

Carl Jung

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Bienvenidos un mes más a
nuestra cita con el misterio y la historia: pasen y tomen acomodo en esta
vuestra Torre del Misterio.
Parapsicología es una palabra que crea el profesor de la Universidad de Duke,
Joseph B. Rhine y que sirve para designar a la rama de la psicología que
estudia los fenómenos que la psicología normal no es capaz de explicar.
Parapsicología es, por tanto, lo que va más allá de la psicología. Este tipo
de fenómenos existen desde el comienzo de la edad de los hombres, pero no
fue hasta el siglo XVIII cuando comienzan a ser estudiados por los
científicos e investigadores. En el siglo XVIII encontramos a dos figuras
singulares, objeto de muchas críticas y objeto de vilipendio por parte de
algunos historiadores pero de las que no podemos obviar sus logros y
méritos. F.A. Mesmer construye su hipótesis del magnetismo animal y de la
hipnosis. Hipnosis, como todo el mundo sabe, es una palabra que viene del
griego hipnos que significa dormir. Hipnosis sería, por tanto, la rama del
saber que estudia el sueño. Y la otra figura aún más controvertida es la de
Cagliostro, personaje que nada entre lo real y lo legendario, entre lo
científico y lo mágico pero que dejó una profunda huella en su tiempo.
En el siglo XIX el interés por lo espiritual, por lo que esta más allá de lo
físico, provocó que muchos de los grandes personajes del siglo se volcaran
en la investigación de fenómenos psíquicos. Desde divinos poetas como Lord
Byron o Shelley a Sociedades científicas dedicadas por entero al estudio de
fenómenos extraños, como la Sociedad Británica de Investigación Psíquica que
realizó la famosa encuesta de alucinaciones en 1870.
En las décadas de bisagra entre siglo XIX y XX son notables los estudios de
investigadores como Jules Eisenbud o H. Price el gran «caza fantasmas» que
sufrió una ponzoñosa campaña de desprestigio tras su muerte por
investigadores «serios» que ni siquiera se habían preocupado de leer los
informes de Price, y que, además, habían tenido la poca caballerosidad de
atacarlo en el momento en que él no podría defenderse. O el gran psicólogo
Carl Jung que creó una ley para intentar explicar un acontecimiento extraño
pero cotidiano: ¿Cuántas veces no le ha ocurrido a usted estar pensando en
un familiar o amigo del que hace mucho tiempo del que no tiene noticia, y en
ese mismo momento suena el móvil y al responder comprueba con sorpresa que
es el familiar motivo de su pensamiento? Esto le ocurre a todo el mundo, es
decir hay muchas veces que nos adelantamos a lo que va a pasar, pero como la
psicología no era capaz de dar una explicación simplemente obviaba el
fenómeno. Esta actitud es muy normal entre los científicos serios: ante un
fenómeno del que no hay explicación lo mejor es negarlo. Esta actitud es
radicalmente anticientífica. Carl Jung realizó un importante esfuerzo y creó
su famosa ley de Sincronicidad a-casual o ley de la conciencia
significativa. La importancia de esta ley radica en que un científico serio
decidió traspasar la línea que separaba lo políticamente correcto de la
verdad. Ya no eran locos los que se dedicaban al estudio de estos fenómenos.
Los investigadores empezaron a admitir que no todos los mediums eran
fraudes, había un número enorme de hechos reales inexplicables,
acontecimientos que estaban ahí desde el comienzo de los tiempos. De todas
las empresas del hombre la parapsicología era la ultima frontera, la más
grande misión del hombre, la «conquista» del más allá.
Según la teoría científica se puede viajar en el tiempo, a pesar de las
paradojas que dicho viaje suscite. Aceptamos la teoría sin rechistar, pero
no reconocemos realidades que han acompañado al hombre desde siempre. Plinio,
en la época romana, registra en sus escritos a psíquicos que predijeron
grandes desgracias. O por poner otro ejemplo que todo el mundo conoce: el
físico francés Nostradamus nos sorprende con algunas predicciones
increíbles: «Habrá un gobierno de Inglaterra en América». Lo increíble no es
que nos hable de una colonia inglesa en América, lo increíble es que el
término América aún no había sido inventado. También fue capaz de nombrar el
nombre del asesino y la localidad de nacimiento del hombre que asesino a
Enrique IV mucho antes de que éste naciera. Están claras sus predicciones
sobre el submarino, los aviones o la bomba atómica. Ante hechos constatables
como esto no basta decir: ¡Paparruchas! ¡charlatanería! Y pegar un puñetazo
en la mesa y dar por zanjada la cuestión. No hay nada más molesto que los
hechos pues estos una y otra vez dejan en entredicho a las autoridades
serias, y si no que se lo digan a Galileo pues, por mucho que se enfadase la
Inquisición, la Tierra siguió empecinándose en rotar y moverse.
¿Y que decir de las detectives psíquicas? La realidad de estas personas es
incuestionable, incluso hay ahora una serie en un canal de TV relatando la
vida de una de ellas y los casos que resolvió. Florence Sternfels era
requerida a menudo por la policía cuando un caso era demasiado peliagudo;
Florence pedía un objeto de la persona desaparecida, después marcaba un
punto en el mapa… y allí encontraban a la victima.
El gran problema de la parapsicología es la dificultad de reproducir en un
laboratorio los fenómenos que estudia, sólo fenómenos como la telepatía han
podido ser reproducidos en ambiente de laboratorio.
Para terminar quisiera aclarar mi punto de vista, no creo que exista nada
sobrenatural, si existe es por lógica natural, la dificultad estriba en que
no tenemos la tecnología suficiente para comprobar las leyes que rigen esos
fenómenos. No se debe mirar a otro lado cuando encontremos fenómenos
inexplicables. La universidad tiene en este aspecto una cuenta pendiente.
¿Para cuándo una cátedra de parapsicología?
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