OPTAR
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Daniel Cacciamani
Él
es el hombre que ha comprendido la importancia de cada decisión, él que sabe
que cada acción por mínima que parezca modifica el universo de un modo
irremediable pues todo hecho genera otros hechos y éstos otros y otros y otros
formando una cadena que no se detendrá hasta el final de los tiempos. Un hombre
decide girar a la derecha en lugar de hacerlo a la izquierda y el universo ya no
puede ignorarlo, de nada sirve que el hombre vuelva sobre sus pasos, la historia
ya ha sido quebrada, ya es la historia en la que un hombre giró a la derecha y
es muy distinto de la que hubiera ocurrido si el hombre hubiera girado a la
izquierda o si se hubiera quedado inmóvil. ¡Inmóvil! Esta nueva idea perturba
aún más su mente lastimada, la inmovilidad es una decisión también. Y él
hace veinte minutos que está quieto
en medio de la estación tratando de decidir hacia dónde dará su próximo
paso. Le horroriza equivocarse, trata de contemplar todas las opciones, trata de
prever todas las consecuencias antes de moverse pero ahora comprende que debe
apresurarse pues su inmovilidad también puede tener consecuencias terribles.
Quizás
dos jóvenes deben verse en la estación, quizás al verse se enamoren y quizás
como fruto de ese amor nazca el salvador de la humanidad, pero quizás eso no
ocurra porque él está obstruyendo la visión, transformando su cuerpo en un
estorbo, en un obstáculo de carne que impide la llegada del salvador.
Debe
moverse pero no puede. Se da ánimos diciendo que es una decisión simple, que es sólo un paso, pero no puede
olvidar que no hay decisiones simples, no puede olvidar el momento de la
revelación. En cada decisión siempre se juega la vida. ¿Quién hubiera
perdido ni un minuto para decidir entre dos casilleros a la entrad de un
supermercado? Nadie, por lo menos él no, es decir, antes no. Antes de que se
pusieran en marcha los mecanismos de su desgracia por haber elegido el casillero
equivocado.
Fue
el día 28 de febrero a las trece horas con siete minutos, lo sabe muy bien
porque frente a los casilleros del supermercado miró su reloj para calcular
exactamente el tiempo, facturación cerraba a las 14:30 Hs., esta venta no le
llevaría más de cuarenta minutos y los faxs se podían enviar desde el mismo
supermercado, nada podía salir mal, todo en él era confianza. Sólo le
faltaban mil quinientos pesos para llegar al objetivo de venta mensual y con
esto a los premios que eran, en definitiva, la mayor parte de su sueldo. Tenía
en su maletín dos motas de pedido por mil cien pesos, sólo necesitaba una
pequeña venta más y este era su mejor cliente, todo estaba asegurado.
Recordó
que por norma del supermercado nadie podía entrar a la gerencia con bolsos,
carteras o maletines y se dispuso a guardar el suyo. Sólo había dos casilleros
desocupados el 38 y el 17, los dos a la misma altura, eligió el 38 porque
estaba más cerca de la puerta sin saber que estaba eligiendo su desgracia.
Cerró
el casillero y con total confianza tiró la llave muy alto hacia arriba y abrió
ligeramente el bolsillo superior de su saco donde ésta cayó limpiamente luego
de dos segundos de vuelo.
Se
dirigió a la oficina del gerente y en menos de cuarenta minutos de charlas,
risas y negocios logró vender setecientos cincuenta pesos, había llegado, como
siempre, a los objetivos de venta de la empresa. Todo se desarrollaba de acuerdo
a los planes establecidos oportunamente.
A
las 14:02 se paró frente al casillero 38, sacó la llave de su bolsillo
superior, la introdujo en la cerradura y la hizo girar, pero ésta no activó
los mecanismos que harían normalmente que la puerta se abriera sino que se
quebró exactamente a nivel de la ranura sin dejar asomar si quiera una mínima
viruta de metal para poder extraerla. Esto complicó, obviamente, las tareas del
empleado de mantenimiento.
Él
se paseaba desesperado mientras el hombre trabajaba, ya habían pasado veinte
minutos entre que le avisó al guardia, que el guardia avisó a “Informes”,
que “Informes” llamara a este hombre y que este hombre llegara. Fueron
diecisiete minutos de sufrimiento hasta que finalmente se pudo extraer el resto
de llave y usarse la llave maestra. El hombre estaba abriendo la puerta
cuando él se lanzó desesperado y, ante la mirada atónita del guardia,
arrebató el maletín y salió corriendo hacia las cabinas telefónicas. Eran
las 14:44 Hs. cuando envió por fax las notas de pedidos. Inmediatamente se
comunicó con facturación.
-Hola,
hablo para confirmar tres pedidos que pasé por fax.
-Sí,
acá los tengo, legaron bien los tres, pero ya pasan para marzo porque el
sistema cerró a las 14:40.
-No
puede ser. Escuchame. ¿No hay forma de que lo pases este mes? Hacé algo.
-No,
no se puede, vos sabés como es, el sistema se cierra y se cierra, por más que
te lo facture ahora, ya te sale con fecha de marzo.
-Mirá,
sin estos pedidos este mes no llego a
los premios y los necesito, realmente los necesito, vos sabés que me caso en un
mes y que estoy al límite con la tarjeta de crédito.
-Yo
no se nada. Lo único que sé es que la facturación cerró y el sistema ya esta
mandando todo a central, lo lamento pero no puedo hacer nada, chau.
No sabe cuanto tiempo estuvo escuchando el tono del teléfono, alguien
golpeó el vidrio de la cabina, y él automáticamente salió, pagó por sus
llamadas y se fue caminando con la mente en blanco.
Lo
que vino después fue una vorágine de hechos lamentables derivados de su elección,
hechos que no hubieran ocurrido de haber guardado su maletín en el casillero 17
en lugar de hacerlo en el 38.
El cinco de marzo cobró un sueldo
miserable, esto le impidió pagar la tarjeta de crédito que, por ende, fue
cancelada; no pudo entonces comprar las cosas que faltaban para su casamiento y
se vio obligado a suspenderlo, a raíz de esto su prometida lo abandonó
definitivamente cansada de tanto desplante. Todos estos problemas le impidieron
concentrarse en su trabajo y en marzo tampoco llegó a los objetivos de venta.
Sus deudas crecían al mismo tiempo que su inseguridad y su desesperación ante
cada elección.
Lógicamente semejante perturbación
mental lo transformó en un empleado ineficiente por lo que fue despedido a
finales de abril.
Ahora está solo en la estación de
trenes tratando de decidir hacia dónde dará su próximo paso; angustiado
porque sabe que su inmovilidad puede provocar alguna desgracia.
Cada hecho por insignificante que sea
genera una cadena infinita de otros hechos, sin embargo una idea le llena la
mente de una quieta paz, una de las opciones, el paso adelante, tiene una sola y
definitiva consecuencia.
Pero debe decidir rápido porque el
tren se acerca...
OTRO RELATO DEL AUTOR EN MARGEN CERO
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