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MUCHACHA EN LA VENTANA
Se
había apeado en la pequeña estación desierta. El invariable reloj de
todas las estaciones, mostraba la perezosa hora de la siesta y el pueblo
se extendía hacia arriba suspendido en la quietud de la calina.
Una
calle recta se empinaba sugiriendo el único camino que parecía posible.
Los olivos y los almendros se extendían mansamente alrededor del andén
silencioso.
La
calle estaba jalonada de zaguanes oscuros y frescos que se adivinaban tras
las puertas entornadas y las rejas se dibujaban en las paredes encaladas
con sus trazos perfectos.
Arriba
había un azul inmóvil y el sol perpendicular no proyectaba sombras.
El
hombre comenzó a ascender calle arriba, sus pasos se perdían sobre el
empedrado. Nadie parecía haber advertido su presencia, nadie parecía
estar esperando su llegada.
Sin
embargo, él estaba seguro de haber concluido su viaje, de encontrarse
precisamente en el lugar que tantas veces había imaginado, donde ella
estaría aguardándole asomada a la ventana y se daría la vuelta para
sonreírle abiertamente, y al fin conocería su rostro, ese rostro
dibujado mil veces en su mente a partir del cabello recogido en la nuca, a
partir de la silueta de redondeces tiernas y domésticas, que se
adivinaban entre las trasparencias del fresco vestido veraniego.
El
pueblo vacío encajaba en su sueños, al final de la calle estaría la
Iglesia en una plaza rodeada de casitas bajas con balcones en hierro
forjado y contraventanas de madera pintada.
En
una de aquellas casitas habría una habitación también vacía y una
ventana desde donde se vería el mar.
La
plaza estaba allí, los escalones de la Iglesia en piedra con las huellas
de varios siglos y el airoso campanario con su azulejería de tejas
que brillaban.
La
puerta de la casa entreabierta, invitando a traspasar el umbral. En la
penumbra una escalera tendida hacia la claridad que venia del piso
superior.
Subió
con premura los peldaños, ¿qué nombre debía pronunciar para llamarla?.
Le vino uno a la mente: Gavina (1), no podía ser de otra manera,
Gavina,,, Gavina..., comenzó murmurándolo y al final lo pronunció en
voz alta y su voz chocó contra las paredes enjalbegadas y desnudas de la
casa.
La
habitación, la ventana, las cortinas rayadas que la brisa suave hacía
ondular, y el mar, tan apacible y el cielo tan azul.
Gavina,
mi Gavina , pero la muchacha no se movía de su contemplación reposada,
acodada en el alfeizar serenamente fundida con el paisaje azul, con las
cortinas de rayas azules, con su vestido liviano de listas azules,
destacando tan sólo el oscuro cabello ondulado que se agitaba suavemente.
Gavina...,
y el hombre se acercó a la ventana, el mar lo atrajo con su fascinación
eterna, el cielo azul lo deslumbró con su luz mediterránea, y se encontró
a sí mismo asomado a la ventana, sólo, siguiendo el vuelo de una
gaviota.
(1):
Gavina significa gaviota en catalán.
CARMEN
LÓPEZ LEÓN
http://mural.uv.es/carlole/
SIN
TÍTULO
Perdida
en la espesura del océano, atrapa el otro extremo de la
tierra en el humor vítreo de sus ojos. Tras ultrajar las ventanas de par
en
par, como una loca que corre a reencontrarse; cada mañana bebe la
esperanza de existir, en algún sueño de algas y delfines. La niña que
la habita no quiere abandonar a la mujer de caderas ondulantes como olas,
que se deja besar la piel por el aire salino, hasta extasiarse. Hasta
romperse en mil partículas de sol y de horizonte.
ROXANA
HEISE VENTHUR
roxanaheise@entelchile.net
SIN
TÍTULO
Un
azul de espuma y secretos, se mece en los ojos de Magrite.
Sereno, el mar contempla la sonrisa de la mujer mientras devuelve a sus
hijos a tierra. Los pescadores del pueblo descargan la mercancía, viva de
azul todavía y los niños ya juguetean en el improvisado puerto. La mañana
se ha despertado de una noche de excesos y Magrite recuerda una canción
infantil, deja que el aire le roce, que la piel toque a la piel, que los
colores se fundan con el sol, que la floristería de la esquina abra, que
Marc, el joven de los encargos, ejercite sus músculos de nata mientras
saca las rosas y los jazmines a la mañana. Una brisa transparente, de
susurros y placeres, recorre las calles de la ciudad, desde la floristería
hasta el centro, pasando por la ermita, por el faro, de allí a la botella
de los mendigos de la plaza Mistral y una vez acariciados todos los gatos
del
pueblo hasta el puerto, hasta la ventana de Magrite. Sus labios besan la
brisa. Celoso, el mar mueve su cuerpo fresco intentando desviar la mirada
de Magrite. Las mujeres van a la compra y discuten en corros. Los pintores
ya se acercan a la playa con sus telas.
Mientras, Magrite decide comprar jazmines blancos.
IVÁN
HUMANES BESPÍN
ivah@telepolis.com
SIN
TÍTULO
Empieza
el mes de Junio, me pregunto si es un sueño el azul que ven mis ojos. El
cielo, el agua, mi vestido; no me imaginé que tan pronto iba a regresar a
éste lugar, ni siquiera que aún existiese la casita colgada en la lomada
de Erque. Llego, me quito el uniforme, abro las puertas y ventanas..., la
humedad impregna la ventana, al abrirla siento la bocanada de la brisa que
me despeina y me cierra los ojos, me los froto hasta que adapto mi visión
a la claridad del día !me gustaría vivir en
Finlandia!, allí en verano la noche no quiere llegar, pienso en
fotografiar
ésta imagen, entro hacia la salita y me asomo a la ventana de nuevo, no
vaya a ser que mi paisaje sienta la soledad del que no quiere estar solo.
Pasan los minutos, podría estar una hora sin moverme..., estoy acompañada,
el cansancio se difumina, guardo mis ratos de soledad para compartirlos
con éste azul que me vio crecer.
APRIKOT
SEAYWAVE@terra.es
SIN
TÍTULO
Recorro
el horizonte costero, poblado de paredes encaladas y
ventanas soñolientas... Tropieza mi mirada con tu imagen, ninfa apenas
asomada a la luz. No me ves, ni siquiera sabes del ojo intruso que se ha
apoderado para siempre y sin embargo, ¡tan efímeramente!, de tu
presencia recortada por el trazo egoísta del pintor, que tampoco me
permitirá existir..., aunque esté aquí, en la proa, agitando
desesperadamente mi brazo, llamándote con voz de viento, apretado en el
punto blanco de mi barca, que nunca verás...
ALCIRA
alembi@hotmail.com
SIN
TÍTULO
No
entiende o no lo cree. Se le ha olvidado que murió allí mismo,
a donde mira: la mar. Que ya no lo busques le digo, y ella que
no me mira porque sus ojos ocupan la esperanza de verlo
salir entre las olas.
JOSUÉ
BARSA
josuebarsa@hotmail.com
SIN
TÍTULO
Como
tantas tardes de sudor y siesta, te espío emboscado tras el humo del
cigarro. La grupa inquieta, los pies nerviosos,
distraes la espera restregándote impaciente los tobillos. Siento,
una vez más y a pesar del tiempo, la burbuja del deseo que puja desde mi
vientre al imán de tu vestido. En un juego perverso, me complazco en
incitar mi ansiedad paseando deleitosamente la mirada por la tenue tela,
guardando para el final, como un trofeo, la transparencia de esa íntima
hendidura cuya tibieza bien conozco.
Con mil precauciones abandono el sillón, procurando que el gemido
del mimbre no te distraiga, y me acerco a ti como un furtivo. Lentamente,
con dedos expertos, separo el pelo de detrás de tu oreja y dejo al
descubierto el fino bocado de nácar y seda que aguarda mi tributo.
Recorro con los labios su humedad y, en el trance de tu olor, entre el
cosquilleo de tus rizos, contemplo tu mar hasta que los ojos me duelen. Y
me duelen de mirar sin ver, de mirar sin alcanzar el porqué de tu
fascinación por esas aguas quietas, casi femeninas, por ese mar
hermafrodita que admite los dos géneros: el mar..., la mar...
Sin comprender, por no perderte, he aceptado este ménage à trois que me
impusiste desde el primer día. Tu mar. Tú. Yo. Él te encela y yo te
calmo. Cómplices involuntarios penando culpas en la galera de tu cuerpo.
A la anochecida bajaremos como siempre a la caleta. Y de nuevo seré
espectador privilegiado de tu desnuda entrega a sus caricias. Te lamerán
sus mil lenguas, cubriéndote con la saliva de su espuma. Mecerá tu
cuerpo, haciéndote gozar con su vaivén de olas. Disfrutará adentrándose
en todas y cada una de tus oquedades. En la orilla, desfalleciendo,
esperaré anhelante mi turno de intervenir en el ritual. Y cuando, benévolo,
te devuelva a mí, le dejaré participar en nuestro abrazo acompasando mis
envites al ritmo de sus olas. Sus jadeos de guijarros en la resaca se unirán
a los nuestros.
Envidiará
nuestra unión, impotente ante nuestra materia. Su inmensidad acatará mi
triunfo. Y yo no querré saber si la imagen fija en tu pupila dilatada, en
el último estallido, es la suya o es la mía. Me da igual. Lo acepto
todo. Somos tres. Tu mar. Tú. Yo.
G.
COIMBRA
guiomar@club.lemonde.fr
SIN
TÍTULO
Tal
como ayer invades cada minuto solar.
Imagina:
flameaba feliz al viento sur y norte,
ahora cabizbajo,
apenas un viento extraviado,
desordena mi imagen
y se presenta como si fuera un desconocido,
un afuerino a tanto romanticismo inquieto.
Y odio al mar que le confié tus ojos,
o dibujé tu pelo con sus olas,
y su sonido era inconfundible voz,
cristalina-azulada en medio día,
o gris en mi siempre enamorado ocaso.
Sepa usted que lo le amé todo el tiempo,
así como el horizonte invisible
se adueña por completo de la luna llena
que se entrega en algún espacio
de la madrugada...
ROMERO
manusilva13@hotmail.com
DIME
Te pregunto mar, si en tu infinito agitado escondes respuestas. Te
pregunto, si has visto mi vida. Responde desde tu azul eterno.
¿ Y mi muerte?
Desde siempre te conozco y cada día te oigo nuevo.
Hasta el final te tendré conmigo, me escucharás paciente pero vivo, y a
mis confesiones devolverás tu calma inquieta. Eres firme, amigo.
JOSÉ
L. LÓPEZ BRAVO
infobit@telefonica.es
SIN
TÍTULO
Fue
en otra luz, de tonos pastel, cuando decidió abrirse al
día. Pujó hasta salir de su propia ausencia, deslizó la pesadez
de su
sangre hasta la transparencia más cercana.
Así, vestida con viento de ningún lugar, entregó su desgano a la
belleza
serena del paisaje. Entonces soñó -o creyó soñar- en las distintas
dimensiones de un espejo, vio cómo el agua reflejaba la parte irreal de
la
vida, prolijamente dibujados sus aires, sus colores y hasta su
perspectiva.
Percibió el engaño y lo encarnó en ella misma.
Volviendo en sí, se comprendió fuente y agua de tanta mentira.
La verdad transformada en brisa fresca la retuvo inmóvil un tiempo.
Apoyada sobre el marco de la ventana descansó su cuerpo, sostenida por la
luz nueva del asombro desprendió su duelo, imbuida de tanta claridad,
lloró en silencio.
LUIA
luzmas2@yahoo.com.ar
SIN
TÍTULO
Por favor, Marianita, ¿me permites que venga a asomarme a tu
lado? Si estás tan triste como ayer, para animarte te contaré historias
maravillosas de príncipe azul, de brujas buenas y de hadas malas, de
gatos que hablan y de sueños que se realizan. Y oiré de nuevo tu risa de
cascabeles como cuando éramos unas niñas felices y sentiré de nuevo
contra mi cuerpo el calor del tuyo como cuando todavía tenía ganas de
vivir y te gustaba tanto mirar el mar.
CONSUELO
Laxuana@yahoo.es
A
MI HERMANA
A
bierta está la ventana sobre
E l eterno vaivén de las olas
I ntimas de tu cuerpo,
O ndas de deseos a flor de piel,
U niverso oloroso de promesas
Y a palpables bajo el velo,
A na María...
(HE rmana mía
HI perbólica,
HO stiario de la
HU manidad).
ZARITA
zahara@correo.nu
CHIVATO
"Oye, mamá. ¡ Mamá !, ¿sabes lo que está haciendo Ana María?
¡ La he visto, mamá ! No está limpiando los cristales, está escupiendo
sobre la gente que pasa por la calle..."
SALVADOR.
SIMONE
ssab568005@aol.com
SIN
TÍTULO
Sigue
mirando como cada mañana, cada tarde, cada momento. Esperando que el mar
le devuelva el eco de su voz perdida, que tal vez le
susurre al oído aquel "niña" que no ha vuelto a oír desde que
él marchó.
Esperando, de pie, apoyada en el alféizar, dejando que sus sueños
truncados se enreden con su pelo que revolotea al compás del viento.
Los labios cortados de ese mismo viento que trae briznas de sal y oleadas
de aire marino que tantos recuerdos trae...
...y ella sigue esperando, en la ventana, esperando ver un barco que
atraca, un bote que encalla, un sueño que regresa.
Hace tiempo que no baja a la playa, desde aquella noche, recuerda, esa
noche en la que sus cuerpos compartieron sudores, revoltosos sobre la
arena. Una de esas noches en las que la luna es cómplice y acaricia con
sus rayos, pero no ha crecido del todo, tal vez porque además de cómplice
es discreta. Una de esas noches en las que hay risas y gemidos, en las que
los cuerpos se funden y parecen ser uno sólo, una de esas noches en los
que te sientes tan pleno que parece que algo nuevo esté naciendo en tu
interior...
Y efectivamente, así fue, y esa noche algo nuevo empezó a nacer en el
interior de esta chica que hoy contempla la ausencia tras la ventana.
Porque ese cuerpo que se revolcó con ella sobre la arena dejó de
compartir risas con ella al saberse responsable de una nueva criatura que
crecía en la tripa que había acariciado, besado y lamido. Y el dueño de
ese cuerpo se lo llevó lejos, una mañana muy temprano, cuando empezaba a
clarear, en un bote que partía y dejaba atrás las risas, los sudores, la
luna cómplice, los sueños rotos.
Ella lo vio irse desde el mismo en el que hoy espera. Tras la ventana.
Pero entonces miraba en silencio..., hoy la acompañaba un llanto suave
que llega de una pequeña cuna a su lado. Hoy..., son dos los que esperan.
MARTA
PLAZA FERNÁNDEZ
bellegacelle@hotmail.com
SIN
TÍTULO
Viendo
este cuerpo de mujer desde una perspectiva en la que
amablemente oculta su rostro a quien la observa, puedo sentir su mirada y
la expresión de sus ojos, por mucho que se empeñe en darme la espalda.
A través del reflejo de la superficie marina ofrece a mi imaginación el
color de su iris; a mi conciencia el ardiente deseo de sumergirme con ella
en esa superficie de espuma ondulante, compartida con ISIS a través de
sus ojos y los míos.
¡Ah, si pudiera estar ahí, por un solo instante compartiendo las finas
telas de un incomprensible lienzo con esa desconocida!. Porque ella y yo
sabemos -y todo aquel que observa detenidamente este cuadro dejando a un
lado los pensamientos definidos- que el misterio del eterno femenino
siempre será un misterio. Si le diera la espalda a la mar, entonces el
cuadro moriría. ¡Para eso ya tenemos la Gioconda, la Venus del espejo y
la Venus de Milo!
FERNANDO JAVIER
fernandojavier2002@hotmail.com
SIN
TÍTULO
Ella
en silencio, con su prudencia callada, me invita a mirar y
recibo su hospitalidad, la de soñar, como un ciego frente al mar,
"silencio
o verdad" estoy a su lado y aparto el teclado.
Estoy aquí como parte de este sueño, soy parte de este juego...
CLAUDIO ATTARDO
claupat@arnet.com.ar
RECUERDOS
La
otra orilla, aquélla que da color a mi mirada, que me reúne contigo,
tan lejos y tan cerca. El mar, la mar, espejo y frontera de nuestras
vidas,
surco infinito de infinitas luces, cristal donde se hunde la mirada.
Apenas
hay distancia y ¡estás distante! Descanso aquí, en el alfeizar de mi
presente, guardando con celo los visillos que nos vieron besarnos y
perdernos. Hoy la paz, ayer la guerra de los cuerpos. ¡Cuanto la añoro!
LUIS TORREGROSA
togalu@hotmail.com
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