Bienvenidos una vez más a La Torre del Misterio de Fermín Castro, la atalaya
desde donde contemplar aquellos enigmas que tanto nos apasionan.
La Revolución francesa, acontecida en 1789, marca el fin de la Edad Media y
el comienzo de la Edad Contemporánea. Fue un periodo de cambios sociales y
políticos. Y también fue una etapa de la Historia repleta de misterios. Hoy
desvelaremos algunos.
El rey Luis XVI, ante el giro del destino, puso a buen recaudo el tesoro
real. Uno de los barcos que transportaban el tesoro francés, el Telemaque,
zarpó con su bodega bien repleta de oro y joyas hacia América. Nunca más se
reunirían rey y tesoro pues detenido el rey en 1791 sería guillotinado
posteriormente. El barco se hundió antes de llegar a puerto a la altura de
Quilleboeuf, el 3 de enero de 1790. Cuántos tesoros esconden las negras
aguas del Atlántico.
Continuemos por tierras francesas, devastada a lo largo de la historia por
incontables guerras e invasiones, donde los poderosos escondían sus riquezas
con la esperanza de poder recuperarlas pasada la tormenta.
Desde el siglo XV el tesoro de Baugé permanece enterrado en algún escondrijo
del Castillo del rey René. Fue aquí donde se concentró la mayor cantidad de
riquezas expropiadas y arrebatadas a la aristocracia francesa en 1789. Una
vez más el dinero atrae al dinero. Uno de los más escurridizos y misteriosos
tesoros es el que perteneció a la familia Duvolloy, afincada en Sables-d´Olonne.
Cuando La Vendee sufrió la asolación de los revolucionarios, la familia
Duvolloy, como tantas otras, apenas tuvieron tiempo de coger lo
necesario y huir con destino a Inglaterra. Todas sus pertenencias de valor
habían sido enterradas con anterioridad y el mapa para encontrar el lugar
exacto fue entregado a una sirviente leal. La señora Louire Grammont fue
fiel a los Duvolloy. Durante toda su vida esperó el regreso de sus señores.
A su muerte, todas sus pertenecías fueran metidas en un baúl y éste fue a
parar al granero de la casona familiar heredada por su sobrino.
Pasó el tiempo, el siglo XIX siguió su curso y desembocó en el siglo XX y
aquí retomamos la historia de este tesoro. En 1932 la casona es adquirida
por nuevos propietarios. Encuentran el viejo baúl y entre sábanas roídas y
polvorientos camisones un pliego de papel amarillento surge del tiempo. Es
el mapa y las anotaciones para encontrar el tesoro de los Duvolloy. El nuevo
propietario invertirá toda su vida en la búsqueda del tesoro, falleciendo en
1970 sin que tengamos pruebas de que lo hubiese encontrado. Quién sabe,
igual sigue allí, esperando que algún intrépido lo encuentre.
Hay un tesoro aún más romántico y legendario escondido en tierras francesas,
es el de don Rodrigo Gutiérrez de Villandrada. Este noble castellano, conde
de Ribadeo para más señas, fue en el siglo XV un caudillo temible. Tenía a
su cargo una gran mesnada de 5.000 bravos y despiadados bandidos y
mercenarios. Saqueaba, incendiaba y asesinaba a placer. Su fama creció y fue
apodado «El Emperador de los Saqueadores». En torno al 1430 obtuvo sonadas
victorias contra el Príncipe de Orange, lo que le valió ser nombrado Gran Chamberlan por el rey francés Carlos VIII, enemigo acérrimo del Príncipe de
Orange. Pronto se arrepintió el francés de haber encumbrado tanto a Rodrigo.
Su ardor asesino y sus rapiñas continuaron, pero esta vez las sufrían los
propios súbditos del rey francés. Carlos VIII cansado de tantos desmanes de
su Gran Chamberlan acabó desterrándolo. Don Rodrigo Gutierrez de Villandrada,
más conocido en tierras gabachas como El Castillan, hubo de abandonar
el reino a uña de caballo dejando gran parte del fruto de sus saqueos
escondido en las inmediaciones del Castillo de Montgilbert.
Si tenéis madera de buscador de tesoros os recomiendo el entretenidísimo
libro El Enigma de los Tesoros Malditos, de Richard Bessiere, editado
con gran prodigalidad de fotografías por Robinbook.
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