
Fig. 1

Fig. 2

Fig. 3

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Bienvenidos a La Torre del
Misterio de Fermín Castro. Una nueva cita con los enigmas de la Historia.
Hoy trataremos de máquinas voladoras y otras extrañas maravillas de la
antigüedad.
En los tiempos remotos, en la juventud de la humanidad,
los hombres levantaban la vista al cielo y veían a los dioses, su poder, su
sabiduría. En aquellos tiempos los dioses bajaban y convivían con los
humanos. Era una época donde había una clara conciencia de la realidad de
los dioses a los que adoraban, pues era posible la comunicación con ellos.
Numerosos son los escritos antiguos donde se refleja cómo algunos hombres,
por su sabiduría, consiguieron ascender en vida a los cielos, a la Morada
Celestial y conocer a Dios.
No importa qué religión o civilización estudiemos, en
todas ellas hay una clara dicotomía entre cielo y tierra. El cielo como
morada de los dioses y la tierra como lugar de los hombres, y bajo la tierra
el submundo o Desierto Eterno de la Desesperación.
Acompáñenme en este viaje en el tiempo, visitemos la
primera civilización del hombre de las que tenemos constancia de su
existencia histórica, visitemos la mítica y antiquísima civilización de
Sumer que se desarrolló hace 6500 años. Anterior en grandeza y sabiduría al
resplandeciente Egipto.
En-Lil ocupaba el segundo puesto en el panteón sumerio
y era el conocido como «El Señor del Espacio Aéreo». Numerosísimas son las
leyendas y escritos sobre este Dios, de tendencias muy humanas si atendemos
a sus pasiones, pero no nos desviemos: lo que nos interesa hoy es la
historia del robo de los objetos sagrados que portaba y que le fueron
sustraídos por el dios Zu. Zu el malvado dios que se reveló, abusó de la
confianza de En-Lil que lo amaba como a su favorito, el guardián de los
objetos de poder, su mano derecha, el dios de confianza. ¿no os recuerda
esto nada? Zu significa «sabio», resulta interesante comprobar como en
numerosas religiones el mal se suele identificar con la sapiencia. Y también
resulta curioso cómo suelen ser los favoritos de Dios los primeros en caer y
rebelarse. Recordemos las historias de la manzana de Adán y de la rebelión
del Ángel Lucifer. Continuemos con la historia: Zu tras robar los objetos
sagrados huye montado en su Mu. Los dioses se reúnen en asamblea, temen a Zu
pues lleva los objetos sagrados (¿armas?), deciden que sea Ninurta el que se
enfrente a Zu. Y es ahora cuando se desarrolla uno de las batallas mas
extrañas y maravillosas de todos los tiempos. Una batalla que se desarrolla
en los cielos y en el espacio, una batalla aérea. Ninurta montado en su Mu
lanzaba flechas contra Zu, pero éstas no le hacían nada. Entonces Ninurta
prueba a lanzarle el til-lum a las ruedas dentadas de las alas de Zu. Las
alas de Zu se partieron y este se precipitó al suelo. El final de Zu fue el
destierro y la destrucción de la ciudad de Ur, la ciudad donde recibía
adoración. Los objetos sagrados fueron devueltos a En-Lil y la batalla se
cantó durante generaciones a la luz de un buen fuego en las frías noches de
invierno. Lo que destruyó el «pájaro» de Zu fue un til-dum ¿Qué significa
til-dum? Son numerosos los investigadores que afirman que fue un misil. De
hecho, hoy en día, en hebreo til significa misil, y también es curiosa la
forma como se escribe en asirio til-dum (fig. 1).
Aceptemos o no esta hipótesis de qué era un til-dum, de
lo que no hay duda es de que estos dioses volaban gracias a un Mu, y que
utilizaban poderosas armas.
Otra de las historia que nos ha llegado en la que
aparecen estos extraños Mu es la relativa a otro robo entre dioses sumerios,
muy dados por lo que vemos a desear lo ajeno y por lo tanto de muy «humanos»
instintos. La exuberante diosa Ishtar amante del dios principal del panteón
sumerio Anu, fue a visitar al poderoso dios En-Ki al que podríamos puntuar
como el tercer dios más importante. Gracias a sus encantos consigue
emborrachar al dios En-ki y sonsacarles numerosos secretos de poder,
fórmulas mágicas. Con este gran tesoro de sabiduría huye en su «barco del
cielo», En-Ki, viéndose engañado, lanza lleno de ira todas sus armas contra
la hermosa diosa pero ya es tarde pues la diosa esta fuera del alcance de
las mismas y huye volando. Nuevamente vemos como los dioses utilizan una
máquina, en este caso se la describe como barco, para desplazarse. Algún día
nos detendremos a hablar de esta bellísima diosa Isthar que fue para los
griegos Afrodita y para los romanos Venus.
Las arenas del desierto llevan sacando a la luz, desde
hace más de un siglo, las tablillas con la escritura cuneiforme donde se
narran estas apasionantes historias de dioses voladores. En algunas de ellas
se nos describen los elementos necesarios que Ishtar debe portar para volar:
1. Shu-Gar-Ra que significa «lo que te hace ir lejos en el viento»
2. Vestimenta Pala
3. correas con las que abrazar el cuerpo
4. pendientes medidores en las orejas
5. cilindro dorado en las manos
6. piedras gemelas sobre los hombros
En el libro «El 12º Planeta» el investigador Zecharia
Sitchin plantea la sugerente hipótesis de que esta descripción corresponde
al atuendo propio de astronautas, y para apoyar esta atrevida hipótesis nos
muestra como en numerosas esculturas de Ishtar aparecen representados en
piedra lo que se describe en las tablillas (fig. 2).
Así, lo que lleva en la cabeza la escultura
correspondería con un casco, la extraña caja que lleva a la espalda sería el
Shu-Gar-Ra, vemos cómo lleva esas correas para portar la caja de la espalda
y que se debe ayudar de unas extrañas hombreras, vemos cómo lleva un
cilindro en las manos y cómo en las orejas porta unos extrañísimos y
desproporcionados pendientes que serían los auriculares de un piloto.
¿Descabellado? ¿Imaginaciones enfebrecidas? No sé si
Sitchin esta en lo cierto o no, pero es muy extraña la similitud como para
ser una mera coincidencia. Pero aún hay más. No sólo en los textos sumerios
se nos describen estos extraños artefactos voladores: en la Biblia hay
algunas famosas referencias a estos mismos aparatos: Ezequiel vio cómo «Los
cielos se abrieron y yo vi las apariciones del Señor. Y vi el Torbellino que
venia del Norte como una nube grande con destellos de fuego y
resplandores…».
El Profeta Elías fue elevado (hoy diríamos abducido) a
los cielos montado en un carro de fuego: Apareció un carro de fuego y
caballos de fuego y Elías subió al cielo en un Torbellino.
Los textos antiguos nos muestran una y otra vez cómo
los dioses iban ataviados de forma extraña y que ascendían a los cielos
vestidos con esas extrañas ropas. Nos describen con claridad cómo los
templos debían tener un recinto especial y sagrado para que se posaran los
pájaros divinos, los carros del cielo, las barcas del cielo.
Ninurta apareció ante el rey Gudea y este describe su
imagen como «un hombre que brillaba en el cielo, por el casco que llevaba en
la cabeza, era un dios». Gudea construye un templo en honor a Ninurta y deja
escrito «construí un templo para poder albergar al pájaro negro del viento
divino». No es el único caso de construcciones «especiales», así el famoso
Nabucodonosor II al reconstruir el templo de Marduk escribe: «Levanté la
cabeza del barco de Id-Ge-Ul, el carro principesco de Marduk; el barco Zag-Mu-Ku,
cuya llegada se observa». Id-Ge-Ul significa «alto en el cielo brillante en
la noche». Y Zag-Mu-Ku significa «el brillante Mu que sirve para ir lejos».
Es decir, en los templos de los grandes dioses sumerios había un lugar
reservado y muy especial para que se «posaran» (hoy diríamos aterrizaran)
los pájaros de los dioses. Hay una moneda encontrada en la bíblica ciudad de
Gebal (la histórica Biblos, una de las ciudades más antiguas de la
humanidad) que representa un templo a Ishtar y en la que podemos apreciar
sin lugar a dudas uno de estos espacios especiales y lo que es más
increíble: uno de esos pájaros de los dioses de antaño. ¡Contemplad
maravillados un Mu! (fig. 3)
Para saber más: «El 12º Planeta» de Zecharia
Sitchin. (Edit. Obelisco).
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