El
huérfano
Se nubló la mente del niño,
ya
no sonríe por las mañanas,
el
contacto frío de la vida
le
ató las manos,
le
abufandó la garganta,
y
sus piernas, ya no quieren correr
ya
no hay juegos en su alma
mientras
sus ojos lloran
sus
manos se agitan hacia la nada.
Dos gotas como el rocío
brillantes
como la plata
resbalan
poco a poco por su cara,
y
tras el bosque de la indiferencia del mundo
imagina
una silueta humana
es
una figura amiga
es
la figura del que ama.
Y para acallar los sinsabores
su
padre, ya no estará mañana.
El niño se calla,
la
brisa que su cara azota
es
fría y está helada,
sus
manos son dos canciones
templadas
como baladas,
ya
no susurrarán a su oído
canciones
por las mañanas
¿y
quien le contará historias
para
dormirse sobre la almohada?
Bajo su sombra tibia
descansa
la quietud de su mirada
y
entre los dos valles encantados
de sus
mejillas,
vuelven
a resbalar las lágrimas,
y
aprieta orgulloso los labios
para
esconder su rabia.
Y para acallar los sinsabores
su
padre, ya no estará mañana.
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