Carnaval

11/11/2011 por

Carnaval

 

por
Lorena Martín Morán

 

 

 

CON UN ÚLTIMO GESTO frente al espejo de plata, retoca con arrogancia femenina la maciza máscara en marfil y dorado que esta noche, por excepción, cubre su exquisito rostro aristocrático. Es una máscara fabulosa, diseñada por encargo especialmente para ella y el último toque de gracia, sobre un magnífico vestido de encaje y pedrería, cubierto con una suave capa de terciopelo beige, como dejada al azar sobre los delicados hombros desnudos.

Sintiéndose sobradamente bella, aunque para estarlo ella no necesita de ningún ardid, baja con rapidez unas escaleras de mármol de Carrara completamente blanco.

Esta noche, ella no se siente ella. Porque ha dejado a un lado el buen nombre y la popularidad, para encontrarse a escondidas con él, junto a San Barnaba, lejos de las miradas indiscretas de su estirpe con la impunidad que proporciona, el sentirse oculta tras la máscara.

Las calles de Venecia las recorre casi como en un sueño. Se siente radiante y liviana, fabulosamente viva, risueña, cargada de feminidad y estallidos de pasión. Ha tenido la prudencia de andar por los callejones, para no ser descubierta. La noche es cerrada y siente algo de miedo. Se oyen, a lo lejos, pisadas y vaivenes, comentarios festivos y ruidos jocosos. Un grupo bastante numeroso de hombres y mujeres, a saber quiénes pues van disfrazados, corren de un lado a otro de Venecia, diciéndose a voz en grito, que habrá que darse prisa para no llegar tan tarde al carnaval.

En su máscara, reluce el reflejo de una hoguera hecha en la calle por tres individuos que buscan cobijarse del frío de febrero y que se la quedan mirando como en trance, cuando ella pasa rauda junto a ellos, con su halo de misterio, belleza y seducción. Apenas si alcanzan a ver algo de ella que vaya más allá de un suave aleteo en beige y oro. ¡Pero es hermosa! Y lo saben.

Ella los mira sin prestar atención. Corre sobre sus empinados zapatos color crema, para no llegar tarde a esa cita tan hartamente suspirada, anhelada desde hace días, desde aquel encuentro casual en un rincón de la Iglesia.

Por fin, le ve. Ahí, de pie, el porte enhiesto, vestido de un distinguido negro riguroso con su máscara carnavalesca color bermellón intenso, como lo acordaron.

No muchos segundos más tarde él, la toma de su mano. Sus dedos tiemblan al rozarse con él, al sentirle cercano. Se siente puerilmente nerviosa, tímida y osada a un tiempo, feliz y temerosa. Mientras, en un mundo en el que todos parecen haber perdido el juicio, hombres y mujeres pasean de la mano sin hacerles ningún caso, ocultos también en su mascarada y ajenos por completo a lo que él o tal vez ella puedan llegar a hacer en una noche como ésta.

Ella se siente en el séptimo cielo. Perdida e incondicionalmente enamorada de ese hombre, no desea sino hacer lo que hicieron anoche, después de varias horas en la pista de baile, dando vueltas y más vueltas sumergidos ambos en un alud de gasas y sedas carnavalescas, de terciopelo, y encaje, rostros desconocidos, pedrerías, tul, joyas y tocados.

Porque ella, ya lo sabe. Algo más tarde, cuando todos se retiren, y por fin yazcan a solas, no habrá disfraces, ni artificios, ni nada que ocultar a los ojos de su amado. Profundamente cegada por su encanto, quiere entregar el alma en su presencia, darle todo cuanto es y también cuanto posee. No le importa sacrificarlo todo, tampoco, el qué dirán. Sobre la cómoda, dos máscaras venecianas, únicos testigos de excepción en esa noche mágica, cerrarán los oídos a lo que allí acontece, porque son cosas de dos que a nadie le conciernen. La noche será larga y vendrá, ¡cómo no! cargada de ensueño y de romanticismo, de pasión, de palabras y susurros. Habrá confidencias, miradas de soslayo, suspiros y caricias, luz de velas y de luna llena. 

 

Después, tras la noche llegará la alborada y con ella, las prisas necesarias. Él la despedirá cortésmente junto a su casa, lo más cerca de su casa que se le permite estar, asegurándole el volver a verla aquella misma noche, finalizado el día, con idéntica indumentaria y también iguales ganas.

Ella subirá muy rápido unas escaleras de barandilla dorada, enfundada en su traje algo marchito por las horas, deshecho por completo el peinado sobre el rostro, llevando en las manos su capa y uno de sus zapatos. En el cuarto, sintiéndose a salvo de todo y de todos, se reirá a solas de su audacia loca, de su valentía arriesgada, y al fin, de la escapada. Se quitará lentamente la máscara y se mirará en el espejo y entonces, solo entonces, una enorme sonrisa de satisfacción cruzará su jovencísimo rostro nobiliario, libre, por fin, del anonimato nocturno.

 

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Lorena Martín Morán
. Se dedica a la enseñanza, es maestra de educación primaria. Actualmente compagina su trabajo con los estudios de segundo ciclo de la licenciatura de psicopedagogía.

Respecto a su actividad literaria, es la autora de un cuento infantil titulado El Maravilloso Mundo de Creosbe, publicado por la Editorial Brief en el año 2008.

Contacto con el autor: lorenamartinmoran16 [@rroba] gmx.es

 

 Ilustración relato: Fotografía de Pedro M. Martínez

 

 

 

 

Revista Almiar – nº 61 / noviembre-diciembre 2011(©) MARGEN CERO ™ - Aviso legal


 

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6 Comentarios

  1. Napoleon Anento

    Me encanta tu relato, es breve, pero sin embargo eres capaz de transportar al lector a esa época y transmitir las sensaciones del momento que viven los personajes. Enhorabuena, ya estoy esperando tu siguiente relato publicado!!

  2. Ana

    Me estás dejando boquiabierta con esta nueva faceta tuya de escritora, publicas en revistas, escribiste un libro, te veo en una foto en el Corte Inglés. ¡Qué pasada! ¿Ya se lo has dicho a las antiguas del curso? Para que lo sepan todas.
    Lo haces muy bien Lorena, no sabía yo que tuvieras tanta afición a la escritura ni que se te diera tan bien. Muchas felicidades, escribes de maravilla.

  3. TGRJ

    ¡Me alegro mucho! Felicidades.  

  4. Nacho

    Siempre me ha gustado este relato. Si no recuerdo mal, fue el primero que me dejaste leer, ¿verdad? Nos vemos pronto. 

  5. Lorena

    Gracias a todos. 

  6. Laia

    Felicidades Lorena, te lo mereces. Todo lo que escribes es estupendo. ¿Para cuándo leeremos un libro tuyo? Espero que muy pronto.Ya tienes una compradora y lectora asegurada. Un abrazo.

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