Roberto J. Adames

 

 

 

 

Foto: Pedro M. Martínez

 

 

 

El nacimiento

Es un suicidio necesario

Allí donde los mares

            en la desnudez de labios abandonados

Se vuelcan en infiernos

Donde invoco mis edades de polvo

Y la muerte            es un rayo de sombras

Sobre luz

O

El trapecio de un sueño

Que lleno de piel

            despedaza mi propia carne.

 

La piedra

Como una gota de luz

Entre sombras tupidas de orden

Me enseña a dudar que existo

            entonces            me suicido en ti

Para que existas como mi eterno

Sofoco tu ser de soledad

Y el gesto de lo desconocido

Congela para siempre el mirar.

 

El ojo imagina mi piel

El talvez narra lo inefable

Nuestra común nada

        sin amuletos

                    sin recuerdos

Como un dios de azar.

 

Ah el cosmos                la eternidad

Olvido de muerte.

 

En el columpio del desvivir

Reina el reposo

Como sueño soñado de ilusiones

O tiniebla matinal

Que persigue el vació

En estatuas de emociones

O ensueños

Y desvive su alianza                 movimiento

Que detiene el alba

En mares de deseos

Pero la luz y el misterio

Crean un espacio-proyecto

Que pudre el universo de su esencia

Y nos hace

Uno.

 

 


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