
Ya no siento que me ahoga la nostalgia
y estoy muy cansado de llorar
ya no importará más quien gane
y no quiero de esta fuerza escapar
volaré por las estrellas una a una
en el brillo de tu cara y tu mirar
y pediré al sol que toda mi fortuna
sea un rayo perdido en alta mar.
Sin saber que ya no me vale
sin saber que ya no me sirve.
Ahora siento que llegó el día
en que tengo ganas de vivir
de atravesar los muros y ruinas
que aunque pase el tiempo están ahí
y florecer como un hombre nuevo
sin miedo a las tragedias por venir
regalarle a la vida todo el fuego
de tus ojos y tus ansias de vivir.
Y he vestido la aurora
con rayos de sol
y en los cabellos prendida
llevaba una flor.
N. del A: Cuando escucho esta extraordinaria canción, las cuatro líneas de la última estrofa (cantadas en la parte central de la misma, por los niños Lorena; Vanesa; Álvaro y Ana) me parecen el mejor aria que podía despedir a Jesús de la Rosa pues, aunque no creo en las premoniciones o en el destino, ¿qué sentía el cantante de Triana cuando escribió «sin miedo a las tragedias por venir»?
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