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Otra vez han vuelto los mismos
de siempre. No sé si serán ellos, pero se parecen mucho. Todos con sus ojos
achinados y sus cámaras colgadas del cuello. Soy la primera en verlos
entrar. Tras la apertura de puertas, parecen ansiosos de verme y
fotografiarse conmigo. Jamás me han pedido permiso, soy tan inexpresiva, que
no saben si estoy cansada o triste o ambas cosas a la vez. No sé que día es
hoy. Sólo que estamos en agosto y en estos momentos se celebran las fiestas
de mi patria chica. L´Albà, La Roà...aquí no hay Prova de l´Àngel. En este
museo, el único ángel es el vigilante que me custodia.
Hace muchos años que no huelo la
pólvora ni veo las palmeras y las voces del Misteri las recreo en mi
memoria. Me enteré de los dos patrimonios y lo celebré aquí, encerrada en mi
urna de cristal. Nadie se percató, pero una lágrima cruzó mi mejilla
derecha. Hubiera querido estar allí. Aún recuerdo el revuelo que se formó
cuando el “chiquet” me golpeó en la cabeza con la azada de su padre. ¡Ah,
cuántos recuerdos para esta vieja Dama!
-Estamos ante la denominada Dama
de Elche, busto ibérico
del siglo IV a.d.c. de valor incalculable...-indicaba una señorita de
uniforme.
Ya está aquí María, la guía que
tras acabar el trabajo, se me acerca para contarme algunos secretillos de su
vida. Así se desahoga y regresa a casa ya relajada. A mi no me importa,
porque soy de piedra. Recordando acontecimientos, me viene a la memoria el
día que me llevaron a aquel museo francés llamado Louvre. No estuve a gusto
en París. No entendía el idioma y encima tenía que competir con aquella
Dama, que según decían ocultaba algo tras su enigmática sonrisa.
La Gioconda,
creo que se llamaba.
Un día me tuvieron que sacar del
Louvre aprisa y corriendo. Por lo poco que logré saber, un señor pequeño con
bigote, mal genio e ideas ansiaba todo lo que existía en ese museo. Viajé de
nuevo. Todavía recuerdo los sótanos de aquel castillo en el que estuve
cautiva. ¡Cuánta humedad! ¡Y qué oscuro estaba!
Pasaron algunos años hasta que
otro señor con bigote también bajito, me recuperó para el Estado Español.
Pensé que regresaría a ver mis adoradas palmeras, a beber mi nugolet...
¡Ilusa de mí! Me trajeron a otro museo de esta misma ciudad-El Prado, creo
que se denominaba-. ¡Otra vez lejos de mi patria chica! Tiempo después me
trasladaron a este museo donde ahora resido presa, igualmente lejos de mi
añorada Alcudia, de mi querida Elche. Tan distante de mi admirado río
Vinalopó....y desde entonces no he vuelto a salir por largas temporadas. Tan
sólo en 1966, pero durante una breve visita de unos días a mi patria chica.
Me expusieron en un museo con forma de huevo, entre palmeras. ¡¡Ah, qué
corto fue el goce de verme entre mis conciudadanos! ¡Me supo a tan poco....!
Por las noches, cuando quedo a
solas, sueño con el día en que vuelva a casa para mucho tiempo...o quizá
para siempre. La emoción me embriagará, lo sé.
-¡Uy, otra lágrima!
Sé que en mi Elche me esperan
con ansia. Con devoción y anhelo –como esa habanera que me dedicaron-. ¡Qué
bonita y emotiva! ¡Se me hace un nudo en la garganta con aquello de “¡Qué
vuelva a Elche su Dama!”-. Incluso los hogares ilicitanos poseen alguna
reproducción, dibujo o foto mía. Todos me aman. Cuando regrese, las
“cohetàs” y las “mascletàs” resultarán sonoras e interminables. Las lágrimas
contenidas tanto tiempo saltarán como queriendo rebosar el Vinalopó y las
gentes se agolparán para verme. ¡Qué ilusión sólo de pensarlo! Ojalá sea
pronto.
-¡Uy, un grupo de instituto!
¡Anda, pero si uno de los estudiantes lleva una camiseta con el escudo del
Elche Club de Fútbol!
-¡Eeeehhh, chicos! ¡Aquí,
chicos! ¡Estoy aquí! ¡Soy vuestra Dama!
¡Se acercan! Quieren
fotografiarse conmigo.
-Venga, colocaos bien. Sonreiré
para vosotros.
¡Ahhhhh, si pudiera irme con
ellos!
-¡Pshhh! ¡Ehh, chicos! ¿Me
hacéis un hueco en vuestro autobús?
Me olvidé que soy de piedra...
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Los
escritores ilicitanos
Eduardo Boix López y
Josep Esteve Rico Sogorb
rinden con este artículo un pequeño
homenaje a la Dama de Elche, con motivo de su
reciente 107º aniversario de su
descubrimiento sumándose a las iniciativas artístico-culturales para
reivindicar el regreso de la figura a
Elche. El
artículo/relato está narrado en primera persona por
la propia Dama de Elche, por el busto, desde su urna en el Museo
Arqueológico de Madrid.
WEB:
http://www.frutosdeltiempo.com/libro.php?id=48
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