Bienvenidos a La Torre del Misterio de Fermín Castro, el conclave secreto de
los amantes de la Historia olvidada. Tomad acomodo, iniciemos la reunión
semanal hablando de la masonería. En muchos libros el origen de la masonería
se remonta a la remota Antigüedad, hija de las arenas místicas de Egipto,
del seno mágico de Mesopotamia, del irrepetible manto heroico de Grecia. Hay
aún quien ha ido más lejos y ve en los masones los antiguos constructores
del Templo de Salomón.
Si existe un remoto y lejano origen, éste no iría más allá de la Edad Media,
no olvidemos que masón proviene de francmasón (albañil liberto), los
albañiles medievales. En aquellos tiempos de tribulación e inseguridad los
albañiles, al igual que otras profesiones, se agruparon en gremios como
medida defensiva. Utilizaban normas y marcas secretas que sólo se conocía en
el seno del grupo.
Poco había de mágico o maravilloso en estas primigenias agrupaciones de
constructores, de francmasones. Si bien es verdad que numerosos ocultistas,
místicos y esotéricos encontraron un lugar seguro donde reunirse y
esconderse del fuego aniquilador de la Inquisición. Esto explicaría los
numerosos símbolos herméticos aparecidos en los frontispicios de los
templos. Detrás de ellos se encuentra la sombra afilada de los alquimistas,
ellos fueron los que inocularon el agente esotérico en esta iniciales
agrupaciones. Ésta es una masonería operativa. No fue hasta el siglo XVII
cuando se da el paso definitivo a la masonería especulativa. Ahora estamos
ante una agrupación de hombres heterogéneos, ya no son meros constructores.
A la luz de la masonería acuden eruditos, militares, pensadores, nobles de
rancio abolengo, buscavidas, aventureros y conspiradores. Recordemos que más
de una docena de presidentes de EEUU pertenecieron a la masonería, aunque
también hubo personajes de época que buscaban en la masonería objetivos
egoístas y malignos. En líneas generales el paso que se da en este siglo
XVII es significativo, ahora ya no buscan construir edificios materiales
sino espirituales.
En ese origen la masonería se nos presenta como una organización espiritual,
mística anhelante de la luz y la superación. Aunque con el tiempo la
masonería fue para muchos un medio para medrar en la escala social.
Andrés Miguel Ramsay (1686-1743) uno de los cofundadores de la masonería
moderna pronunció en 1736 su célebre Discurso: «La masonería es un
establecimiento cuyo fin es la reunión de espíritus y de los corazones para
hacerlos mejores, formar una nación espiritual en la que se creara un pueblo
nuevo cimentado por los lazos de la virtud y de la ciencia».
En la masonería los símbolos son su estructura, el ensamblaje, el cáliz que
porta la Verdad. Es muy interesante pasear la mirada por sus símbolos,
acompáñenme sin prejuicios, en una visita por este museo de la Tradición:
- El compás: La geometría antigua se basaba en el uso del compás. Es el
instrumento de medida por excelencia, a través del cual se puede conocer el
cosmos. En el Cristianismo, Jesús es el Gran Arquitecto que mide y crea el
universo. Los masónicos ven en este un símbolo de la capacidad humana de
traspasar la frontera de lo visible y lograr medir el infinito.
- La Escuadra: Es un símbolo de rectitud, moral e intelectual. Se suele
asociar al compás. Representa la materia reelaborada por el hombre. Al mismo
tiempo, y por analogía, es también símbolo de la lucha por la superación y
perfección humana.
- La Espada Flamígera: Es uno de mis símbolos más preciados, al que a veces
acudo en busca de fuerzas. El iniciado es apuntado con una espada. La hoja
de la espada es sinuosa, zigzagueante a imitación del movimiento tembloroso
de una llama. Es un momento decisivo. Es un instante cargado de tensión y de
gran impacto emocional. Es una representación de los guardianes angélicos.
Los cabalistas ven en la palabra hebrea espada (jereb) relación con
la idea de ascensión. Es un bellísimo símbolo de purificación.
- La Granada: Es un fruto que ha sido utilizado largamente. Es muy rico en
símbolos de todo tipo. Así, es símbolo de la fertilidad y fecundidad, motivo
por el cual aparece en numerosos cuadros de mujeres y cuya significación es
obvia. Para los romanos era un símbolo del matrimonio y en las bodas las
bellas romanas solían portar en su frente una diadema de ramas de granado
trenzadas. La Iglesia ve en la granada un símbolo de cobijo de la misma
hacia todos sus fieles y también representa el martirio. Pero en el tema que
hoy nos ocupa, en la masonería, la granada se relaciona con ideas de
elevación y superación.
Si deseáis profundizar más en los misterios simbólicos os
recomiendo que leáis Símbolos Masónicos, de Rene Laban, editado por
Obelisco. Sólo para espíritus sensibles, un auténtico delicatessen
bibliográfico.
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