Ketty A. Lis
Más acá o más allá
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ni
sostiene la fragancia indómita de la hoja de laurel la
brisa ausente. ¿En
qué sitio del no ser se
alojarán esos mínimos segundos en
que es posible volar veloz como los pájaros de
la cornisa al suelo? Más
acá o más allá el
tordo negroacero anuncia la
armonía de decir oh Dios en
la plácida belleza de sus trinos. Su
canto varía de vez en vez acá o
más allá a
modo de lluvia discontinua aunque
oh Dios haya
sonado casi siempre igual a la palabra odio áspera
igualdad en
la desdichada intimidad del ser humano. |
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y
recién ahí se le da por descubrir la
grácil sencillez del girasol besando con fervor la tierra devolviéndole
en los giros sus semillas. El
cristal no
necesariamente es quebradizo sí
frágil aunque sostenga la fragante calidez del vino madurado
en un tonel que vive en la humedad oscura de las cavas porque
por él se ha suicidado un roble. El
odio oh Dios contamina el suelo y todo cuanto toca no
la fugaz sensualidad del vino el
odio mata por el obsesivo poder de la ilusión o
las ruinas que el no poder nos deja. Si
el motor de la historia para Kant es
la libertad del hombre ¿en
qué consistirá la liberación en la historia personal más
allá mucho
más allá donde lo absoluto equivale a todo o nada si
voláramos volátiles y veloces como pájaros hacia
un espacio sin espacio ni
tiempo dejando
más acá un
cuerpito quieto y un charquito de recuerdos en el piso? El
talismán que garantiza el alma de los sueños se
encuentra navegando a la deriva ¿nada
perdura todo se dispersa o
toda dispersión se dirige a lo infinito? |
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un
corazón que es sangre es
latido es
ruego desamparo. Quizá
por eso un gato de Cheshire aún dormita de
este lado desquicio
del espejo quizá
por eso se sigue con obcecación buscando el
destello que proclama el punto donde
mágico aparece el arco iris. Ahí nos
espera el cofre repleto de monedas de belleza y oro que
al tocarlas se transforman en estrellas nos
liberan |
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y
como si cumplieran con leyes inmutables
girando
al ritmo de cierta melodía que solo ellas escuchan
van
formando a cada movimiento
las
coordenadas que indican el extraño sitio
en
el cual es posible armar en ramillete
tal
que puede armarse
con
esas margaritas que libres nacen en el campo
una inmensa piedad por las cosas fugitivas.
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