|
Una
sombra exageradamente alargada,
siete noches sin dormir y destapado,
una espada arrancada con orgullo
aunque duela como un hueso desgarrado.
Una espera interminable de mil horas,
ni un segundo sin pensar en tu melena,
siete noches sin dormir y sin estrellas
y esta mesa infatigable en la que escribo.
Unos meses enredado en la madeja,
entre el Odridek kafkiano y el mendigo,
siete noches sin dormir y sin tus besos,
y esa estrella insolente por testigo.
Unos lustros de seis años extraviados,
un otoño que intentó ser primavera,
siete noches sin dormir y sin promesas,
y una lágrima arañando mi mejilla.
Un amor que pareció ser un cordero
disfrazado con tu falsa piel de lobo,
otra guerra que perdimos desde cero,
siete noches sin dormir y sin tus ojos.
|