invisibles en la niebla
Todo lo perverso y desconocido renace
El espanto es parido en el útero nocturno

El cadáver avanza con paso lento
Erguido en su
encorvación se lamenta semipodrido
La muerte recorre los senderos de la vida
Yo la busco en mi desesperación
Muero eternamente aun estando vivo

La procesión espantosa de la muerte le da vida a la noche cadavérica
Las sombras besan la inmundicia desértica de los cementerios olvidados

Los espantos entre las sombras renacen
Penetro en el útero nocturno
Las sombras me acogen y retorno a lo oscuro
Vuelo hacia el abismo,
me desplomo ante la muerte
Medio muerto y medio vivo
observo la trágica muerte de lo muerto,
que ante la luz del sol naciente se desploma en el olvido.
El espanto vuelve a su sepulcro
Las sombras devoradas por la luz mueren

 

 

DESNUDO en un salón de noches interminables,
me abalancé sobre vasos de agua venenosa.
El tiempo cruzó por mis ojos cadenciosamente entre la niebla,
y mis labios besaron la frialdad del piso humedecido.

La sangre fluyó vertiginosa entre mis dedos,
y bebí insaciable
el veneno de la muerte.

Mis huesos punzantes
amenazaron cortar mi piel y mi carne.
Mis ojos desesperados en mi cráneo,
explotaron amoratados en un olvido delirante.
En charcos de sangre, bilis y veneno
mi alma ahogó sus angustias
sumergiéndose en la muerte.

 

 

ENCORVADO hasta el infierno y sus glaciares,
recorrí los caminos nebulosos del silencio.
La humedad envolvía el paisaje tembloroso
Como la aureola fantasmal de sueños cadenciosos,
o el humo grisáceo de cigarros olvidados
-eternizados en el tiempo-
en ceniceros de concreto,
construidos por esclavos.

La espalda como un arco de fracasos,
delineaba la luna que es un corvo amenazante.
Agonizando lentamente por las calles,
terminé de bruces besando el pavimento.

 

 

    FERNANDO MARES es un joven autor chileno de 18 años de edad. Su obra, aún con los lógicos excesos estilísticos de la juventud, presenta un gran poder de sugerencia y se mueve dentro de lo "gótico" y apocalíptico.
 

 

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Poemas publicados en el nº 16 de la Revista Almiar
 

 


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