______________TRIANA _____________

 

    La última vez que vi vivo a Jesús de la Rosa, fue allá para finales de los años '80, en un recital que dio TRIANA en la vieja plaza de toros de Carabanchel, en Madrid, que tuvo un éxito comparable al mítico concierto del conjunto andaluz en el Parque de Atracciones, también de dicha ciudad. Jesús tenía sobre sus espaldas tres discos de platino por las más de 300.000 copias que se habían vendido de su tercer L.P., Sombra y Luz, el mayor éxito del conjunto más emblemático del llamado «rock andaluz» o «rock con raíces».

    Jesús de la Rosa, se decía por entonces, había aprendido a cantar de aquélla forma tan especial y profunda, escuchando al muecín. Sea esto verdad o no, lo cierto es que su voz un poco ronca pero que disponía de unas modulaciones nada despreciables, enraizadas profundamente en el cante jondo, revolucionó a todos los enrollados de Madrid cuando TRIANA se presentó en la discoteca madrileña MM, a comienzos de 1976. El personal andaba en ese tiempo buscando alternativas a la negrura de 40 años de opresión cultural, social y política y se hablaba por todos lados de un grupo de Sevilla que era distinto a todo, tan distinto, que no dejaban que lo emitieran por la radio. 

    Sin embargo, TRIANA había esperado durante dos años el triunfo que ahora comenzaba a sonreírles. El experimento de SMASH (El garrotín), había dado muy poco de sí, y el primer disco de TRIANA (El Patio-1975/1976) no «resultó» tampoco: vendió unos cuantos miles de ejemplares, fundamentalmente en Andalucía. Curiosamente, el nombre del conjunto andaluz comenzó a convertirse en un fenómeno de «culto» a raíz de la película Manuela, de Gonzalo Garciapelayo, que incluía en su banda sonora la canción En el lago, una de las mejores composiciones de Jesús de la Rosa. 

    «Ayer tarde al lago fui / con la intención de conocer algo nuevo / nos reunimos allí y todo comenzó a surgir como un sueño / creo recordar que por la noche / el pájaro blanco echó a volar / en nuestros corazones / en busca de una estrella fugaz». La letra de En el lago tenia un delicado «aroma» a Ketama y una música que se salía de todo lo escuchado hasta el momento, sin ocultar la admiración de sus interpretes por Pink Floyd o King Crimson, una mezcla demasiado revolucionaria para ser promocionada por los medios de difusión de la época, así que el disco se fue conociendo por la vía del «boca a boca», escuchándose a través de las gramolas, en las reuniones de los progres o los conciertos en salas de escaso aforo. Este hecho, con toda probabilidad, fue el que marcó a El Patio, como un disco de culto, «prohibido», que llegaba a las manos de quien lo escuchaba precedido de noticias «clandestinas» (en Andalucía pasaba «algo»...) y comentarios sobre sus letras y músicas profundas, distintas y libres.

    Jesús de la Rosa había cantado en los viejos tiempos en una versión crepuscular de Los Bravos, pero sin llegar a conocer las mieles de la gloria. Así que algo debió sentir cuando Record World, la revista musical de mayor tirada en América, eligió a TRIANA como el mejor grupo de toda el área latina del año 1977, después de la publicación de su segundo álbum, Hijos del Agobio, y la canción Rumor (editada en single) y el propio L.P. fueran considerados como los dos mejores discos de este año en España.

    Rumor no fue emitida por la radio, como ya he dicho. Resabios de la dictadura que, no obstante, se caía a pedazos: Alberti regresaba del exilio, el P.C.E. era legalizado y, después de 42 años, los españoles votaban en libertad. Y a la libertad, precisamente, canta este L.P. con unas letras magníficas que fueron capaces de concitar alrededor del grupo un autentico fenómeno de masas. Al año siguiente, 1978, TRIANA efectuaba más de 120 actuaciones y se confirmaba como el grupo más importante del país.

    Desde los surcos de vinilo de Hijos del Agobio, titulo ya de por sí tremendamente implicado con su época, salían unas palabras directas que podían comprender muchas personas, combinando de forma extraordinaria una visión intimista y pasional de la vida con sentimientos más sociales, más abstractos; vale la pena detenerse un poco en la letra de Sentimiento de amor para descubrir el potente mecanismo de comunicación que contenía la poesía de Jesús de la Rosa:

    «El día que yo salí / en busca de mi vida y de mi yo / algo grande sentí en mí / cuando mire hacia atrás / y dije adiós ... / sentimiento de amor / que me llevo de ti una ilusión / quedo atrás un porvenir / una seguridad y un qué sé yo / …».

    Para miles de jóvenes (y no tan jóvenes) la guitarra de TRIANA representaba la ansiada libertad, la liberación de una sociedad cerril y la búsqueda de la aventura personal, radical y profunda. Nunca el rock español había entroncado tan firmemente con sus destinatarios y así, cuando en marzo de 1979 se publica Sombra y Luz, TRIANA es el primer grupo que consigue varios discos de platino en España y un «rumor» inmenso alrededor de su extraordinaria obra. Las empresas se los rifaban, no era posible hacer un concierto sin que en el cartel apareciera TRIANA y la radio, al fin, se acordaba de ellos a todas horas.

    En 1980, subidos a lo más alto del podio, quizás también un poco agotados, TRIANA publica Un encuentro, y asume el riesgo de deslizar su música hacia el pop. El disco transmite la impresión de una actitud más individualista y tranquila y comienza el camino del alejamiento de TRIANA de su propia magia. Sin embargo, canciones como Tu frialdad o Aroma fresco siguen destilando el embrujo del alma de Jesús de la Rosa.

    Seria injusto que prosiguiera sin decir que TRIANA eran, también, Juan José «Tele» Palacios (batería) y Eduardo Rodríguez (guitarra española), antiguo cantante de Los Payos, redimido por la música de calidad. Excelentes músicos, formaron una especial simbiosis con De la Rosa, asociación tan irrepetible y subyugante que, al llegar la tragedia, TRIANA desaparece. Hay un acuerdo muy amplio en que el L.P. Triana (1981) marcó el inicio del fin; después, dos años de silencio en donde sus incondicionales vivían de extraños rumores alrededor del grupo y, en 1983, la sorpresa de …llegó el día, quizás el nacimiento de una nueva etapa del grupo, truncada por la desaparición de Jesús de la Rosa.

    A las seis de la tarde del 14 de octubre de 1983, el coche donde viajaba Jesús chocó con una furgoneta a unos diez kilómetros de Burgos. El autor de Abre la puerta niña y Sé de un lugar murió en el accidente, como si el título del último disco del grupo hubiera sido una premonición. Su muerte amputaba el futuro de TRIANA y privaba al rock andaluz y español del genio de una poesía y una música sin igual. Todavía se siguen reeditando los discos de TRIANA, y todavía muchos tenemos la esperanza que de nuevo se oiga «un rumor por las esquinas».

Pedro M. Martínez (Margen Cero)


 


JUAN JOSÉ PALACIOS «Tele» (1944-2002)

    Nació en 1944, en Cádiz y era el batería y percusionista de Triana. Tele comenzó a adquirir prestigio como batería en el grupo Los Soñadores y tocó también con Los Payos en donde coincidió con Eduardo Rodríguez Rodway (posteriormente guitarra de Triana). Más tarde pasaría por Gong,  en donde estaban Manuel Marinelli (Alameda), Luis Cobo, «El Manglis» (Guadalquivir) colaborador de Triana, y Manolo Rosa (pasó también después a Alameda y fue bajista con Triana).

    En Triana, Tele maduró como músico y dejó sus mejores aportaciones al rock andaluz y a la música española. Después del accidente que costó la vida a Jesús de la Rosa, lanzó al mercado un disco llamado Tengo que marchar con canciones de Triana antes del lanzamiento de su primer L.P., El patio. En 1994 Tele relanzó Triana, publicando otros dos discos: El jardín eléctrico (1997) y En libertad (1998).

    «Tele» Palacios falleció diecinueve años después de que muriera su amigo y compañero Jesús de la Rosa. En la madrugada del día 8 de julio de 2002 ingresó en el hospital Ramón y Cajal, de Madrid, para ser operado de una rotura en la vena aorta, sin que se pudiera salvar su vida. Su último concierto lo dio en Lora de Estepa (Sevilla), el día 5 de julio; después del mismo comenzó a sentirse enfermo.

   Con él se va, también, una parte importante de la historia de la música andaluza y española, un símbolo para varias generaciones de jóvenes españoles que creyeron en la libertad y escucharon las canciones de Triana con la ilusión y el convencimiento de que había un mundo nuevo detrás de las esquinas.

   Queremos desde esta revista, rendirle nuestro homenaje y nada mejor, quizás, que recoger aquí parte del poema que Andrés Molina Moles dedicó a Jesús de la Rosa, tras su muerte:

Triana duerme su pena
 claveles rojos y nardos.
Su cante convierte en fragua
 la Plaza del Altozano,
y los bordones le piden
a la guitarra su llanto...

    Hasta siempre, Tele.

 

 

 

 

 NOTA: Está página fue publicada originalmente en el núm. 6  de la
 Revista Almiar


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