María del Mar Estrella               

 

 

                    AMOR AMÉRICA

 

 

 

 

 

 

 

Ponme de pie, América, que quiero bautizarme en tu canto
ponme de pie y mi valor convoca, dame tu canto vegetal, tu leche ávida de 
promesas que nunca se cumplieron
tu resplandor de dioses aborígenes.
Ponme de pie, América, y aguántame
soy el peso del hijo millonésimo
que desde Teotihuacan baja descalzo con su piedra de lagrima tolteca.

Soy hijo de Palenque, desde el silencio traigo
los ojos de mis templos vigilando la selva.
Alguna vez fui rey:  Nima Quiche mi nombre
y en la meseta de Quetzaltenango, solo y erguido,
fecunde a Guatemala, mi señora...

Después, latinoamérica, como cantan los niños, yo cante en tu regazo
cante, cante subiendo hacia la altura
a Machu Pichu, al trono donde moran los cóndores y el llanto.

Recuérdame, Brasil, fui seringueiro y a punta de cuchillo abrí en los jebes
la entraña caudalosa por donde llora el caucho, lentamente.
Mi madre, sola, espera en las montañas de Itariri como una estaca al sol.

Y tú, también, arauco, recuérdame caudillo con Lautaro
mordiendo los talones de los incas
cuando los pies desnudos se abatieron sobre el conquistador empecinado.

Purmamarca. Tilcara. Cafayate.
Humahuaca.
¡Del polvo se levantan los arcos y las flechas de mi sangre!
Todo lo hice por ti, por ti que eres mi orgullo y mi linaje
y mi entraña y mi sed y lo mas mío.
Solo por ti, América, yo canto.

Madre, no me abandones más, los dos hemos sufrido y yo te extraño
Madre América, siénteme: ha llegado la hora en que el esclavo
transforme sus cadenas en corona.
Ha llegado la hora en que tu voz profética retumbe unida y solidaria
para enseñarle al mundo una fe nueva.

Ay, América, yo quiero estar allí cuando eso ocurra.
Ponme de pie. Sostén entre mis manos la lanza del idioma
¡y dime que soy rey!

¡Vuelve a decirlo, madre!

 


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