La sangre es la vida. Es el líquido vital, el río rojo de la vida. Todo está
en la sangre, la sangre lo es todo.
Bienvenidos una vez más a La Torre del Misterio de Fermín Castro. En esta
ocasión quisiera volver sobre los misterios de la sangre. Tema apasionante
donde los halla y muy peligroso a veces.
No existe unión más fuerte que la sangre. Desde el inicio del hombre las
civilizaciones se han forjado con sangre. En las denominadas culturas
primitivas la sangre sella los pactos de colaboración, de unión. Es la
sangre la que crea invisibles lazos de unión tribal, es la forjadora de los
clanes. La sangre marca a los hombres con el sello del clan. Pero los
rituales y pactos de sangre no son sólo propios de estas culturas
primitivas. La época clásica de Occidente, la raíz de nuestra cultura actual
occidental, la civilización que mostró a los hombres la luz de la filosofía,
de la matemática, la poesía y el arte dio muestras de actos atroces, de
espeluznantes holocaustos:
La noche nos muestra jirones de estrellas, brillan con la frialdad propia de
los dioses. Un grupo de encapuchados entran en un solitario edificio. En el
débilmente iluminado interior las embozadas figuras proyectan sombras
irreales sobre el muro estucado. En las paredes sobre las que se acarician
las sombras se encuentran pintadas escenas terribles de la muerte y maldad.
El techo está abierto en el centro, por él se derrama la luz lunar sobre el
cuerpo de un niño. Desnudo, inconsciente sobre un ara de inmaculado mármol
blanco. Junto a él un hombre vestido de negro, murmura las palabras
rituales, el resto de los conjurados las repiten. Unidos en una conjura por
obtener el poder van a sellar su traición mediante un sacrificio de sangre.
Apollodoro es el ser terrible que comete este abominable acto. Un puñal
brilla en la noche, un destello fugaz seguido de un leve gemido. La sangre
y vísceras se vierten en una copa mezclada con vino. Uno a uno los
conjurados beben el terrible elixir. Nadie se atreverá a romper el pacto.
El sucesor de la cultura griega, también muestra actuaciones de este tipo.
Así la famosa conjura de Catilina se selló con un pacto de sangre. El ritual
fue tan fuerte que todos los conjurados fueron fieles a Catilina aún
sabedores de que las legiones se aproximaban para poner fin al sueño del
poder.
La hermanad por la sangre es muy común a lo largo de la historia. Tácito, en
sus celebres Annales, nos relata como Radamante y Mitridates forjaron
una alianza militar que sellaron mediante la sangre. Perforaron sus pulgares
y los unieron para que se mezclara la sangre. Ya eran hermanos de sangre, su
destino estaba unido desde ese momento.
Herodoto al hablar de los mercenarios griegos nos relata la costumbre de
estos de unirse con los soldados con los que van a luchar por medio de la
sangre.
Luciano nos relata la siguiente bella anécdota:
Estando un escita y un griego discutiendo sobre qué pueblo tenía mayor grado
de consideración en la amistad, el escita habló de la siguiente manera:
«La amistad escita es más firme que la griega ya que ésta se basa en razones
de afecto o en la conveniencia y establecimiento de vínculos familiares,
mientras nosotros, los escitas, sellamos la amistad por medio de una
fraternidad suprema. Mezclamos nuestra sangre con quien tratamos como amigo,
y le convertimos en nuestro hermano. Extraigo parte de mi sangre y la
intercambio contigo, la vierto en una copa y ambos bebemos en ella después
de sumergir la punta de nuestros puñales en el líquido. A partir de ese
momento, es como si fuésemos solo uno» (citado por Manuel de la Prada en
el libro El mundo de lo oculto).
La sangre es el elemento vital. Es un símbolo de vida y son numerosísimos
los mitos que hablan de seres vivos que deben su existencia al derramamiento
de sangre por algún dios. La sangre crea sangre, la vida crea vida, el acto
supremo de la deidad es la vida.
«Después tomó un cáliz, dio gracias, se lo pasó a ellos y bebieron todos
de él. Y les dijo: ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será
derramada por todos» (Marcos 14-24).
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