|

El hijo
_________________________
José Antonio
Repeto González
Déjame que te diga que te quiero
más que a mi propia vida. Déjame. Sí, hay mucha luz. Hoy han cambiado la hora,
por eso hay tanta claridad. Nunca te ha gustado el cambio de hora, es cierto, no
entiendes qué se gana con eso. Cuando estabas estudiando la carrera te irritaba
una enormidad que la cambiaran en primavera. Decías que el gobierno te quitaba
una hora de vida. Te descontrolabas, no gobernabas el sueño: una vez te dormiste
en el aula y dieron hasta tres clases seguidas, sin que ningún profesor lograra
despertarte. Esa noche no pegaste ojo y a las seis de la mañana ya estabas en
planta con el propósito, según proclamaste con gran solemnidad, de ser más
fuerte que el sueño y el insomnio: ¡cuánto te gusta ese tipo de frases! Corriste
quince kilómetros y esa misma noche ya habías vencido al capricho gubernamental
del cambio de hora, según tus palabras. Te veía dormir a pierna suelta y sentía
otra vez el orgullo de la madre que tiene un hijo así, duro como una roca.
Por cierto, prometiste
que este año ibas a completar los estudios, que tú siempre rematas la faena.
Sabes que yo nunca lo he dudado. Pero vamos, si no los acabas no pasa nada. Ni
tu padre se va a disgustar más por eso. Volverá, tu padre volverá, no lo dudes,
sabes que llegará a tiempo. Él cumple su palabra, como tú. Siempre has cumplido
con tu palabra, siempre. ¿Te acuerdas cuando te empeñaste en ganar la media
maratón que se organizaba todos los años en el colegio por la fiesta del patrón?
Te llevaste seis meses entrenando por las tardes, después de terminar los
deberes, sin fallar ni un solo día. Corrías con una lata de coca-cola en cada
mano, para llevar un lastre, y al final subías los catorce pisos por la
escalera. Todos los días, hasta el día de la carrera.
Te quiero. Con toda mi
alma. ¡Y qué guapo estás hoy! Ya ves que estoy tranquila, serena, hasta feliz,
de verdad. Pero que conste que eso también es obra tuya. ¡Cómo me has llevado
siempre a tu terreno! Me has seducido con tu fuerza, cada vez que has querido
algo de verdad he tenido que claudicar al final, mis fuerzas se han agotado
antes que las tuyas. Al principio me encorajinaba, pero después me volvía a
sentir orgullosa de mi niño gruñón. Tu padre no podía soportarlo. Se lo comían
los celos. Con lo que pudo haber disfrutado de ti, y se lo perdió casi todo.
Hasta que pasó lo que
pasó. Entonces tú esperaste que se portara como un hombre, que olvidara todo lo
pasado y que estuviera a tu lado. Y comprobaste con dolor de tu corazón que fue
todo lo contrario. Desapareció. Se lo tragó la tierra. Lo que le pasa a tu padre
es lo que a muchos hombres, que cuando les viene una dificultad gorda en la vida
se achican, no pueden con su alma. Tú le sigues queriendo, ya lo sé, y ahora
más, se te nota, no sé por qué pero se te nota. Pero no te preocupes, que lo vas
a ver aquí, estará contigo a tiempo. Y no oirás ningún reproche de su boca. Ni
por la carrera ni por nada. Sabes mejor que nadie lo que estudiaste los tres
primeros cursos, la de horas que le dedicaste a esas asignaturas tan
complicadas. Tienes la conciencia tranquila. Si no has acabado es porque no ha
podido ser y punto.
Cuando llegue no cambies
esa cara de serenidad que tienes. Te hace más guapo todavía de lo que eres.
¡Cómo domina mi niño todas las adversidades de la vida! No, no es pasión de
madre, es la pura realidad. ¿Quién podrían negarlo al ver lo que has conseguido
tú solo? Y que encima tu madre esté contigo apoyándote, animándote,
defendiéndote. La gente no sabe nada. La gente es una masa sin cerebro que habla
por hablar, sin saber, que condenan a los demás para así espantar sus propios
miedos. No tienen ni idea. Yo sí que conozco lo que hay en tu cabeza y lo que
guarda tu corazón. Quién lo va a saber mejor que tu madre.
Estás muy guapo esta
tarde, ya te lo he dicho, el pelo te sienta así mejor. Y la piel la tienes más
suave, con la nueva crema. ¿Te acuerdas cuando me dijiste que ibas a sacar con
buenas notas el primer curso en junio? Dicho y hecho. Y la cara qué tenías
cuando se lo comunicaste a tu padre. Igual que cuando llegaste primero en la
carrera de medio fondo. Anda que no le diste la tabarra. Y tienes que saber que
él siempre se ha sentido orgulloso con todos tus logros, con tus avances, con tu
coraje. Aunque no lo pareciera. A pesar de los celos enfermizos. Siempre me has
dicho que sí, que lo entendías, que él es poco expresivo, cabezota, y es verdad
que lo es. Como tú. Lo que pasa es que tú eres un cabezota de otra clase, un
cabezota para las cosas buenas, con un corazón como una catedral de grande. Como
la catedral de Burgos. ¿Recuerdas como te pusiste de cordero el día que
visitamos la catedral de Burgos? Entonces eras un chiquillo, un poco
zangolotino, no lo puedo negar, pero ya apuntabas. Se te metió en la cabeza que
te lo tenías que comer todo y lo hiciste: te zampaste la comida de dos hombres.
Ya me oíste que te he
hecho caso y he hablado con Adela. No va a venir, dice que lo que tú digas, que
te quiere y siempre te querrá como a nadie, pero te conoce y sabe que hay que
hacer lo que tú desees. Te estás acordando de lo mismo que yo, seguro, del día
que me la presentaste, con ese aire de suficiencia que te inventaste, y ella tan
modosita, y yo también tan suficiente y dominadora de la situación, la procesión
iba por dentro. Reconoce que después me confesaste un día, en la playa, que el
día de la presentación estabas como un flan. Pero nunca se te han notado los
nervios, eres un fanfarrón de barrio, fanfarrón de los buenos, que quede claro.
No te preocupes, que le entregué tu carta a Adela, se la guardó para leerla
cuando sea el momento. La has escrito muy bien, dices cosas muy bellas y con
gran sentido. Se deja ver tu nobleza. Te volverás a salir con la tuya respecto a
ella. Como con todo. Sí, con todo, verás como papá llega a tiempo, él será todo
lo que tú quieras pero cuando dice algo lo cumple. Tú tenías a quien salir, con
la suerte que has salido a él en lo bueno, en lo mejor que tiene.
Anda que no estás guapo
hoy ni nada. Como siempre que estás satisfecho y contento. Se te sube la guapura
cuando te sales con la tuya y te relajas. Mi niño, mi gordito, que me gusta que
me dejes que te lo diga. Cuando te tocó la edad de ser arisco no había quién te
lo dijera, me liabas un cirio si te llamaba así, pero cuando se te pasó esa edad
has sido el hijo más cariñoso del mundo. En eso no tienes nada que ver con tu
padre, tú me has compensado de todos los malos ratos con tu cariño tan
espontáneo, tan auténtico. Te haré caso en todo. Todo se hará como tú quieres.
Como siempre ha sido. Como cuando decidiste que no ibas a estudiar derecho y no
hubo medio humano de convencerte. Te matriculaste en la carrera que tu padre no
quería porque era la que te gustaba y la que te llenaba, no hubo otra opción,
los cinco días que estuviste desaparecido de casa fueron demasiado para él. Lo
malo fue cuando se dio cuenta de mi complicidad contigo. Sí, ya sé que te
sentiste algo culpable, porque aquello fue el origen de una bronca descomunal,
pero la cosa ya venía muy mal de atrás, los culpables éramos los dos, tú no
tuviste nada que ver. Aunque esa culpa que te acompañó algún tiempo no era nada
al lado del orgullo que sentiste. Tu cara era como la que tienes ahora. Como la
que tenías cuando ganaste la media maratón. Como la que tenías cuando sacaste el
primer curso en junio con todo sobresaliente. Como la que tenías cuando me
presentaste a Adela. Como la que tenías cuando llegó, el otro día, la sentencia
del juez.
Todo será como tú has
dispuesto, no tengas cuidado. Sólo tu padre y yo, sí. No, no lloraré. Si acaso
de alegría, por tener un hijo así, con un alma tan grande. Tenlo para siempre en
tu mente, en tu alma: vivo por ti y seguiré viviendo por ti, la vida sin amor no
es vida, y todo el amor que he conocido en mi vida ha venido de ti y a través de
ti, hasta me has enseñado a quererme como nunca había sabido. No te preocupes,
ya llega papá, verás que bien sale todo, déjame que te coja la mano, ya llega,
en cuanto que tú lo ordenes avisamos al doctor para que te retiren el
respirador.
________________
JOSÉ ANTONIO
REPETO GONZÁLEZ, es
un
autor de Jerez de la Frontera (Cádiz - España)

OPINA SOBRE ESTE
RELATO
|