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Ignacio Fernández, director de
Literaturas.com

Una de las portadas de la
Revista Literaturas

De derecha a izquierda:
Alejandro Pérez-Prat,
Benjamín Escalonilla e Ignacio Fernández.


Una de las páginas de la web
oficial de la Asociación de
Revistas Digitales de España (A.R.D.E.)
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En la Calle de la Amnistía, de Madrid, hay un restaurante que se llama La
Cruzada, en donde se reúne la tertulia de la revista Literaturas.com,
fundada hace varios años por su director, Ignacio Fernández.
Allí me espera Nacho, acodado sobre la blanca barra de
mármol, mientras ojea una revista. Hemos quedado para comer y charlar sobre
lo que se tercie que será mucho y bueno, sin duda.
Nos sentamos. Pedimos algo de picar. Leemos la carta y
hablamos de novedades, de algunos recuerdos de todos estos años de trabajo
en Internet, de la Asociación de Revistas Digitales de España…
Cuando llega el segundo plato, enciendo la grabadora:
PEDRO MARTÍNEZ: ¿Literaturas fue la
primera revista española que apareció en Internet?
IGNACIO FERNÁNDEZ: No, Espéculo y
Ariadna, son anteriores. Ariadna apareció hace diez años y
Espéculo siete; también Barcelona Review publicó su primer número
hace seis o siete años. Después apareció Babab que lleva, como
nosotros, cinco años en la red. Espacio Luke fundó su editorial hace
diez años y la revista hace también cinco. En fin, que yo sepa no hay nadie
más… luego hay muchos proyectos pero se quedan sólo en eso, ¿sabes?
P.M.: Hacer una revista es muy complicado…
I.F.: Literaturas, como te he dicho, empezó en el 2000. Yo hacía todo desde
casa, utilizando el Front Page, me mandaban los artículos los
colaboradores y poquito a poco… Empezamos con cuatro o cinco artículos, tres
secciones y columnistas amigos, estaba María Tena, estaba Miguel Baquero…
escribían cada mes una columna. Y luego fuimos pidiendo colaboraciones,
tanto a escritores conocidos, los más coleguillas, y a las editoriales
pidiéndoles libros para hacer reseñas. Lo bueno que teníamos es que el amigo
Luis García ya estaba colaborando con los medios impresos y las editoriales
le conocían. Estábamos entonces los dos solos, hasta que hace tres años
aumentó el número de visitas e hicimos más amplias las actualizaciones, que
siempre han sido mensuales, pero a veces no teníamos mucho contenido;
cogíamos cosas de aquí y allá, pedíamos prestados artículos a la gente, y a
partir de que empezamos a tener un cierto nivel pedíamos artículos
originales o que no estuvieran muy presentes en la red…
P.M.: Las revistas parecen funcionar como «nichos», hay personas que les
gusta Ariadna o Literaturas, visitan un par de publicaciones y
ya no miran nada más…
I.F.: Yo creo que buscan la visibilidad, también. Y la visibilidad la tienen
en publicaciones que comenzaron siendo marginales, entre comillas, pero que
con el tiempo han conseguido ser unos vehículos de información muy
atractivos, tanto para el que escribe como para el que lee, visibilidad que
ahora se ha incrementado con la incorporación de las revistas en la red de
las editoriales, que piensan que nuestros espacios son interesantes, no
tanto para publicitar —que ya sabes cómo va— sino para tener un sitio en
donde se pueda mostrar lo que hagan. Las revistas tenemos una gran capacidad
de reacción para sacar lo que queramos por no tener intereses publicitarios
o editoriales. Yo creo que todo esto es lo que ha dado vitalidad a
Literaturas.
P.M.: ¿No has pensado nunca en publicar creación?
I.F.: Siempre quise hacer un soporte de información y opinión. Revistas de
creación hay muchas, y las hay muy buenas, pensaba que si entrábamos en la
creación iba a haber muchos artículos repetidos. Ese no era nuestro sitio,
quería crear un medio de comunicación, un medio de comunicación de
referencia, más que una revista, en donde la gente pudiera ir a informarse
de lo que estaba pasando en la literatura y también a opinar sobre los
temas. La creación quizá llegue algún día…Hace unos cuatro meses hemos
metido los blogs literarios, que era una parte que le faltaba a la
revista, bueno, no le faltaba pues son de muy reciente aparición, fíjate
ahora llegan los audio-blogs, para montarte tu propia emisora de
radio desde casa, entonces hemos tratado de cubrir este fenómeno de los
blogs, esta información personalizada que tiene un espíritu libre y
creativo, son muy interesantes. Vuelve a ser todo como cuando nació
Internet, la Red se renueva ella sola, continuamente ofreciendo programas
que la salvan de lo de siempre. Nosotros ahora nos fijamos en los blogs
literarios que están relacionados con nuestro objetivo y la verdad es que,
bueno, ahí están, cumplimos esa labor, de alguna manera es como
reivindicamos la filosofía como revista: revista editorial independiente de
los nuevos tiempos, los nuevos tiempos van demandando continuos cambios…
P.M.: Pero, ¿qué son los nuevos tiempos…?
Nacho sonríe y calla durante un momento, sirve unas copas de vino…
I.F.: Buena pregunta… Nosotros comenzamos con el siglo XXI, justo en el año
2000. Pensé que era una buena definición para una cabecera. Un signo de
identificación en donde podríamos decir qué somos y cómo lo hacemos. Nacemos
con los nuevos tiempos, con los tiempos de la tecnología, con los tiempos de
Internet. Si hubiéramos salido en papel, los tiempos habrían sido otros…
P.M.: Pero lo de los «nuevos tiempos» tiene más lecturas, no sólo se refiere
a la tecnología y todo eso… Se puede pensar en un mundo diferente, en nuevas
actitudes creativas y sociales.
I.F.: También en las novedades que vienen con el nuevo hombre y el nuevo
siglo. Nuestro decálogo de intenciones habla también de eso… De la tradición
de la aventura española, de levantar los adoquines de la acera…
P.M.: Eso está muy bien… Ismael Serrano, que también levanta adoquines, dice
en una canción que debajo de ellos «no había arena de playa»…
I.F.: Todo nuestro histórico intelectual, cultural, todo lo que hemos estado
viviendo y sufriendo en el siglo XX lo incorporamos como una novedad de los
nuevos tiempos para representar la vanguardia, la independencia, el ser
fieles a una idea, tener la oportunidad de desarrollar contenidos sin
presión y sobre todo —y fundamental— el tema de la autogestión: tú te lo
guisas, tú te lo comes y haces lo que quieres con una herramienta sin depender
de un establishment donde hay un director de arte, un director de marketing,
alguien que compone las galeradas, otro que te lleva la imprenta…; es todo
tan fácil y tan sencillo que desde la habitación de una casa, en mi caso
desde el barrio madrileño de Carabanchel, puedes hacer una revista…
Ahora somos una empresa que sustentan cinco miembros, Luis García, Alejandro
Perez-Prat, Miguel Baquero y Benjamin Escalonilla, cada uno tenemos una
misión y trabajamos en nuestra área, nuestra redacción de digital y no
importa dónde estemos, desde ahí podemos seguir trabajando. Como ejemplo es
que Luis García es director de contenidos y vive en Oviedo. Yo mismo el año
pasado me fui a Perú por una invitación y seguíamos en contacto para crear
la revista, yo desde los cyber de Lima o Cuzco. Te imaginas…
P.M.: Esto que dices sobre hacer una revista en tu casa… Pienso en lo que
puede significar esta posibilidad para las gentes nacidas entre los años
cincuenta y setenta, en España, época de la dictadura franquista, que
frustró tantos deseos de participar en algo creativo y libre… Internet nos
da la posibilidad, como decías antes, de hacer una publicación con un
programilla informático. Por supuesto, no se trata sólo de poner imágenes «bonitas», se
trata de tener un objetivo, de saber qué quieres contar y cómo…
I.F.: Así es. Se trata de partir de un punto en donde tengas las ideas
claras y —sobre todo— del espíritu que te mueva a hacerlo. Como sabes, yo he
bautizado a nuestra generación como los «frontpajilleros» (se refiere a los
que hacían webs con el programa Front Page). Es muy curioso que se pueda
unir este onanismo tecnológico en donde la información y las colaboraciones
surgen, porque luego la revista una vez que tienes un trazado, una línea, la
gente se va acostumbrando, tiene una información coherente que le llega y se
fidelizan, te siguen continuamente…
P.M.: No voy a preguntar si todo el esfuerzo ha merecido la pena, para
nosotros está claro que sí: hacemos lo que deseamos, pero ¿tú crees que la
gente lee en Internet?
I.F.: Claro. Las propuestas culturales y literarias en el siglo XX tenían
una misión que no eran solamente divulgativas sino que reunían a una
generación o a un grupo de escritores que formaban un cáliz que les unía a
algo, en nuestro caso los libros. Las revistas de papel referenciales de
principios de siglo XX, con el tiempo, han servido a universitarios y
escritores para conocer los primeros pasos y los primeros escritos, las
primeras opiniones de escritores como Lorca o Neruda; en una revista como,
por ejemplo, Revista de Occidente, estaban sus primeros sentimientos, sus
ideas, la filosofía y la creación. Creo que el merecer la pena o no de lo
que hagamos nos lo dirá el tiempo, en el sentido de que dejaremos un poso en
donde los estudiantes o la gente que quiera saber más de lo que aconteció en
el siglo XXI, en sus primeros años, van a tener aquí una oportunidad de
asomarse y ver qué hacían los escritores que queden. Hay muchas revistas de
referencia en papel, por supuesto, pero también van a tener esa gran
biblioteca documental que es Internet, donde cuando tengan que hacer un
trabajo sobre quien sea irán a esas referencias digitales.
P.M.: Descontando esta faceta de información, importante sin duda, ¿es
posible leer en Internet un relato o un poema con ese sentimiento personal
que se vive cuando abrimos un libro? En Internet no tenemos el papel entre
las manos, no sentimos pasar las páginas, no hay esa liturgia a la que
estamos acostumbrados desde siglos…
I.F.: ¿Sabes lo que pasa, Pedro…? Que cuando pensamos en esta cuestión,
pensamos en el «primer mundo», como concepto de lo que es la lectura y el
disfrute del libro y de nuestro poder adquisitivo. Una persona en Perú, en
Ecuador, en Uruguay… no tiene esta información tan salvaje, ni la economía,
ni está en disposición de acceder a libros de papel que le interesen. La Red
es una fuerza fundamental de cohesión entre el escritor, entre el autor y el
lector, es decir hay mucha gente que entra en Internet y paga tres soles o
dos bolívares por estar conectados; hay muchos que chatean, juegan o mandan
correos pero, también, hay otros muchos que están queriendo saber qué pasa
al otro lado del océano… a ellos no les llegan los libros y la información
como a nosotros, que vamos a una gran tienda y lo encontramos todo. Así que,
—primero—, tienen el gran condicionamiento del entorno en el que viven y
—segundo— estamos creando una nueva generación de lectores. Cuando el libro
digital se actualice, sea de otra manera, veremos que nuevos lectores se
incorporan a la tecnología. Quiero decir con esto: ¿qué es un libro, el
soporte o el contenido? Si es el contenido estamos descartando que un libro
pueda ser en papel o digital. A partir del contenido habrá que ver si el
libro aguanta, que aguantará, las nuevas formas digitales. Podremos leer a
través de una pantalla o de un teléfono móvil… Además, las nuevas
generaciones se incorporan con mucha fuerza a la tecnología, es decir un
chaval que ahora está estudiando en la escuela a través de un ordenador, que
se comunica con los amigos a través de un móvil, que su mundo está rodeado
de aparatos, cuando quiera leer o escuchar música va a estar mucho más
cercano a ese «nuevo lector» del que te hablo. Es un nuevo lector
«audiovisual», «tecnológico», en fin, que va a incorporar las nuevas
técnicas a su punto de vista. Desde nuestra mentalidad de hombres del siglo
pasado, de hombres de imprenta, a veces esto nos parece una aberración,
decimos «¿pero esto, cómo es posible?», pero hay que pensar en lo que
vendrá. De hecho, hay una importante crisis editorial, como tú sabes, por la
cantidad de títulos que hay disponibles, el mundo va a tener que cambiar en
este sentido…
P.M.: Y habrá que leer más…
I.F.: Por supuesto.
Han retirado algunos platos, casi sin que nos demos cuenta. Pero ahora nos
reclama la carta de postres y hacemos un breve alto en la conversación para
leer algo más prosaico…
P.M.: Con esto que decías —prosigo al cabo—, ¿no es una contradicción que acabéis de fundar
una editorial en papel…? Y no se trata de decir, por supuesto, que o papel o
nada, o Internet o nada…
I.F.: Hemos hecho una editorial por dos consideraciones: una, porque
nosotros somos del «viejo» mundo, esta concepción la tenemos en nuestros
«genes», podemos decir, y no renunciamos a ella porque nos produce el placer
que tú decías; dos: porque todavía no hay un soporte o una tecnología bien
desarrollada para que estos libros puedan leerse o descargarse e, incluso,
la posibilidad de imprimirlos a bajo coste. Sí, efectivamente, nosotros
damos un «paso atrás» y nos reivindicamos como editorial en papel, pero es
que en la aventura de Literaturas.com queríamos tener una editorial, que no
pudimos hacer porque había problemas, tanto de editores como de
distribución, había muchas cosas que me lo impedían y era mi objetivo
principal, entonces nos volcamos en Internet y cuando ya hemos consolidado
este soporte nos hemos lanzado al otro, aunque, como tú sabes, no somos una
editorial convencional pues trabajamos «bajo demanda», hacemos pocos
ejemplares y cuando nos quedan pocos, reimprimimos. Ponemos en nuestros
libros el número de ejemplares que hemos tirado y además con otro handicap
—que para nosotros es un beneficio— como es que sólo vendemos los libros a
través de Literaturas.com. ¿Qué quiere decir esto?, que perdemos visibilidad
a nivel de librerías pero, a cambio, conseguimos tener un producto
exclusivo, una fidelización con nuestros contenidos, es decir que la gente
sabe que lo que publicamos tiene un sello de garantía y además con el plus
de que es exclusivo, porque no se encuentra en otro sitio. Esto tiene muchos
pros y contras —como todo— pero básicamente nos da una originalidad cuando
alguien dice: «Mira, voy a comprar un libro de estos tíos que a lo mejor no
vuelven a editar, pero me voy a fiar de ellos porque sé que el trabajo que
están haciendo en la Red merece la pena...». Todo lo contrario de lo que son
las editoriales, donde todo el mundo busca un «Código Da Vinci» como un
pelotazo…
P.M.: No hablamos pues de un negocio…
I.F.: Estamos hablando de una avanzadilla, hablamos de mirar hacia el futuro
en donde la visión empresarial de las editoriales cambiará cuando esto sea
una realidad. El negocio editorial va a cambiar de arriba abajo…
P.M.: ¿Internet será más barato, más accesible, en el futuro?
I.F.: Si es más barato, tendrá también más basura. Por supuesto, se
democratizará más la red, eso sin duda, pero también habrá más gente que
entrará a difundir bulos, rumores y falsedades. Sin embargo, el lector de
Internet es listo, se queda luego con las fuentes fiables…
P.M.: El último dato de Google —corrígeme si me equivoco— habla de mil
millones de páginas en la red. Hasta Borges se asombraría, ¿verdad?
I.F.: Nuestro cerebro no alcanza a comprender una cifra así. Pero, ¿sabes lo
bueno que ha traído Internet…?, que ha abierto al ser humano la posibilidad
del conocimiento, que era inabarcable en los libros, porque se necesitaba
dinero para comprar las enciclopedias, y encima el espacio que ocupaban…
Ahora tenemos la posibilidad de tener el conocimiento sobre cualquier cosa,
en tiempo real, donde tú seleccionas, además, la información que te
interesa. Antes no, antes era unívoca, Espasa Calpe o Planeta Agostini
o la
Enciclopedia Británica que era la que más prestigio tenía; ahora, en cambio,
no. Tienes más posibilidades, más opciones de comprobar la información que
en las enciclopedias se queda rápidamente obsoleta: los países cambian, los
regímenes pasan… Wikipedia, hablando de este tema, es la gran revolución de
las enciclopedias en Internet, mucho más que Google, es un lugar que no hace
falta ni tener el enlace permanentemente puesto, tú vas a Google y pones
«que es…» y lo que sea a continuación, y lo primero que te sale es Wikipedia,
un sitio que está creciendo constantemente con miles de aportaciones.
P.M.: Wikipedia es gratuita… ¿Se puede tener una revista como la tuya que
cobre por leerla…?
I.F.: Es difícil. La gente se iría a otra revista, porque hay muy buenos
medios de comunicación…
P.M.: Llévalo más lejos todavía… ¿y si todas cobraran?, ¿se podría mantener
esto?
I.F.: Yo creo que no. Porque si todas cobraran, ¿cómo te auto alimentarías
tú? Es decir, si en vez de tener dos mil quinientas visitas al día tuvieras
veinte y diez fueran de pago, ¿iban a compensar éstas de pago para las
veinte en total que tienes?
P.M.: Partes de la base de que las visitas bajarían sustancialmente…
I.F.: Rotundamente, como pasó en El País. Bajó porque en el caso de la
información generalista —y hay periódicos que tienen una parte de
información de pago, como es el caso del New York Times que cobra por su
sección de economía porque hay en esta sección una información de prestigio
que tiene un valor destacado, incluso confidencial— da igual en dónde
informarse. Las cosas que se pagan son las que tienen un valor tangible y en
el caso de la economía lo tiene. Pero tampoco Internet está hecho para la
gente que tiene mucho dinero, los chavales no tienen poder adquisitivo para
pagarse una suscripción, van a los sitios gratuitos y si tú no lo das, otro
lo hará.
P.M.: Y las siguientes generaciones van a hacer lo mismo.
I.F.: Claro, porque Internet está concebido con un concepto de gratuidad. Y
el consumidor no tiene en la Red derecho a réplica ni a queja. Tú compras un
periódico y puedes mandar una carta al director, compras una camisa y si
está mal la devuelves… Es decir, al comprar adquieres también unos derechos
como consumidor. En el momento que al consumidor, en este caso el lector, se
lo estás dando él se siente más limitado a la hora de presentar una
reclamación respecto a eso, pueden hacer sugerencias que, por cierto, son
muy necesarias. Fíjate, nosotros teníamos un defensor del lector al que
nadie hacía caso, al que nadie escribía. Nosotros queríamos hacerlo bien,
pero las cosas que no funcionan no se pueden mantener y lo quitamos; a lo
mejor llega dentro de veinte años un defensor del lector, como ha sido en el
caso de la prensa escrita, pero en estos momentos la gente no demanda ese
tipo de cosas. Yo tengo la teoría de que Internet va a tener dos calles: la
«A» y la »B». La «A» que va a ser como la calle Preciados, de Madrid —donde
los establecimientos que están es porque han pagado—, en donde estarán las
web que vendan productos y la «B» que será el Internet libre, la calle en
donde habrá gente que navegue en otro sentido más «contracultural», que no
quiera entrar en el sistema de la calle «A». Creo que en el futuro habrá
estos dos carriles, donde vas a saber que vas entrar en un sitio que va a
ser un servidor seguro vayas por donde vayas, y vas a encontrar productos;
en la calle «B» estará el resto, la gente que no tiene ánimo de lucro, las
ONG, etc...
P.M.: ¿Es posible que surja una generación de escritores que no quiera
publicar en papel? Pienso en la posibilidad de que haya autores que digan:
«En Internet sé que me van a leer equis personas», en la red se puede medir
con mucha fiabilidad esto…; estos autores, además, tendrían el valor añadido
de que, con toda seguridad, recibirían comentarios de los lectores dado que
enviar los mismos es cómodo y rápido a través del ordenador.
I.F.: Ese fenómeno ya pasa en la música. Muchos músicos no han podido editar
en compañías convencionales, pero han tenido un éxito apabullante en la Red
y luego han producido su propio disco. Quizá se vaya más a ese modelo de
comunicación entre el lector y el autor, que puede ser muy interesante.
Dentro de poco se va a presentar un estudio sobre la relación que tienen las
editoriales con sus lectores. Conozco el estudio y a su autor y habla de
eso: no hay comunicación entre los lectores y las editoriales. Un lector
compra un libro y luego es un actor pasivo: se lo traga, se lo lee o lo
deja; le gusta o no… Las editoriales sólo son actualidad cuando un libro
marcha en función de las ventas, no en función del criterio que los lectores
puedan tener. Nosotros, desde hace ya tiempo, antes de que apareciera este
estudio, insertamos en la última página de nuestros libros un cuestionario
que se puede rellenar y enviar bien a través de papel o por email para que
el lector pueda darnos sus opiniones.
P.M.: Cambiando de tercio, Nacho, ¿tú eres el que inventaste en España los
hiperbreves?
I.F.: La fórmula, el nombre, porque los hiperbreves estaban inventados desde
hacía ya mucho tiempo. Queríamos hacer junto con Luis Landero el Círculo
Cultural Faroni y después, una noche, se nos ocurrió hacer también un
concurso de relatos, nos decidimos por narraciones que no tuvieran más de
quince líneas, algo más que un soneto, y pensamos en el nombre de
hiperbreves.
P.M.: O sea, que algo hay de verdad en lo dicho…
I.F.: Bueno, algo hay, de hecho Zabala en su estudio sobre la micro ficción
que es como correctamente se llama, aunque también se llaman fractales,
micro relatos, en fin, hay hasta más de cien entradas, recoge que la
terminología de hiperbreve la implanta en España el Círculo Cultural Faroni
que lleva trece años convocando un certamen para este tipo de narrativa.
P.M.: Círculo del que tú eres presidente…
I.F.: Y Luis Landero ujier-presidente. También hay cinco vocales…
Seguimos hablando alrededor de los hiperbreves, y de los premios literarios,
y de que quizá se escribe más que se lee… Suena un móvil y nos damos cuenta
de cuánto tiempo llevamos hablando. Le pedimos a alguien que nos haga las
obligadas fotos del momento. El tiempo ha sido benigno para con nosotros,
pero ahora tenemos que dar por concluida la charla. Cuando salimos del
restaurante, la calle de la Amnistía está silenciosa aunque hoy es viernes y
es día —o mejor noche– de buscar la aventura.
Sin duda se vivirán nuevos tiempos…
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