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Francisco Madariaga, en el
recuerdo
por
Óscar
Portela
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Si
apuraran una definición mía sobre la sombra que proyecta el anti-discurso
poético de Madariaga sobre la literatura argentina, contestaría
que me recuerda el frenesí de los primeros profeta
-fundamentalmente a Juan El Bautista-
porque todo su Ethos se encuentra del lado del furor profético de
quien se siente liberado y encadenado a un mensaje y por el otro, detrás
del
advenimiento de la buena nueva de ese mismo mensaje.
Madariaga es un pagano que intenta desesperadamente entrar al "cielo",
ante
el cual se inquieta al igual que quienes nacieran antes del advenimiento
de
la encarnación del nuevo "cielo" en la tierra liberada.
Por eso para mí, "Resplandor de mis Bárbaras" es una colección de poemas
que sirven para hacer un balance de su itinerario poético del cual sólo
el
tiempo se encargará de hacer un balance y a la vez notar cómo, la onda
que
mueve a que su decir sea poético, se repliega cada vez más sobre sí,
cuanto
más lejos alcanza a pronunciarse aquello que pregna la destinación de su
palabra, liberando al mismo tiempo las fuerzas que lo atan a su
cautiverio
poético.
En la Pág. 52 exclama coherente con aquello que constituye el peculiar
ersatz de su visión de lo poético: "¿La Poesía? ¿A veces una imagen de
narración para aquello contra lo que se cometió algún tipo de pecado?"
Se
trata una vez más de una alusión a lo que el Poeta ha
llamado con
insistencia "el delito natal", título de una de sus principales obras.
Madariaga, el pagano que ardía bajo la sombra del paraje criollo,
sollozando por lo reparable en una quemazón irreparable, ha confesado
más
de una vez de qué manera fue mortalmente herido -he aquí la violación y
el
pecado de su caída, irreparable en las coyunturas del azar de la vida,
irreparable en la constitución aceptada de su mandato poético- por la
imagen
del mundo proporcionada por la reflexión poética del mundo, que le
adviene
de su contacto con las "armas modernas", que le proporciona la poesía
moderna.
Y hasta el momento sus esfuerzos titánicos han consistido en reintegrar
aquellas imágenes prenatales del mundo, a las otras -las otras aguas-
las
natales, que de algún modo lo convertirían en un hechizado y en un
paria,
en un exiliado del paraíso perdido de la condición pre-adánica.
Madariaga el cautivo, cree por lo tanto en el pecado y por consiguiente
en
la salvación. Y su poesía es el tránsito, el pasaje de la imposible
lucha de
los opuestos que tensan su discurso hasta el hermetismo de claves
límpidamente cifradas, hacia el final equilibrio de la luz, enunciada
finalmente en el advenimiento de una nueva aurora del Ser; de una nueva
epocalidad y espacialidad del habitar poético, ante la cual el poeta -el
expuesto por excelencia- no puede relegarse.
Su locución es eyaculación, emisión, expurgación, de lo que el poeta
llama
pre-actual, es decir de lo Natal, pero también de lo Pre-Natal y de una
geografía en movimiento, considerada en sus más profundos estratos
ontológicos como lugar de destinación y alumbramiento de una nueva
experiencia de lo político-universal: comarca de país, dadora de poesía,
País Natal hecho de fuego y agua. Madariaga se mueve entre arquetipos de
la
imaginación y al mismo tiempo mueve arquetipos de la palabra, del Ser:
cifras de lo Poético. Lo que tal vez el poeta ignore, en este caso, es
que
el acto de creación y elocución poética consiste en la permanente
actualización de lo inactual en su insondable poder de transmutación y
repetición de lo mismo, no de lo igual: la constante presencia de lo
Presente en su invisibilidad manifiesta.
De ahí que el titulo con el cual se abre el primer capitulo del libro al
que
aludimos, como su libro clave: "Confusos sueños Natales". Al ingresar a
la
zona del puro onirismo donde lo prenatal toma forma y se eleva a la toma
de
conciencia de un Ethos y de una Estática, los sueños se harán mas
claros:
los colores de Gauguin reemplazaran a los cárdenos de Van Gogh, de modo
de
ingresar a la superficie de la inocencia, aunque el poeta cante aún en
las
inmediaciones del mediodía que perturba la visión de la medida, en la
desmesura del sueño Natal que el poeta no logra aún controlar. Es
posible
también que por ello el ciego vea mejor ("Rey Edipo tiene un ojo de
más":
Holderlin) aquello que lo evidente oculta a la videncia del sueño
poético.
A partir de esta introducción, la lectura permite -entre Iíneas
-evidenciar
los puntos de fuga y encuentro de una poesía que intenta liberarse de
los
terrores de la suerte (otro de sus títulos importantes) por el dominio
de lo
que el poeta denomina hechizos del azar, merced al dominio de los
poderes
naturales, con la boleadora del instinto poético a través de un estado
sonambúlico certero, en la que el creador, "Peón" del Universo, controla
los
terrores y temblores de la suerte: las pulsiones de Muerte y las
percepciones de un estado de Poder y de Gracia Genesíacos. El término
ras
insinúa el rastro primigenio del azar de lo maravilloso, que es también
la
amenaza del extravío y el delito natal, a cuyos azares la misma materia
se
ve sometida en sus diversos estadios cosmológicos. Es casi como si la
Poesía
precediera el destino cosmológico de seres y de cosas: su estatuto
mismo.
Como en sus libros anteriores, Madariaga busca el camino de la
liberación a
través del exorcismo de las aguas que también han hechizado (bautizado)
al
vidente. Madariaga -ya lo hemos insinuado en otras oportunidades- es un
poeta del fuego en las aguas, modernísimo animista, y ateo que teme los
poderes diabólicos, aunque crea que Dios es el único ser que no necesita
existir para reinar.
(Junto a Ayme Cesaire, Francisco Madariaga el Argentino Correntino, es
uno
de los más poderosos poetas de la poesía moderna. Este artículo es un
homenaje a pocos años de su muerte).
FRANCISCO MADARIAGA
murió el 24 de septiembre de 2002 en el Hospital
de
Clínicas de la ciudad de Buenos Aires, siendo velado su cadáver en la
Sala Julio Cortázar de la Biblioteca Nacional.
Nació en el año 1927 y vivió hasta
los catorce años en la provincia argentina de Corrientes. Durante estos
años lee, entre otros, a Rimbaud, Poe, Darío, Heráclito, Hölderlin,
Baudelaire, Apollinaire, Quevedo, Góngora, Garcilaso, Vallejo, Whitman,
Rilke y Milosz... Surrealista declarado, Madariaga diría que encontró en
el surrealismo no una corriente de escritura sino "una dirección del
espíritu".
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OSCAR
PORTELA, nacido en la provincia de Corrientes (Argentina), es
escritor y ensayista. Ha publicado, entre otros títulos, Senderos en
el bosque; Los nuevos asilos; Memorial de Corrientes y La memoria
de Láquesis.
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