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La ventana hallábase empañada: como si todos los alientos fuesen a encontrarse sobre el frío cristal en busca de calor, fundiéndose en un halo gris, a la vez triste y cobarde, pretendiendo ver más allá de la blanca transparencia u ocultando quizás, tras el vaho mortecino, desasosegado, opaco e inquieto, su propia razón de ser.
Fuera, la tarde lloraba... |
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