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LA
MUJER Y SU LUCHA DIARIA EN CONTRA DE
LA DISCRIMINACIÓN
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Eugenia Aguilera Vega
Se dice que los roles
fundamentales de la mujer es estar en la casa y criar a los hijos, pero ¿por qué
se estigmatiza el género femenino con esto, qué acaso la mujer no es libre de
realizar lo que estime conveniente de la misma manera que el hombre?
Cada día el género femenino es pasado a llevar por el sexo opuesto,
discriminación racial, étnica y, por qué no, de género. Siempre ha sido así,
porque fuimos criados en una sociedad machista que vive y obliga a vivir a la
gente bajo la soberanía
del
Hombre, pero ¿dónde queda la Mujer? Para qué hablar en materia de política, los
hombres se espantan el sólo pensar en que la Mujer tomara el poder o que ellos
sean regidos bajo el poder femenino, no, imposible, su orgullo masculino se los
impide, obvio, desde pequeños se nos enseña que el hombre manda en la casa y
nada va en contra de eso. Cómo dice Alva Rosa, una mujer Tukano que vive en
Brasil: «…No sé por qué, nuestra cultura es tan machista, el hombre tiene que
ser…» (Davinson y Calderón, 2004: 33). El padre se sienta de cabecera de
mesa, cuando se sirve su plato es el más grande y él tiene derecho a hablar de
lo que se le venga en gana, pero la mujer… ¿Dónde está la mujer que no se deja
sentir?, ¿qué piensa y siente?, ¿qué opina en el ámbito político?, eso ¿a nadie
le importa?, pues sí a muchos les importa.
La mujer está consciente de todo esto e intenta crecer, estudiar e informarse
sobre diversos aspectos de la realidad social en la cual viven. El rol femenino
no es sólo el quehacer del hogar sino también es importante destacar los
importantes esfuerzos que realiza para esta sociedad y en lo relativo a la
política local, lo cuál muchas veces les traen problemas con sus familias, con
sus vecinos y con la gente que las persigue a toda hora. La mujer indígena tiene
un doble esfuerzo que realizar, aparte de ser discriminada por su condición de
mujer, también es discriminada por pertenecer a una
etnia.
Pero,
aún así, se toma conciencia de
su accionar y cada vez se escucha más la opinión femenina.
Cuando una mujer indígena es, además, líder política su vida se ve muchas veces
presionada. Un caso de
esto es el relato de Luciene Kambiwá, quien vive en
Brasil, es profesora en la aldea de Kambiwá y ha sido líder política la mayor
parte de su vida. Ella dice: «…La dificultad es ser líder política, porque
por ejemplo hasta hace un año atrás, dos años atrás, fui muy criticada por mi
propia comunidad, por líderes que hoy están al frente de mi pueblo. Dicen que la
política atrapa mucho, que las personas políticamente dentro de un área no
subsisten, que la política era una cuestión que destruía al pueblo…»
(Calderón y Davinson; 2004: 27). Claro ejemplo de una persecución, de una
discriminación de género al cual nos vemos sometidas muchas veces y sobre todo
las líderes políticas.
La gente dice frecuentemente que los políticos son corruptos (por culpa de
algunos pagan todos) y esta es otra barrera para las mujeres que ejercen la
política. Incluso se tiene miedo de estar a la cabeza de algo porque «…los
políticos son así, son corruptos, que tal son estos entonces era todo malo,
hasta servirse un plato de comida era malo, estos se sirven con la plata del
estado, decían, estos son rateros, decían…». Es lo que relata una líder
política llamada Marina Patón, mujer
Aymara que vive en Bolivia.
«Las mujeres indígenas al ocupar un cargo político esperan ser
reconocidas en igualdad de condiciones que los hombres, contribuyendo con ello a
materializar el efectivo servicio de la democracia local»
(Davinson y Calderón; 2004: 9), y ¿por qué no se van a sentir de esta
manera? Sí están en todo su derecho de creerlo posible o de querer que esto
suceda. Basta de represión por parte de los hombres, basta de discriminación,
somos iguales en
principios y en condiciones, las mujeres valemos tanto igual como los hombres.
Existen muchas organizaciones políticas dentro de diversos partidos políticos
fundadas por mujeres y éstas son un progreso para la localidad porque son
positivas para crear igualdad: «…Son buenas porque la gente tiene más como
defenderse, más mujeres juntas, siempre la opinión de una, de dos o de tres es
mejor que de una…» (Davinson y Calderón; 2004: 28). Siempre se ha dicho que
dos cabezas piensan más y mejor que una y que dos corazones sienten mejor que
uno solo, pues en las organizaciones políticas esto es pan de cada día, desde el
momento en que las mujeres quieren dar una simple opinión hasta el segundo en
que son votantes para las elecciones locales de su propio pueblo. Cada uno de
estos sucesos son igual de importantes porque de uno se deriva el otro y, por
ende, se logra poder para hacer valer el sufragio femenino.
Se sabe que, tanto el hombre como la mujer, sube escalones sin importarle a
quién hace daño para llegar más alto (esto no es una generalización, depende
sólo de la persona) y, prácticamente, de esta manera se conoce la política como
una corrupción de la cuál nadie escapa, se tiene un poco de dinero en las manos
y se invierte mal o se utiliza para propósitos personales de los políticos, es
ésta otra pared que deben derribar las mujeres indígenas, convencer a la gente
que no todos los políticos son corruptos y que más bien ellas pretenden ayudar a
su pueblo de la pobreza y generar mejores y modernas condiciones de vida porque
ellas también sufrieron y sufren por ser indígenas, por ser mujeres y por ser
pobres.
El problema más grande es que uno no puede quedarse atrás ni de la política ni
de la tecnología, pues van de la mano y son necesarias para la subsistencia de
un pueblo. Esto lo saben muy bien las mujeres políticas y se intentan meter cada
vez más en el fondo del meollo para entender, comprender y explicar a su pueblo
lo que aprenden: «…Veo que todo depende de la política, no sirve quedarse
sólo, no sirve estar siempre reivindicado, porque todo depende de la política.
Para mí la política es fundamental, por eso es que sigo en la política,
principalmente por causa de eso…» (Calderón y Davinson; 2004: 36). No
se puede escapar de aquello pues es algo que se esta viviendo en la actualidad y
que incluye a todos queramos o no ser parte de esto. Es difícil decirle a la
gente, sobre todo a la de mayor edad, que si una mujer se incorpora a la vida
política es para intentar
mejorar la situación actual de su pueblo, no les
creen, les dicen que ellas deberían quedarse en su casa, cuidando a sus hijos,
preocupándose de su marido y no andar callejeando o metida en medio de los
hombres. Muchas mujeres tienen problemas en sus hogares por estas mismas
razones, sus esposos las celan o las maltratan porque creen que estar rodeadas
de hombres es para coquetearles, en fin, comienzan a sufrir desde su propia
casa, pero también existen otras que su pilar fundamental ha sido su familia y
sobre todo su esposo y sus hijos, quienes las apoyan incondicionalmente para que
sigan su labor diaria cueste lo que cueste. Aún a costa de perdidas materiales,
porque muchas veces su labor no es recompensada económicamente aunque en la
mayoría de los casos sí lo es ya que deben solventar los gastos hogareños y
ayudar a su familia que, muchas veces, viven en situación de pobreza.
A
causa de la discriminación se han destruido hogares y no se han cumplido las
metas que se pretenden llegar a ver en un futuro próximo en ciertas comunidades
o en ciertos pueblos. La gente juzga sin saber de la materia, sin interiorizar
en política y en labores relativas al oficio. «…Esto, pero ahora ya no, la
ignorancia les hacía hablar…» (Calderón y Davinson; 2004: 44). Han cambiado
los tiempos y la gente, que ve con sus propios ojos lo que hacen las mujeres
líderes políticas, las apoyan y les brindan ánimo y fuerzas para que continúen
ayudando a su gente. Como es lógico, muchas veces es imposible ayudar a todos
los indígenas residentes en un lugar determinado, pero se intenta al menos
contribuir para sacarlos de la pobreza en la que se encuentran. «…Ahora la
gente hablando se entiende, más que todo quieren participar, sabemos que somos
iguales hombres y mujeres y todos tenemos que participar, las mujeres deben
participar en la política, yo les aconsejo, aprendemos más y más, y no hablamos
por demás» (Davinson y Calderón; 2004: 44). Esto es muy cierto, somos
iguales hombres y mujeres y tenemos los mismos derechos y deberes como personas
y como ciudadanos de una localidad cualquiera sea ésta. Tenemos las mismas
oportunidades sólo que en condiciones diferentes, con esto me refiero a que
somos nosotras las que parimos a los hijos y las que deberíamos estar en la
primera infancia con ellos, pero también el hombre tiene la obligación de cuidar
a sus hijos porque también son de ellos. Ellos nos tienen que dar el apoyo que
necesitamos para continuar en nuestra lucha diaria en contra de la
discriminación en que vivimos, en contra de la represión que muchas veces se nos
impone como coacción desde nuestra propia sociedad y que se nos hace difícil
luchar contra ella.
Para concluir espero que la gente se plantee el hecho de que somos iguales,
tenemos muchas veces las mismas necesidades y por qué no los mismos ideales de
personas, los cuales queremos hacer crecer y mejorar la sociedad, la comunidad o
el pueblo al cuál pertenecemos. Más espacios y más comprensión por parte del
género masculino para con las mujeres, más comunicación entre ambos géneros,
pues es precisamente esto lo que nos hace seres socialmente adaptables, seres
comprensivos y altamente pensantes. ¿Es mucho pedir? Me niego a pensar que la
lucha diaria de las mujeres líderes políticas morirá allí, me niego a creer que
todos no queremos cambiar las condiciones de vida en que estamos o que
simplemente no pensamos alguna vez en progresar y seguir luchando por nuestra
convicciones.
NOTA: Este ensayo fue
desarrollado en el marco de la asignatura Instituciones Sociales, de la Carrera
de Servicio Social de la Universidad de La Frontera, Temuco, y los insumos son
parte del análisis del libro, Mujeres indígenas en América Latina y
política local, de Guillermo Davinson y Edith Calderón, (2004) Chile.
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EUGENIA AGUILERA VEGA
es Alumna de la Carrera de Trabajo Social,
Universidad de La Frontera, Temuco (Chile)

FOTOGRAFÍAS: Pedro M. Martínez
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