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Algo más que palabras
por Víctor Corcoba Herrero
Los moralismos en los
almuerzos de empresa
Una nueva epidemia de moralismos toma posiciones
en estas fechas, sobre todo en los almuerzos de empresa, donde alrededor de los
brindis se alzan voces por la paz, la justicia, el amor, la amistad, la
conservación del mundo y la mejora del trabajo. Un abecedario que sale de los
labios pero que muy pocas veces pasa por el corazón. Es una forma de quedar bien
ante los demás, un automatismo que nada tiene que ver con nuestra vida
cotidiana. Para empezar, hoy la persona cuenta bien poco ante los grandes
objetivos mercantilistas y vale mucho menos si no es poder o no produce. Atrás
quedó aquel dicho de que un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra,
pero que se regala; o aquel verdadero amigo que, a pesar de saber cómo eres, te
quiere.
Estos moralistas de mantel y buen vino, que
derrochan una cínica simpatía, suelen ser unos auténticos bocazas. Sin estilo
alguno, casi siempre con una cara dura impresionante, se ponen a sembrar
moralidades sin saber qué significan las semillas. Claro, nada regeneran, lo
confunden todo. Son sembradores que luego cosechan indiferencias. Cuando a
diario se cultiva el desorden de la conciencia moral no hay experimentos que
valgan. En un ambiente basado en las apariencias, todo es vacío y pasajero; y lo
que pudiera ser bueno, reunirse en torno a la mesa, deja de tener sentido para
convertirse en muñecos de engorde. El concepto de discriminación se amplía cada
vez más. Los jefes almuerzan con los jefes y los vasallos con los vasallos, en
mesas distintas o distantes. Me niego a estos pomposos almuerzos de empresa por
Navidad, yo los prefiero en enero o en otra época del año, cuando escasean las
viandas en los días finales de mes.
Es evidente que este canon de la cultura
consumista, que no tiene para nada en cuenta a la familia, y estas fechas de
Navidad lo son en su gloria, implica confusión y nos conduce a un mundo de
contradicciones que no deja espacio para la libertad. Lo que más necesitamos en
este momento de efervescente color, es más calor humano. Requerimos personas que
tengan la mirada fija en los brindis que salen del alma para construir otra
humanidad, donde dejemos de ser nuestros peores enemigos. Nada puede destruir al
mundo, excepto los habitantes del mundo mismo. El hombre sabe hacer muchas
cosas, cada vez más, pero si no pone en su medida una norma moral, más pronto o
más tarde llega la destrucción. El iceberg ya apunta. El ser humano sabe clonar
seres y se pone manos a la obra como si fuese un dios; sabe usarlos como
almacén de órganos y descontroladamente llena el territorio de almacenes… Al
final, por no poner límites, llegaremos a los límites del abismo.
El respeto y el cuidado de la vida humana, aparte
de que sea un imperativo moral universal garantizado por toda sociedad civil y
por sus leyes, requiere menos brindis al sol y más compromisos efectivos.
Todavía la sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen
más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida. Podemos
observar en la república de los perros —como expresó el político y escritor
irlandés Jonathan Swift— que todo el Estado disfruta de la paz más absoluta
después de una comida abundante, y que surgen entre ellos contiendas civiles tan
pronto como un hueso grande viene a caer en poder de algún perro principal, el
cual lo reparte con unos pocos, estableciendo una oligarquía, o lo conserva para
sí, estableciendo una tiranía.
Así, pues, menos vivas alrededor de una mesa bien
surtida y menos glorias por los progresos, porque aún tenemos que avanzar en
humanismo para dejar el perro que llevamos dentro. Se me ocurre, que sería
saludable empezar invitando a esos banquetes de postín y lentejuelas a algún
pobre. Algo es mejor que nada, los almuerzos solidarios me apetecen más. A éstos
sí me apunto. Suelen atraerme, y no me repelen tanto, porque me traen el
espíritu de la Navidad, que no es otro que dar cobijo al que pide posada o mesa
al que todavía no tiene mantel ni pan.
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Víctor
Corcoba es un escritor que vive en Granada; licenciado en
Derecho y Diplomado en Profesorado de E.G.B, tiene varios libros publicados. 
IMAGEN EN ARTÍCULO:
Garnelen im Verkauf fcm, By Frank C. Müller (Own work) [Public domain], via
Wikimedia Commons

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