Adriana Pardo
(Luia)

 

 

 

 

 

 

 

despertares

 

La leyenda del sueño  

confunde las sombras

trenzando los giros de una danza.

Aclara el espejo

los tiempos del desvarío.

Las cosas retoman

la pureza de sus formas,

el alma vuelve en busca

de la bella especie de los pájaros.

Es el instante en que la luz

ordena el olvido de la aurora... 

II

Sustancia

silencio

algún encanto

brote tardío

despojos de luna

todo a resguardo.

 

La noche santifica  principios olvidados

el amor y las horas

desandan el  las estrellas

hacia una mañana en espera.

 

La fecundación ha sido.

 

Contra todas las ruinas

La vida ha ganado. 

III

 Lágrimas cristal

alas plegadas de frío

corazón pálido

el rictus del hastío.

No estoy muerta

es que no he dormido

volveré a la vida

vestida en sus vestidos.

Y olvidaré la apariencia del olvido. 

IV 

Mis ojos hacia adentro

los engaños del insomnio

las preguntas de siempre

cuándo la verdad

por qué no el intento...

Desesperado silencio.

 

El dolor percude

se deshace de apariencia

toma la forma de los miedos.

Me hundo

desaparezco...

 

Desde las entrañas del vacío

me despierta la conciencia

y elige

-una vez más-

la locura de la vida.

 

Asciendo

me deslizo por los tejados

hacia el sino de los pájaros.

 V 

Pronto a amanecer

un perfume marino enlaza el alba a la mañana.

Bruma y pensamientos de la noche, 

disipan juntos  la luz inconclusa.

Y el mar,

afanoso de sus hábitos

eleva su presencia en la orilla

hasta romper

-su canto afilado-

en espuma y alabanza.

A lo lejos

el placer de los rojos colma el encanto.

 

 La naturaleza toda celebra la vida.

 

En los ojos que ven

ganan las lágrimas.

Por un instante, sólo  un instante

parece ser posible

un hombre nuevo

redimido

dado a luz por la mañana.


 


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