del Río


EL POETA Y EL SILENCIO  EN BRAZOS DE LA NOCHE

PARA TI, MADRE EN LA ORILLA DE LA OSCURIDAD

 

 

 

EL POETA Y EL SILENCIO

¡El silencio!

acompasada música sin sonido,

trampolín del pensamiento

hacía el abismo del recuerdo,

que uniendo su mano con el adiós

configuran la melancolía

para dar paso a las lágrimas;

y todo oscurece

alrededor del silente,

nada ni nadie

empujará a las palabras

solo el rascar de la pluma

sobre el papel

hará verso en el aire;

el poeta con su silencio

--aliados en la creación--

 permanecerán unidos en el tiempo

 como almas inmortales.

 

EN BRAZOS DE LA NOCHE

SILENCIO: Siento un olor profundo que a los
confines de mi memoria gastada llegan,  
cabalgando a lomos de los páramos de la noche hundiendo sus sentencias hoces en mi carne  
y una gran sacudida atenaza mis labios;  
¡no por favor!, no encendáis la luz dejad  
que la noche siga su cabalgadura para  
que agarre del pomo de mi fe la historia,  
las palabras no se pueden romper  
ellas serán los testigos de mi derrumbe  
pues mi razón esta embotada,  
y se niega al asilo adverso.  
Es necesario entonces que el silencio  
entre en el alma hendida, como el agua  
al arrozal benéfica penetra  
Porque el silencio engendra claridad  
y los corazones se sienten solidarios.  

La noche todo lo contiene. Todo
en su matriz se gesta. El hombre  
desnudo de pretextos y sin
temores derrama su ternura.  
su verdadera imagen, deslucida  
es observada en toda su grandeza y  
le invade el miedo al fracaso  
¿se reirán de sus cueros? Y sus  
ojos impávidos, lanzan surcos a lo eterno  
se le ensombrece la frente  
se empequeñece su ego y empieza  
a eslabonar su vida –no sus actos-  
empapando su ser creciente y claro.  

Y en la noche cuando es abrazado,  
impregnado su ser abandonado,  
se deja querer y ya no es tan macho,  
hacia su centro fluye su mirada  
desnudo en la pequeñez  
la noche es la que manda.


PARA TI, MADRE

Nada puedo alcanzar para ti,
inalcanzable estructuras de aromas,
nada que no sea cariño sempiterno y
claridad filial de aurora inmensa.
 

Para ti, no alcanzan mis palabras
porque tienes la medida del mundo entre tus manos,
las palomas cotidianamente voladoras
de la sala brillante de tus pasos al comedor oloroso
a la cocina donde artista infinita decoras
nuestros días de vida y de bondad.
 

Nada tengo que darte,
eternidad de besos,
gaviotas de mis playas soledosas
pobladas de tus cantos ternurosos, si no,
palabras, tristes, silentes, silenciosas.

Entre mis labios trémulos y asustados de recibir tu amor,
¿quién eres que con tus manos puedes
sin magia y truculencias, despedazar el día,
comenzando al alba hasta el crepúsculo,
dejarlo solamente en esqueletos de segundos
para hacernos inmensos minutos de alabanzas,
horas intensas de felicidad, y van
tus pasos grandes, entre estancia y estancia
dejando en las losetas de la vida
pintado un gran paisaje con tu amor?
¿cómo puedes mujer
multiplicarte tanto diariamente,
sufrir los sinsabores del destino
correr hasta el mercado del dolor,
recoger alegrías de las rosas sin pincharte las manos,
peinar nuestra inocencia de niños y
cantando con lágrimas que fluyen alocadamente

                                                                     
de tus pupilas,
mitigar el dolor de los pasos perdidos
de los hijos en multitud corrupta?.
 

¡Madre! inmensa eternidad cotidiana e
intensa mágica, mujer incomprendida
abnegada trabajadora sin salario;
femenina fragancia,
paisaje poblado de matices inefables.
 

En el pueblo, joven te apareces luchando
por agua, techo y pan
y la otra mitad,
pendiente de tus hijos
que dejas en el hogar.
 

Y otra vez en los surcos de la tierra,
regando con sudor y gran esfuerzo
la claridad del pan.
 

Y tanto en el campo como en la inmensa urbe
entre surcos y aves,
entre llantos y risas,
eres la misma madre amadora y sincera,
la misma rosa humana,
la gaviota espumosa del mar,
la golondrina que dibuja sus labios
en el pecho del hijo
y la playa en que un día
recostaremos todos la cabeza canosa
para mirar el crepúsculo de la vida

desde tus pupilas infinitas
.


 

EN LA ORILLA DE LA OSCURIDAD

La noche llegó, y mi luna,
--porque tengo luna particular—
aterrizó con ella en mi alma.
Sé que estoy solo en este andar bohemio.
nada más que me comprende ella,
pero soy feliz.
 

Cuando conversamos
dedicamos nuestras palabras a divagar
por entre los espíritus de los poemas,
que sobre renglones descritos por la niebla
escribimos mano a mano
para que la luz
-fuente de la claridad-
los borre sin haber preguntado
¿es digno escribir para no ser leído?

Despacio, corro la cortina,
para que la intranquilidad del destino
no llegue a interrumpir
el cotidiano deambular de este poeta en pena.
 

Después, al acariciar el frío
noto los surcos descritos por las estrellas celosas,
que tras el oscuro cristal de la noche,
vigilaron mi escribir,
plagiando mis versos,
pero no es importante  su copia
mis versos siempre dicen lo mismo y
escritos entre estrella y estrella,
para quien los quiera leer,
se notan mis renglones torcidos y
que después de cada punto
dibujo un corazón, y en él
dentro de un circulo de fuego,
el nombre de mi amor.
 

Cuantas veces, sobre las alas del viento
desplegando la vela mayor
surqué sobre mi pensamiento
volver a ser niño
para hundirme en un mundo mejor.
 

Pero ahora,
que la incertidumbre de mis sienes blanqueando
describen verdades,
se da uno cuenta, que han sido los años
los que arrugaron

el gesto dócil del semblante.

 


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