Aromaterapia
Yanuly Sanson
Me es
muy difícil recordar fechas. Sé que hace dos o tres semanas fui a una fiesta en
el taller de Javier. Lo habían sacado del local porque iban a demoler el
edificio de madera, del cual él ocupaba la planta baja; no tenía donde mudarse,
pero quiso hacer una despedida «digna». Repartió juguetes entre los muchos niños
que asistieron esa tarde. Yo contribuí con masilla, me gusta su olor, me trae
memorias de niño. Unos días más tarde no quedaba del edificio más que la pared
del baño.
El sábado fui a cortarme el cabello y me encontré con Susana, de la fiesta, ¿o
es Sonia? Se veía triste y me preguntó por gente que no conozco; supongo que me
confundió con otro. Dijo que no había recibido regalo porque no tenía hijos,
pero un sobrino le reclamaba a diario que no le hubiese traído algo. Me quedó un
poco de masilla y dije que se la traería el lunes, es decir, hace tres días.
Me extrañó no ver luces en la barbería; la puerta estaba abierta. No había
nadie, se lo habían llevado todo; sin embargo, varios espacios limpios quedaban
donde antes habían pegado los afiches con los cortes de moda.
Por la amplia ventana vi llegar varias patrullas, hombres armados rodearon
pronto el local, apostándose tras postes de luz y carros abandonados. Pude
reconocer a su líder: Sonia o Susana, ahora en uniforme, ordenándome por
altoparlante que soltase el paquete.
Recordé entonces que no conocía a Javier y que el paquete lo había sacado de
detrás de un botiquín donde vivía antes, arriba de un taller. Yo había visto la
fiesta, pero no fui invitado. No pude recordar más. Quise, pero algo me lo
impedía, no lo sé mejor explicar.
Me gusta el olor de la masilla, aunque todos los colores huelen igual. Abrí el
botecito rojo, vi una luz muy brillante y después no supe más.
_______________
CONTACTO CON EL AUTOR
![]()
FOTOGRAFÍA:
Adolfo Cisneros Samano © 2004
(Ver exposiciones de este autor en Margen Cero:
EXPO1 -
EXPO 2)