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Lo monstruoso en el arte ______________________________________________ Adolfo Vásquez Rocca |
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![]() Si queremos ser lectores de mala fe, preguntémonos heurísticamente ¿qué fueron los experimentos médicos con presos, las mutilaciones, los ensayos de metamorfosis en los campos de exterminio nazi, sino expresiones avanzadas de lo que hoy conocemos como "body-art"? O, si el exterminio masivo de reclusos en las cámaras de gas, donde muchos morían de asfixia por aplastamiento antes que se liberara el gas letal, ¿No fue acaso sólo un "happenning" equívoco y macabro, cuyo sentido sólo comprendemos plenamente después de conocer las experiencias californianas de los '60? Pero qué duda cabe, las manifestaciones dadaístas, surrealistas y situacionistas, comparadas con la “poesía” hitleriana, fueron un simple arrebato neorromántico. Una pálida denuncia del horror.
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De lo que no cabe duda es que desde que los dadaístas convirtieron el hecho
estético en espectáculo de burla violenta. Desde que Marcel Duchamp se las
ingenió paras exhibir un urinario de porcelana como una obra de arte,
desafiando con ello a la administración de la cultura y la institucionalidad
artística, los tiempos han cambiado. Y el arte se ha posicionado como una
reserva moral, un reducto de resistencia creativa frente al dolor humano.
Sin embargo la comprensión ya más extendida –reconocida– del hecho artístico
y la expansión de las categorías de lo estético a su dimensión social y
moral, como vehículos de reconocimiento, empatía y solidaridad humana, esta
todavía por llegar. |
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Se busca pues, a través de las así denominadas acciones de arte –que a
muchos pueden parecer desnaturalizadas o aberrantes– como las metamorfosis
del cuerpo propias del body-art, donde la anatomía es el campo de
experimentación y los implantes el material de la obra; donde lo que se
manifiesta no es sino la repulsa a la imposición cosmética y el dictamen de
un cuerpo “correcto" sujeto a la estandarización de los cánones de belleza,
la esbeltez y el culto a la eterna juventud. |
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Por ello no debemos engañarnos, el arte contemporáneo ha dejado de ser tan cáustico como lo fueron las vanguardias de los años ‘20. No debemos ser ingenuos pensando en una radical ruptura con la tradición sacralizadora de las Bellas Artes, subestimando cándidamente la habilidad con que el sistema de convenciones institucionales ha logrado reingresar constantemente el gesto iconoclasta al inventario calculado (razonado) de las desviaciones permitidas, neutralizando así el ademán irreverente y reeducando el exabrupto.
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Adolfo Vásquez Rocca
es Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso,
Postgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Profesor de la Universidad
Andrés Bello, UNAB.
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