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Sabemos
que el hombre blanco
no comprende nuestra manera de pensar.
Trata
a su madre, la Tierra, y a su hermana,
el Cielo, como cosas que se pueden comprar y arrebatar,
y que se pueden vender,
como ovejas o perlas brillantes.
Hambriento, se tragará la tierra,
y no dejará nada,
sólo un desierto.