|
Isla Negra 1/1 Casa de poesía y literaturas. Distribución gratuita. Arroyo Corto Buenos Aires, Argentina. Dirección: Gabriel Impaglione. mayo 01.
---------- |
||
| Entre Ríos y Corrientes. Pide ayuda a José
Gaspar Rodríguez de Francia pero el dictador del Paraguay se niega a
intervenir en los asuntos del sur. Tampoco Estados Unidos responde a un
pedido de "protección" y entonces, aconsejado por Nicolás Herrera, da
instrucciones al secretario del Consejo de Estado, Manuel José García,
para que se presente ante lord Strangford, embajador británico en Río de
Janeiro, y le ofrezca estas provincias como sumisas colonias de Su
Majestad. El 28 de enero de 1815 García sale para el Brasil con dos
oficios de Alvear, uno para Strangford y otro para el gabinete inglés.
Esas cartas iban a ser halladas muchos años más tarde, a la muerte de
Rivadavia, en el único baúl que se llevó al destierro. Le escribe Alvear
al ministro Castlereagh: "Estas provincias desean pertenecer a la Gran
Bretaña, recibir sus leyes, obedecer a su gobierno y vivir bajo su influjo
poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena
fe del pueblo inglés, y yo estoy dispuesto a sostener tan justa solicitud
para librarlas de los males que las afligen. Es necesario que se
aprovechen los momentos. Que vengan tropas que se impongan a los genios
díscolos (en alusión al caudillo Artigas) y un jefe autorizado que empiece
a dar al país las formas que sean del beneplácito del Rey y de la Nación,
a cuyos efectos espero que V.E. me dará sus avisos, con la reserva y
prontitud que conviene para preparar oportunamente la ejecución". García
elude a Belgrano y a Rivadavia que están en Río de Janeiro y se entrevista
en el más estricto secreto con lord Strangford el domingo 26 de febrero
por la noche. La carta para el ministro Castlereagh está lacrada pero la
otra, la de presentación, es más larga y patética. Al leerla, el inglés
debe haber sentido algo parecido a la compasión: "Cinco años de repetidas
experiencias han hecho ver de un modo indudable a todos los hombres de
juicio y opinión, que este país no está en edad ni en estado de gobernarse
por sí mismo y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en
la esfera del orden antes de que se precipite en los horrores de la
anarquía (...) En estas circunstancias sólo la generosa Nación Británica
puede poner un remedio eficaz a tantos males, acogiendo en sus brazos a
estas provincias, que obedeceran su gobierno y recibirán sus leyes con el
mayor placer (...) Yo no dudo en asegurar a V.E. sobre mi palabra de
honor, que éste es el voto y el objeto de las esperanzas de todos los
hombres sensatos, que son los que forman la opinión real de los Pueblos; y
si alguna idea puede lisonjearme en el mando que obtengo, no es otra que
la de poder concurrir con la autoridad y el poder a la realización de esta
medida, toda vez que se acepte por la Gran Bretaña (...)".Tanta es la
sorpresa de lord Strangford que, como buen diplomático, aconseja a García
cambiar el pedido de ocupación por un memorial solicitando que "Su
Majestad Británica ceda a las súplicas del infortunado pueblo (el
argentino) y le haga conocer su destino..."Manuel García es de los que
nunca se ruborizan. Nueve años más tarde gestionará, de acuerdo con
Rivadavia, el famoso empréstito de un millón de libras esterlinas con la
banca Baring Brothers; luego, en 1827 tras la victoria argentina de
Ituzaingó, firmará el acuerdo de paz que le impone en Río de Janeiro el
derrotado emperador del Brasil. Pero en 1815 García se apresuró en
redactar el "memorial" sugerido por lord Strangford. El ejemplar que se
conserva en el Foreign Office tiene fecha 3 de
marzo y la copia que le manda a Alvear con ligeras diferencias es del 4.
Menuda sorpresa se llevan Belgrano y Rivadavia cuando se topan con García
el 3 de marzo y se enteran de la misión ya consumada. Algún memorialista
sostiene que Belgrano se enfurece y se va de manos. Rivadavia, más sutil,
retiene el oficio original de Alvear y le escribe de inmediato para que
conste ante la posteridad: "Ya hemos hablado largamente con García. Pero
lo que me ha pasmado sobre todo es el pliego para Inglaterra y el otro
idéntico para Strangford aún más. yo protesto que he desconocido a usted
en este paso. Este avanzado procedimiento nos desarma del todo..."En
Londres, Rivadavia no consigue entrevistarse con lord Castlereagh y se
guarda el oficio del efímero dictador. Muchos años después, como
secretario del gobierno de Martín Rodríguez y cuando lo nombren primer
presidente de la República unitaria, Rivadavia habrá de recordarle aquel
sobre imprudente a su ministro de Guerra, Carlos María de Alvear. Los
ingleses a los que Rivadavia abrió las puertas de manera tanto más
elegante lo derrocaron enseguida porque no toleraban sus intrigas y los
arrebatos de su carácter sinuoso. Pero tal vez el presidente intuía que la
historia liberal iba a seleccionar con mucho cuidado a sus próceres. Por
eso tuvo la delicadeza de guardar, sin quitarle los sellos, aquella carta
en la que Alvear se anticipaba a tantos otros héroes que ahora tienen sus
calles y salen, muy orondos, en las figuritas del Billiken.
Osvaldo Soriano. De "Cuentos de los años felices"- Editorial
Sudamericana. Bs As.1993
María Gabriela Piccini
|
Fanny G. Jaretón Quién eres Toda aproximación a ser yo fue real mientras la ilusión me duró en los patios donde me jugué a ser niña. Mis ojos columpiaron este gris del otoño, los dorados se fueron con el exilio de las golondrinas. Quién pudo ser yo en este intento vago por descargar la voz en la tinta añil de algún sueño. El almendro ya no recogerá su flora, es la fauna, salvaje animal del instinto humano que me ha acorralado en esta mazmorra de cemento. Que venga el domador que quiere domesticarme, este que me ha puesto puñal incrustándome la carne de mi ánimo con bozales de alambradas de púas, que venga a mirar como ésta niña que sólo ha crecido en estatura y cambió los zapatos de tacones por las viejas guillerminas, que venga a recoger estos pedazos de cuadrillé de mi falda de colegio donde vamos las nenas buenas, que guarde esta tela de ropa interior con los gérmenes de sangre donde he sido violada. Soñar… no cuesta nada me dijeron. Y entonces yo, que crecí rica en experiencias de desbordes dolorosos y pobre, tan pobre en afectos y propiedades –lo he perdido todo- entonces quise lograrme desde ese lugar donde los Sueños me hicieran grande. Pulsé la pluma azul y el pergamino ocre y le pedía a Dios -fuente de toda inspiración- que me enviara a quien pudiera salvarme y fue la Palabra que se ajustó a mi oficio y jugué y me he recreado en ella, he llorado de emociones intensas, las claras y de las otras; hasta que llegó el vocablo Término y en su sentido propio llevarme hasta el final de mi felicidad que a cuentas se ha poblado de “cuentos”. Höldering, Höldering, me dices que << la poesía es un juego peligroso>> donde se han expuesto el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el crudo silencio de Rimbaud, la huidiza representación de Lautréamont y yo aquí y ahora rompiéndome en este llanto que pareciera inquebrantable donde el Verbo que fue mi piedad en noches del insomnio, la Palabra que tengo encarnada en las canaletas internas por donde me recorre el alma, casi de memoria, aquí caída sobre mis pies de árbol, doblada sobre la desazón de esta ingenuidad que no me ha dejado más que creer en lo bienhechor de esta especie dotada de razón, rendida sobre mi propia voz y mi canto, avasallada en la mitad de mí, de mí de mí y yo de la otra, todas estas voces mimetizadas en un coro de palabras que guardan rostros que para mi son y serán anónimos, gestas que tal vez marranas… yo que quise hacer de mi pecho un jardín de poemas para no morir podrida en el fango de la demencia. Pero, no, no, no… bocas negras me exilian por el tragasombra de la existencia. Antes de parir una etnia de descorazonados prefiero entregarme al cero oscuro. La Nada avanza sobre mí como los alazanes de la séptima caballería con jinetes sin cabezas donde he perdido mi herradura de las siete suertes. Decapito mis falanges -una a una- con la navaja a medio filo, con la boca abierta para no apretar al dolor, que punce hasta donde tenga que ahuyentar al último sonido. Entrego mi escritura, me sepulto en vida, vaya saber en pos de qué humano argumento. Arde Juana y tú quién eres. Fanny G. Jaretón Buenos Aires.
|
|

ÍNDICE DE ARTÍCULOS
l
LITERATURA
l
ARTE
l
ESPECIAL ISLA NEGRA SOBRE EL CHE GUEVARA