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Cumpleaños
Ricardo J. Pérez
Una mañana se despertó con cuarenta años. No lo supo
hasta que se miró al espejo y notó que necesitaba afeitarse.
—¿Cómo afeitarme?, si yo tengo quince años.
Y entonces miró alrededor y no supo dónde estaba.
¿Dónde estaba su madre? ¿Por qué no lo había despertado su padre para ir al
instituto? ¿Qué casa era aquella? ¿Quién aquella mujer? ¿Quién era ese tipo del
espejo?
Su mujer se despertó con los sollozos. Estaba
sentado en el retrete llorando. Luego salió de allí y recorrió la casa llamando
a su madre, a su padre.
—¿Mamá? ¿Papá?
La mujer se asustó. Se levantó y fue detrás.
—Ricardo, ¿qué te pasa?, ¿dime?, ¿qué te pasa?
El no la veía, seguía mirando, como perdido, hacia
todos lados, y llamando a sus padres.
De pronto se detuvo. En lo alto de la escalera
estaba su hija, adormilada todavía.
—¿Qué pasa, papá?
Quedó petrificado, mirándola un momento. Entre
labios repitió «¿papá?». La mujer llegó hasta él.
—Ricardo, Ricardo, ¿estás dormido?
La miró como a una extraña. Poco a poco fue
volviendo en sí. Se sentó en una silla cercana y se quedó observando su entorno
como un Lázaro resucitado. La niña bajó las escaleras:
—Feliz cumpleaños, papá.
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RICARDO JAVIER PÉREZ GARCÍA
ha publicado relatos y artículos en varios sitios de la red. Firma sus textos
con el seudónimo Riforfo Rex


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