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Me escribe una amiga del verso, vía mensaje
telefónico, que ha decidido anular, por prescripción facultativa del
espíritu, el recital de poesía que un grupo de entusiastas parnasianos le
habíamos preparado en un pueblo del Sur. Nos dice que ha preferido perder
el autobús y sumarse a la voz de las prostitutas que se han manifestado en
las calles del centro de Madrid contra la campaña de hostigamiento a los
clientes que está desarrollando el Ayuntamiento de la capital, al que
acusan de empeorar sus condiciones de trabajo. Al principio pensamos que
sería una broma. Más tarde nos entró la duda y la desesperación y el
enfado. La llamamos para ponerla verde y nos puso en línea. O sea, en el
camino que le había hecho recapacitar, dejarnos plantados y sin musa. Al
estilo de las poetas en guardia, especie casi extinguida, ha preferido
unirse en voz (con verso en pecho) a favor de aquellas personas que
quieran ejercer libremente un trabajo. Cualquiera le llevaba la contraria,
a pesar de que mezclaba libertades con esclavitud, servicios con
servidumbres, muñecas con muñecos.
Yo también estoy en la línea de escuchar la voz de las
prostitutas, pero sin extremismo que diría la corte que asesora a nuestro
presidente Zapatero, por aquello de estar en la misma onda y que dejen de
llamarnos antiguos. Ja, ja, ja…por no decir jo, jo, jo… Ciertamente, estoy
en la dirección de oír, pero también en la de ver. Y advierto, distingo,
noto, percibo, vislumbro un
negocio que nada me gusta. La explotación
sexual, la prostitución y el tráfico de seres humanos, aparte de ser un
acto de violencia contra las mujeres y, en cuanto tales, constituyen una
ofensa a la dignidad
de la mujer y son una grave violación de los derechos humanos
fundamentales, mueve mucho dinero. Las estadísticas nos recuerdan, además,
que el número de mujeres de la calle aumenta cada día notablemente en esta
patria de nuestros dolores (la desigualdad está a la orden del día) que ya
no sabemos si es una nación de naciones o unas naciones sin nación. Lo que
no se dice son los motivos que lleva al ser humano a prostituirse. Es
evidente que la explotación sexual de las mujeres, muchas de ellas niñas,
es una consecuencia de un sistema de vida injusto. No tiene justificación
esta esclavitud.
Igual que mi amiga poeta, yo también quiero ser la voz
de las prostitutas, pero de verdad. Sin hipocresías. Sin marchas inútiles.
Sin políticas. Con poéticas de igualdad, libertad de vida, y justicia de
alma. Es preciso actuar. Claro que sí. Pero antes, pongamos los puntos
sobre las métricas, analicemos fondos y formas como si fuesen labios de
verso los que mueven las sílabas. ¿Quiénes son las víctimas y quiénes son
los clientes? La víctima suele ser una persona, muchas veces cansada de
pedir ayuda en las distintas administraciones, que no ha tenido más
remedio que vender su cuerpo para poder vivir. Sólo hay que mirarle a los
ojos del corazón y leer el dolor que escribe su mirada. Nos hablan de que
son personas destrozadas, psicológicamente y espiritualmente muertas. Tras
de sí tienen una historia tremenda, una hoja de ruta salpicada por la
violencia, el abuso hasta el extremo, poca autoestima y mucho miedo en las
venas,
falta de oportunidades y un montón de zancadillas que esta sociedad le ha
impedido saltar. Ahora digamos quiénes son los clientes, sin tapujos. La
mayoría busca en las prostitutas llevar a cabo una experiencia de total
dominio sobre la mujer ¿Dónde está la condena social para este tipo de
actuaciones? Comprar sexo a una prostituta no es la solución para el
desahogo, para llenar la soledad en la que estamos inmersos, tampoco para
huir de la frustración en la que vivimos y mucho menos para suplir una
carencia de auténticas relaciones.
Algunas prostitutas de Madrid, tal vez como las de
otras ciudades, denuncian que se les humilla, diciendo que siempre están
manipuladas por otras personas y que no saben lo que quieren; que no se
les respeta su decisión de ejercer la prostitución; que no se les ofrece
ninguna vía de regularizar la situación y que se les trata de forma
inhumana. Es verdad que cada uno tiene derecho a buscarse la vida como
puede, pero ya veríamos cuántas personas ejercerían la prostitución si
tuviesen otra forma de ganarse el sustento. En una cosa les doy la razón
de pleno, en exigir reuniones con responsables de la administración. Y
saben, por qué. La respuesta es bien patente. La explotación sexual de las
mujeres y de los menores es un problema que concierne a toda la sociedad,
no únicamente a ellas. Es preciso considerar esa pujante clientela como un
elemento del sistema de consumo subyacente en un comercio que nos envicia
y esclaviza. La sociedad, todos nosotros, tenemos la responsabilidad de
tenderles una mano a las personas que por lo menos quieren abandonar la
calle.
La educación y la creciente toma de conciencia pienso
que es vital para luchar contra la injusticia sexual y para establecer la
igualdad de los sexos, en un contexto de reciprocidad y de justas
diferencias. Unos y otros, hembras y varones, necesitamos adquirir
conciencia de lo que significa la explotación. No estaría demás que los
periódicos incluyeran en sus crecientes páginas de anuncios/contactos,
listín de teléfonos y lugares de servicios a las víctimas de la
prostitución: refugios, puntos de referencia, atención sanitaria,
teléfonos rojos, asistencia jurídica, ventanillas de la administración,
capacitación profesional, instrucción, rehabilitación, campañas de apoyo e
información, protección contra las amenazas… Ah, se me olvidaba dejar
constancia de la original invitación que nuestra amiga poeta nos ha hecho
después de asistir a la manifestación. Aquella diosa del asfalto que nos
dejó sin palabras en una noche de versos, que tomó la calle de los
mandriles con la pancarta del poema, ahora nos cita (y encinta) a la
capital del reino, a recitar poesía bajo la sugestiva luz del título: Amor
antes que sexo. La frase bien merece un encuentro y un abrazo. No le
fallaremos, ni tampoco nos fallaremos a nosotros mismos, porque la
liberación de las mujeres de la calle es un acto de verdadera poesía, una
expresión de auténtico verso de vida.
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Víctor
Corcoba es un escritor que vive en Granada; licenciado en
Derecho y Diplomado en Profesorado de E.G.B, tiene varios libros publicados.

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