CÉSAR AUGUSTO TERRERO
DUELO PENDIENTE
Lo decente,
vencido cada mañana
en la batalla contra el agua fría.
Lo correcto,
retorcido en el desorden
del deseo reescrito en chocolate.
Lo prudente
trunca palabras secretas
pero amplifica el diálogo nocturno.
Lo adecuado
trae la cama en cuadratura
aunque sueñe despierto el disyuntivo.
Procedente,
lo barrido de la sangre
por el vino ilusorio para el zorro.
Lo apropiado
reside en las manos libres
atraídas por fuerzas bailarinas.
Pertinente,
extraviar lo incapturable,
aún si poseer apremia el pulso.
Lo acertado,
habitar en la marea
cuando acosa la duda del ególatra.
Lo pendiente
es el puñal del regreso
porque la inercia bruñe el desvarío.
TIERRA HÚMEDA DE NADIE
Sentados en la cama no propicia
para el sueño de los bárbaros flamígeros,
antes del tercer canto del gallo,
se vieron sorprendidos por la lluvia.
Debió reducirse a consejos para salir del lodo;
para escapar de la cómoda roca del lagarto al sol;
para abrazar a la estrella posada en el árbol;
para comerse la ocasión de la fruta excomulgada.
Afloraron las historias escondidas bajo los colchones de pieles:
el sacrificio inútil de la azul cutícula;
la ignorancia sobre el río después del tornado;
el hijo condenado y el condenado a la espera del buen tiempo.
Durmieron las flores y regresaron insomnes
como pezones dibujados en el reverso de la blusa
bajo la lluvia de palabras, imán de la luz del amanecer:
la señal de peligro para detener la caída.
Tuvo un cierto escozor predicativo
la vaticinada inundación de los axones
sobre esta tierra húmeda de nadie,
campo eluctable inscrito en un trapecio.
Y así, pospuesta hoy la batalla por el azar,
y porque faltó sexo,
ni pudo haber amor,
¿cómo van a cargar con el peso de lo que nunca hubo?
ORÁCULO
Esta es la ofrenda y el humo de las flores trae el propicio
estado febril para escuchar a la sibila
portadora del futuro en el lenguaje de las curvas
bajo el lino y las respuestas
fluidas sombra y miel desde sus ojos.
Los nervios del argonauta entienden cada frase aún por decir
aunque el don del secreto está en la renuencia
del crepúsculo a definir el sentido del nacimiento
y de la muerte:
Perpetuamente irán por el áureo vellocino
porque estamos aquí para agradecer la ofrenda.
CÉSAR AUGUSTO TERRERO ESCALANTE nació en La Habana (Cuba) en 1966, aunque actualmente posee la nacionalidad mexicana. Es investigador del Instituto de Física de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Ha publicado diversas colaboraciones en las revistas literarias Deriva, Punto de partida, Almiar, Imaginante, Niederngasse, Oxygen y Rampa.
Más sobre César Augusto Terrero en ALMIAR