Néstor Ventaja

 

CIUDAD
De Islario Sudeste

  

La ciudad, campo

santo, blanco, inmaculado,

inoculado de canas, alfileres y mercados;

esqueleto construido con deshechos,

pompas y oropel a flor de tierra

gusanos

en el fondo de la hamaca

largas siestas

de estos y aquellos

savia

al antojo derramada.

En las barrancas del Bajo

en las villas escondidas

por pudor

toda vez que el pueblo

Ay!..., el pueblo!

¿Puede ser dicho el pueblo en los dos mil?

arma en la baraja

un juego decente,

la historia

la encuentra

ciudad, paraje, pampa, pajonal -

virgen al día

anterior al nacimiento, cuerpo

tan joven asusta

soñar empiece a hablar

después del sexo.

 

Cualquier verdad (la verdad, otro fantasma)

en las calles

arbitraria

en tanto trascendente,

huye al laberinto

de un futuro

anterior

al hormiguero y la colmena

el río arrebataba por el bajo,

desedificados los dockes y en el centro

unos chatos arroyos

amasados

cascotes de mezclas indigentes.

Riachuelo empetrolado,

turbio sopor de entrañas marginales,

unitaria avenida

del manco Paz

país

 

 

 

 

de moles huecas

con vocación identitaria,

adictos espectadores

formateados a décadas

de bastones abanicados y circo.  

 

Microcosmos adúltero,

geografía hipertensa,

millones

anónimos,

brazos prescindibles,

sin rostro

interior.

 

Pulso de un espacio

al borde del vacío

con todos los ídolos

caídos

con todos los nombres por nacer.

 

Una ciudad,

cualquiera,

pero esta.

 


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