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Las calabazas «en el camino»:
Bebe, Estopa, La Mala Rodríguez...
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Guillermo Ortiz López
«En el camino» se ha
convertido en un auténtico cajón de sastre. Me encanta. Entre lo que hay y lo que
va a haber antes de cerrar el chiringuito este verano es imposible encontrar un
punto en común: Nacho Vegas y Diego Cantero, Christina Rosenvinge y Los Peces,
La Cabra Mecánica y Nena Daconte... ¿Similitudes? Pocas. Eso está bien.
La sección surgió para
potenciar a nuevos talentos pero resultaba un planteamiento un poco excluyente y
sumar es mucho mejor que restar. El camino es de todos, al fin y al cabo, tanto
de los que están empezando, como de los que van por la mitad del recorrido como
de los que ya ven la meta tras la siguiente curva.
De todas las colaboraciones
que he hecho en Almiar —y esto incluye al menos veinte reportajes de cine y dos
libros de relatos completos, uno de los cuales ha sido incluso publicado en
letra impresa— ésta ha sido sin duda la más divertida.
La más trabajosa, también.
Porque todo es trabajo propio: llamadas a discográficas, a representantes...
cuando hay suerte, incluso a los artistas en primera persona..., y todo a cambio
de nada. Ni un solo euro. La mejor manera de no venderse es no ponerse en el
mercado y, así, puedo ser pelota o no, puedo tocar las narices o no, pero si lo
hago, lo hago porque quiero.
Cada entrevista tiene su
propia historia interna, pero ésa ya está descrita más o menos en los artículos.
Seguro que hay anécdotas pendientes, pero como buen escritor exhibicionista casi
todas están ya en negro sobre blanco, lo único que tienen que hacer es ir ahí a
buscar.
Para este especial quinto
aniversario de Almiar voy a dar cuenta de algunas de las entrevistas frustradas,
en un momento u otro del proceso: todos los que —me temo— deberían estar pero no
van a estar en un futuro cercano. Una bonita colección de calabazas musicales.
Las Niñas
No soy un fan de «Las Niñas», eso que conste. No me parece
que haya que ser un fan para tener curiosidad. Reconozco que supusieron un
fenómeno en su momento y quería saber cómo se vive después de ser un fenómeno.
Coincidiendo con «Savia Negra», su segundo disco, contacté con su promotora y me
dieron una fecha para la entrevista. «No les gustan mucho los medios», me
advirtieron de entrada, y estaban en lo cierto.
Como cumpliendo la profecía,
esa fecha se pospuso: concretamente, hasta una tarde de diciembre que tocaban en
la Sala Clamores. «Que no te digan que no saben nada», me dijo Laura, la chica
de prensa, en un nuevo aviso, «lo digo por si tienes problemas...». ¿Por si
tengo problemas? Empezaba a ser ridículo: había tenido que comprarme el disco,
escucharlo entero —no es fácil— y había preparado ya la entrevista: ¡eran ellas
las que estaban de promoción, yo no!
La cita era a las 7, pero a
las 7 en Clamores no había nadie. Esperé hasta las 7,30. Pregunté. Nadie sabía
nada de ellas. Ni siquiera habían hecho la prueba de sonido. A las 8 me fui a
casa —o a un bar, no lo recuerdo bien— después de que nadie me cogiera el
teléfono.
No he vuelto a saber de ellas.
Creo que es lo mejor para todos.
Estopa
La entrevista a Estopa iba a ser la primera de la
serie. Así estaban las cosas. Mi tío, Pancho Varona, fue el productor de su
disco y el encargado de la promoción era un amigo suyo, Tito Heredia. Todo
perfecto. Salir con Estopa era una buena manera de activar una sección. Las
veces que había coincidido con ellos me habían parecido muy buena gente.
Musicalmente, algo previsibles, personalmente, francamente entrevistables.
Esto fue en noviembre, pero
por entonces Telecinco y Antena 3 y galas en TVE y entrevistas y reportajes y
siempre la voz de Tito diciendo «Claro, claro, en cuanto pueda te llamo, o
llámame tú más tarde...». Así, diciembre, y las llamadas empezaron a ser
mensajes y de vez en cuando me decía mi tío: «Joder, si Tito me ha dicho que iba
a hablar contigo...».
Pero no. Ni Tito llegó a
llamar una sola vez ni los Estopa se despegaron de sus Nintendo para
atender a la revista Almiar. Ellos se lo pierden.
Vega
Soy un chico criado en plena
«era fan». Los fenómenos de masas estilo «Operación Triunfo» me fascinan. Quería
entrevistar a alguien que hubiera podido sobrevivir a ello, no para hostigarle y
condenarle sino por puro afán de saber qué le hace a uno entrar en un concurso
así y cómo se puede vivir con ello durante los días de esplendor y durante los
días de decadencia.
Vega, además, no era una
concursante más: era una compositora y una compositora más que decente. Siempre
ha mostrado hostilidad hacia las convenciones comerciales y cuando ha tenido que
meter palos a OT y similares lo ha hecho. No iba a hacer una entrevista sobre su
pasado —en la entrevista a Mai Meneses creo que sólo un párrafo de entre tres
folios se dedica a su pasado— pero sí tenía interés en saber alguna cosa, para
configurar el personaje.
Parecía que no habría
problema. En Universal estaban más que dispuestos hasta que... de repente, Jose
me avisa de que Vega ha cortado la promoción. Efectivamente, a las dos-tres
semanas de haber sacado el disco, desaparece de todas las cadenas, las radios,
las revistas... ¿Explicaciones? Ninguna. Dicen por ahí que es una chica de
carácter. De hecho, el carácter forma parte de su imagen.
Pero tanto...
Bebe, Mala
Rodríguez, Fito Cabrales
Que quede clara una cosa ante
todo: no he estado ni cerca de entrevistar a ninguno de los tres. Eso habla de
lo terriblemente opaco que puede resultar este mundo para alguien que está
empezando y que no tiene ni un solo apoyo.
Bebe me parecía que
simbolizaba la idea del «camino» mejor que nadie. Ahora, es una superestrella.
Ha vendido
más
de medio millón de copias de su primer disco, un disco que, por otro lado, es
muy bueno. Pero hace apenas cinco años estaba en el Búho Real, el mismo sitio
donde ahora tocan los Diego Cantero, Rojas, Paco Cifuentes y compañía.
Era un enlace perfecto, y me
hubiera encantado repasar con ella esos primeros conciertos, cuando nos sonreía
todo el rato desde el rincón que quedaba enfrente de la mesa de billar cubierta
del Búho. Sin embargo, no ha habido manera. Ni siquiera supe por dónde empezar.
En su discográfica ni contestaban y los contactos de mi tío no llegaban tan
lejos. Quizás por medio de Carlos Jean, pero estamos hablando de un hombre que
ha logrado el milagro de la ubicuidad y que no tiene mucho tiempo que perder.
En cualquier caso, si alguien
que la conozca llega a leer esto, que se lo haga saber.
Tengo un
trato, lo mío pá mi saco
De La Mala Rodríguez me
impresionaba la virulencia de su primer disco. Bueno, la verdad es que en este
caso sí que soy un seguidor impenitente. Me encanta La Mala y me encanta «Lujo
Ibérico» y no creo que se pueda hacer un álbum de debut mejor. Durante varias
entrevistas, siempre hacía referencia al hecho de que la primera frase de su
primera canción fuera «A mí no me saques tu genio, que te lo mato».
Eso es marcar territorio.
La Mala tiene fama de
superviviente. Es cierto, pero no es todo. Aparte de superviviente es una
letrista extraordinaria. Lo último que supe de ella, por medio de su
discográfica, fue que preparaba disco para finales de año y que acababa de tener
un hijo. Además, no daba demasiadas entrevistas, así que...
Prefirieron pasar a la
siguiente petición.
Sólo que la siguiente petición
era Fito Cabrales, el alma de «Platero y tú» que consiguió el éxito precisamente
con su banda «alternativa»: Fito y Fitipaldis. Mis vinculaciones sentimentales
con esa banda son varias y no es este el lugar para explicarlas. Cuando
entrevisté a Lichis pensé que podría decirme la manera de llegar a Fito, pero
no. «Está desaparecido», me dijo, «hace tiempo que no sé nada de él».
Recurrí a mi tío: «Es muy buen
chaval y me quiere mucho, pero no tengo ni su teléfono». En la discográfica se
limitaron a contestar: «No está de promoción».
Como si eso fuera todo. Como
si las entrevistas dependieran de las promociones. Es difícil salirse de las
lógicas de mercado, es difícil explicar —por mucho que lo haga una vez tras
otra— que no soy un periodista, que soy un escritor y que no son entrevistas
siquiera, que son reportajes.
«En el camino» puede estar
cualquiera que tenga algo que contar. Sólo tiene que convencerme. No tiene que
vender nada, no necesita tener un producto comercial entre las manos. Consiste
en hablar de música durante tres cuartos de hora, un poco más, quizás...
Eso es todo. Como ven, el
truco está en que no parezca difícil.
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GUILLERMO ORTIZ LÓPEZ es el coordinador de
la sección de cine de la Revista Almiar. Es autor de numerosos reportajes y
entrevistas en nuestra revista, así como en otras publicaciones de Internet. En
el año 2005 publicó varios de sus relatos en el libro
Vampiros, ángeles, viajeros y suicidas, y, en 2006,
Pequeños objetivos, su primer libro en solitario.
PÁGINA WEB DEL AUTOR:
http://www.guilleortiz.com/
FOTOGRAFÍA DE CABECERA: Pedro M.
Martínez

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