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El ocultamiento de un siempre
Adolfo M. Vaccaro
La adehala apesta privilegios y la sequedad del submarino plástico victima el
libre arresto sobre la pampa de frutos despojados, solventando el bolsillo del
siniestro. El cadáver no yace sepultado bajo ríos, mares o fosas comunes de
sugeridas esvásticas. Ha cambiado su rumbo por la cristiandad del dinero
expuesto en catedrales sin arrepentimientos. La andanada carece de mira, dado
que el bisoño sólo comprende que él se desprende del resto, abandonando persona
y legajo en el hábitat del cenutrio acuerdo. Cerneando lenguas fenece criterio y
discurso sobre el bravío manto de la traición temporal. La muerte es encuesta
sobre escritorios que anidan convenios espurios solventando entramados poderes,
delegando miseria y abandono al desamparo, en el coevo de la infamia
sustentable. La cognación vislumbra reafirmar coutología y propósito desbrozando
el sentido del escaño favorable, mientras el dilacerar devana tiempos sin
eclecticismos donde la entelequia es patrimonio de una mancebía estructural de
ideologías perimidas, trocando espacios que permitan seguir siendo parte de la
fructífera mordida.
El occiso hoy no tiene marcas en su cuerpo de torturas
inhumanas. La cruz sobre sus hombros es colocada sobre el epitafio de otro
olvido. El niño se sumerge en sueños adictivos proliferando vastas ganancias a
su verdugo disfrazado de dotes humanísticas en el guiñol del escenario
democrático. La madre hoy no es violada, asesinada y despojada de su siembra, ni
parte de un sepulcro ignorado y compartido. Ya no es necesario que así suceda.
El hambre, el desprecio, la pobreza y la misantropía padecida, resuelven por sí
mismos el devenir de múltiples nafras en cruenta agonía. Y entre lenidades
jurídicas se debate la maternidad del suplicio mientras una ilusión fenece cada
día en el seno de un calvario sin esperanza ni derecho a la vida.
Quince mil millones de pesos del presupuesto Nacional
formarán parte de maniobras para que el ejecutivo reasigne a los premiados
discrecionalmente. Casi nada caerá sobre los desprotegidos, dado que la pobreza
puede inclinar las futuras elecciones con pocos recursos, pues se trata de una
factoría que ha venido realizándose como política de Estado —en las últimas
administraciones— arrastrando a una gran porción de la clase media a situaciones
insoportables, además de las prebendas asignadas a la ciudadanía de escasos
recursos o desocupada. Las perentorias circunstancias han determinado una
hegemonía que raya en lo dictatorial. Es la repetición de una historia que
parece no cesar en Argentina por efectos apátridas a ultranza.
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La
Bolsa, un cuento argentino y
Blanco Encalada y
Ciudad de La Paz.

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