
Entrevista a Susana Medina
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por Juan Carlos Vásquez
—¿Qué
te impulsó a ser escritora?
De adolescente, cuando tenía 14 años o así, escribía poemas nefastos, como
hacemos muchos adolescentes. Por aquel entonces, una lectura vital y totalmente
trasformativa fue Hojas de Hierba, de Walt Whitman. Me encontré con una
visión donde se celebra todo, una visión panteísta y eufórica, un canto que es
energía pura, la palabra como energía, como alquimia. Fue un momento decisivo.
Empecé a escribir cuentos, me dieron unos cuantos premios, tuve un profesor de
literatura que digamos que me apoyó, amigos que esperaban que escribiera. Así es
que me encontré con una vocación que yo no sabía si quería. Todo esto fue un
primer paso.
En un segundo momento, lo que me impulsa a la escritura es la posibilidad de
crear un mundo que todavía no existe. Escribo por razones estéticas. También por
conocimiento, por curiosidad. Por la necesidad de imaginar, de entender, de
procesar experiencias.
Hablaba antes de cuestionar la vocación literaria. El punto de partida para mi
primera novela, Trozos de Una, fue Beckett, el Beckett más minimalista.
Es un punto de vista catastrófico para empezar una novela. No sé hasta qué punto
fue una cuestión de crear algo. Era más bien una cuestión de destruir, de
deconstruir.
—En tu obra se percibe un
tiempo de evaluación y rompimiento que conlleva a una inevitable crisis y un
irremediable cuestionamiento de los valores establecidos, sorprendentemente
estas rupturas crean un juicio condensado y renovador. ¿Acaso hay que quebrantar
los límites para encontrarnos con nosotros mismos?
Más que quebrantar los límites hay que explorarlos, ir más allá, volver,
asomarte a lo que has sacado de esa experiencia.
Lo de encontrarnos a nosotros mismos es algo efímero y nunca sabes hasta qué
punto se trata de un espejismo. Nada es estable, todo cambia, todo está en
perpetuo flujo, movimiento. Por lo tanto si llegamos a encontrarnos a nosotros
mismos, es algo temporal, nos encontramos y nos perdemos, no somos del todo
dueños de nuestras vidas. No sabemos con certeza lo que va a suceder durante la
próxima media hora.
—¿Qué hay en Londres que no
exista en otras partes? Coméntanos sobre tus vivencias en los países donde has
residido.
Me fascina la heterogeneidad suprema de todo. El poder ser público y anónimo al
mismo tiempo. Esas son cosas que Londres ofrece. Y es la ciudad donde conocí a
mi pareja, que es artista visual, Derek Ogbourne.
A diferencia de Nueva York, la modernidad de Londres no reside entre otras cosas
en su arquitectura, sino en la multitud de puntos de vista de sus habitantes.
Londres es una de las pocas capitales donde hay abundancia de zonas verdes,
parques y si tienes suerte, o dinero, puedes tener una casa con jardín. Por otra
parte, las casas son bajas, de un piso, o dos, y eso hace que puedas ver toda la
ciudad desde varios miradores. Está el río, el Támesis. Últimamente creo que la
monumentalidad de Londres la hace cada vez más frágil. Es una monumentalidad
demasiado afirmativa.
… He crecido en España, vivido en Italia, me tendrás que entrevistar de nuevo
para que conteste a la segunda parte de la pregunta.
—En algún instante has referido
a propósito de tu obra Slumberville que te interesa muchísimo los sueños
porque incluso pueden amenazar tu integridad cotidiana, podrías mencionar
algunos de ellos, las interpretaciones más intensas que consideres han surgido…
Creo en la sabiduría de los sueños y también en su sentido del humor, la
habilidad del sueño para tomarte el pelo, su humor negro. Los sueños se cuelan
en la realidad impregnándola de conocimiento mágico. Me encantan las
coincidencias. No creo en la videncia ni en el psiquismo. Sin embargo, no puedo
sino aceptar que unos cuantos de mis sueños han sido premonitorios. Los sueños a
menudo te cuentan cosas que ya sabes, pero que tal vez no las quieras saber del
todo. Esos sueños me fascinan. A veces ejercen de abogados del diablo. No me
refiero a esto. Me refiero a sueños que te dan información que desconoces, y que
en ese momento es enigmática, no la entiendes. Por ejemplo, aparece un nombre,
digamos «Silvia», en un contexto que no entiendes. Y luego, dos meses más tarde,
aparece una Silvia en tu vida, y el contexto en que aparece es más o menos el
contexto del sueño. Es increíble, en cierto modo, espeluznante. Es decir, cuando
en el sueño aparece información muy muy concreta, como puede ser un nombre y su
contexto. Lo único que puedo pensar es que ya conozcamos algo del futuro, que
haya puntos de contacto entre diferentes mundos y tiempos.
No suelo utilizar mis propios sueños en mi obra, aunque tengo diarios y diarios
de sueños. Aquí va un sueño que aparece en Slumberville y que está basado
en una serie de sueños que sí que tuve. El sueño de la pagoda:
«Eureka observó los botines rojos de nuevo, salió de ellos y aterrizó en un
limbo donde era posible que no hubiera nada. Los botines rojos a su vez le
transportaron a su sueño favorito. Los botines le transportaron al sueño de la
pagoda. Fue entonces cuando experimentó otra revelación en la que se le revelaba
de dónde venía su bolso favorito, un bolso con motivo de pagodas que ella solía
llamar su bolso kistch espiritual. Lo trivial, un bolso, le traía una epifanía,
aunque a su bolso favorito no se lo podía considerar una cosa trivial. Por
ahora, había tenido ese sueño tres veces. Cuando tenía ese sueño permanecía todo
el día extática, en un estado de bendición. El sueño era sin lugar a dudas un
sueño orgásmico. Orgásmico en el sentido espiritual de la palabra, en el sentido
que la experiencia mística siempre se describe en un lenguaje sensual que
implica una disolución del yo para unirse a algo más amplio. El sueño era
simple. De repente se encontraba en un edificio que era un lugar histórico que
era un templo budista cuyo exterior iba descubriendo poco a poco para descubrir
que era una pagoda rodeada de pinos que daban al océano. La visita de la pagoda
se traducía en una sensación definitiva de armonía interior, en la certeza de
haber alcanzado algún tipo de equilibrio consigo misma, en una expansión
espiritual. El día que tuvo ese primer sueño, se sintió translúcida, sin peso
material, leve. La segunda vez que soñó con la pagoda entró en su interior, en
una de las salas. La tercera vez, no entró dentro. La tercera vez la exploró por
fuera, subió su escalera espiral de madera burda. Era un edificio que siempre
cambiaba pero siempre reconocía. Y el reconocerlo le hacía sentirse radiante,
como si la pagoda fuera parte de ella misma.
El paisaje kistch espiritual de su bolso con la pagoda de tonos ocres y
amarillos no era idéntico a la pagoda del sueño. Pero era una pagoda al fin y al
cabo. Y fue en ese momento, al mirar sus botines rojos, que supo que por eso se
compró el bolso y se convirtió en su bolso favorito, porque la remitía a ese
sueño prodigioso. Con ese sueño supo que había alcanzado un nuevo estado de
discernimiento. Con el tiempo, ese sueño se convirtió en un combustible que le
dio energía para siempre, que le llenó para siempre de una sustancia amiga. Miró
su bolso y se dio cuenta que se trataba de un objeto fronterizo, un objeto que
pertenecía a la frontera borrosa que hay entre el sueño y la vigilia».
—Hay tantos mundos y tantas percepciones de estos mundos, a menudo todo se confunde. Aun en las urbes más pobladas todo se vuelve desértico. El materialismo y el consumismo tergiversan las ideas. En un párrafo de meditaciones dices: «La visión que cada uno tiene del mundo no es sino una ficción conveniente para justificar, cobardías, maldades, envidias, inseguridades, ("tu posición en el mundo")».
¿Cuál es la posición de
Susana Medina en el mundo?
Mi posición es: Si
sólo vivimos una vez, vamos a hacer todo lo posible para crear un mundo mejor,
más interesante, más inteligente, más consciente de sí mismo, de sus
posibilidades. Mi posición va cambiando con las experiencias que voy teniendo.
Es una posición de asombro, perplejidad, una posición que es una oposición, «j´accuse,
yo acuso». Creo que las cosas pequeñas son importantes, hacer algo a ese nivel,
crear espacio, no dar espacio a las cosas que crean más basura, hasta cierto
punto somos impotentes, pero todos constituimos el poder, cada uno de nosotros
podemos decidir no perpetuar las cosas que no queremos que se perpetúen.
Sí, a menudo todo se confunde. El aforismo que mencionas es un aforismo
provocador. Se le puede aplicar a algunas personas, la inseguridad, el miedo, la
envidia que puede llevar a la maldad se esconden tras algunas opiniones,
acciones. Tras la publicación de Souvenirs del Accidente y al hacer una
lectura en inglés lo puse entre signos de interrogación. En ese momento, me
pregunté si inicialmente iba dirigido a los lectores misántropos, a los cínicos.
Algunos de los aforismos estaban ahí como objetos brutales, sin matices.
Es decir, tenemos que ser conscientes de dónde proviene nuestra posición en el
mundo, nuestras ideas, nuestras opiniones, nuestras reacciones, nuestros gustos
y disgustos, aquello de lo que renegamos. Todos tenemos vulnerabilidades. Cada
experiencia y relación nos transforma. Si sabes ver desde dónde hablan los
otros, cuál es su posición, puedes entenderlos, aunque no estés de acuerdo.
—Escribir aparte de ser una
necesidad vital, es un compromiso con nosotros mismos. ¿Hasta dónde quieres
llegar? ¿Cómo visualizas tu futuro?
Sin lugar a dudas, la recepción del trabajo de uno, no depende del autor. Para
mí la escritura es reinvención. No me planteo llegar a ninguna parte, ni suelo
visualizar mi futuro. Pero si visualizo, me visualizo viva. La supervivencia, el
mantenerse vivo es ya todo un logro. Muchas cosas dependen del azar, hay muchas
cosas que nosotros no elegimos. Ahora en estos momentos nos encontramos
sumergidos en una crisis mundial que nos dicen supera el Crash del 29.
Hay cantidad de gente que ya estaba en un estado de precariedad absoluta antes
de la crisis. Por una parte, puede que sean los que mejor están preparados para
enfrentarse a esta recesión galopante. A los que les afecta como algo nuevo, es
algo que les que va a costar mucho procesar. Se les ha servido un fracaso
económico en bandeja, es el equivalente humano de un desastre natural… Creo que
no he contestado a tu pregunta. Para resumir, en parte, mi compromiso depende de
mi supervivencia.
—Como
educadora y escritora, ¿cómo has percibido el cambio en la sociedad? Es decir,
¿cómo has percibido con el transcurrir del tiempo las transformaciones a
consecuencia del cambio acelerado y permanente en los aspectos económicos,
tecnológicos? ¿Cómo influye la debilidad de creencias, carencia de ideologías,
como educadora qué análisis harías, como escritora qué te es lo que te ha
marcado más de esta nueva época?
Como fenómeno me interesa muchísimo el Internet, la cibercultura, la
independencia en el pensamiento, la jerarquía horizontal, la movilización
política. El Internet te abre las puertas a todo esto. Tú como lector juzgas lo
que es interesante y lo que no lo es, eliges, mezclas, descartas, actúas. Es una
gran sopa de la que pueden salir cosas muy interesantes, socialmente hablando.
Como profesora, veo que existen grandes ganas de saber, de explorar. También me
pregunto hasta qué punto la atención de los individuos disminuye cada vez más,
en el Internet sólo se tienden a leer cosas pequeñas, fragmentos, estamos ante
una cultura del fragmento.
—¿Qué cosas o conceptos crees
que te definen como persona o artista?
Escribir es una forma más de respirar. A veces se trata de una respiración
artificial. Con cada obra intento reinventarme. Para mí, la obra, mi propia
obra, debe ser un desafío, una aventura estética. Explorar terra incognita
es una especie de vicio mío. Salir de mis zonas de confort, de las zonas de
confort de las literaturas que conozco, si es posible, intentarlo.
Mi escritura tiende a ser bastante visual, a utilizar espacios paradójicos,
metáforas visuales: colillas, mariposas, zapatos, objetos, charcos. Ese es el
caso tanto de Cuentos Rojos como de Los juguetes filosóficos.
Ambos libros están estructurados entorno a metáforas visuales. Y ambos libros se
salen del género al que se supone que pertenecen. En Cuentos Rojos hay
una tensión entre la poesía y el cuento, es un libro que está a caballo entre la
prosa poética y la narración. En Los juguetes filosóficos la novela se
convierte en ensayo. Creo que en este juego con los géneros hay algo de humor,
la ruptura de las expectativas como humor. El humor es una constante en mi
persona. Me encantan los autores cómicos. La seriedad está sobrevalorada. Los
serios la sobrevaloran. Ambos enfoques tienen su lugar y su momento.
—¿Qué es lo que más te ha hecho
ilusión en la vida, hasta ahora?
Me encantan las coincidencias. Y siempre me sorprende la bondad, es como que
deja un rastro mágico.
La palabra «utopía» me hace ilusión. La resurrección de políticos como Gandhi me
haría ilusión. Me haría ilusión que a una enfermera se le valorara tanto o más
que a un hombre de negocios. Que se inventara un sistema monetario justo, que se
aboliera el dinero, que hubiera una concienciación de lo ridículo de la carrera
de ratas que hace que haya gente que mate, hiera, joda o explote al otro para
enriquecerse.
—Eres un alma inquieta, ¿a
dónde te gustaría viajar o volver a ir?, ¿qué deseo te gustaría ver cumplido?
Me encantaría viajar al futuro para ver cómo se resuelven muchos de los
problemas que tenemos hoy en día. Ver las nuevas tecnologías e invenciones. Las
curas a enfermedades como la ceguera, la demencia, la avaricia, la estupidez
humana. Un salto que me permitiera ver lo que no puedo ver ahora.
Me encantaría volver a Islandia y poder ver la aurora borealis, que no la
he visto. Ir a Méjico y pasarme dos meses.
—¿Qué autores lees actualmente?
Leo mucho del Internet, surfeo, leo a mis amigos, a mis amigas, gente con la que
me tropiezo en las redes sociales. Estoy leyendo Homenaje a Cataluña, de
George Orwell y El maestro y margarita, de Mikhail Bulgakov, que es un
clásico y tardó veinte años en publicarse. Suelo leer varios libros a la vez, y
claro, meterme en el que más me toca.
—¿Actualmente en qué proyecto
estás trabajando?
Por una parte en una novela que se llama Días giratorios de la noche en
la que la protagonista pierde la dimensión sónica de forma repentina y se
enfrenta a un mundo al que le falta esta dimensión. Por otra parte, me acaban de
invitar a realizar para
la Tate Modern
el Árbol de Borges. Es un árbol del que cuelgan citas de Borges. También empecé
a co-editar con Isabel del Río, una escritora bilingüe que escribe cuentos
deliciosos, una antología de escritoras hispanas que viven en Inglaterra. Somos
muy pocas, pero como que formamos parte de un satélite hispano en Londres. De
broma, me refiero a este proyecto como «una antología de morenas hispanas con
ojos morenos residentes en Inglaterra, con la excepción de dos de ojos azules y
pelo plateado». Queda por encontrar editorial. Es un proyecto interesante, pero
difícil.
—¿Nos podrías recomendar
algunos Libros?
La lectura es siempre un encuentro, como cuando te embarcas en una amistad
nueva, lo haces porque de alguna forma esa persona te toca. Y también es algo en
parte generacional. Como ya he mencionado, la primera obra que verdaderamente me
impactó fue Hojas de Hierba, de Walt Whitman...
… Rápidamente y al azar, te digo lo que se me pase por la cabeza durante los
próximos veinte segundos:
J. G. Ballard acaba de morir. La exposición de atrocidades y sus cuentos y luego
todo lo demás, excepto Corriendo al Paraíso.
La obra teatral de Beckett.
En las montañas de Holanda, de Cees Noteboom, sobre el deseo (Me encontré
este libro en la calle, sin tapas. No sabía quién era su autor y el libro me
sorprendió).
Los viajes de Gulliver, de Swift.
El Aleph, de Borges y explorar su obra.
Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino.
El país de las maravillas, de Lewis Carrol.
El país de las últimas cosas, de Paul Auster y Trilogía de Nueva York.
La Habitación Sangrienta, de Angela Carter.
La literatura portátil, de Enrique Vila-Matas, que en cierto modo Roberto
Bolaño retoma y desarrolla.
Me interesan las lecturas contrastadas. Leer a Paul Celan y la poesía de
Bukowski, los cuentos de Cortázar (Adiós Robinsón) y la obra seleccionada
de Kathy Acker.
—¿Qué
consejos darías al lector de esta revista, hombres y mujeres con ganas de
reflejar sus propias historias?
Que se adhieran a la silla y se pongan a plasmar lo que quieran plasmar, que
hagan todo lo que consideren necesario para hacerlo, que creen las
circunstancias propicias para poder adherirse a la silla.
—Regálanos unas últimas
palabras sobre cualquier tema que te interese...
Afortunadamente y desafortunadamente me interesan casi todos los temas. Me
fascina la neurociencia. Nos puede dar claves para que nos entendamos mejor como
seres humanos, para aclararnos. El cerebro es un órgano asombroso. Billones y
billones de neuronas en danza increíble …Termino con un trozo que está al
principio de Slumberville:
«Le fascinaba la vida invisible,
sobre todo la vida invisible del cerebro, los billones de células que estaban en
un estado incesante de comunicación, como si nunca se cansaran, durante la
vigilia, al dormir, al soñar. Veinticuatro horas al día. Y ahora ante la
calculadora del ordenador, Eureka recordó que el día que le entrevistaron para
el trabajo, la doctora Mossman le dijo algo que había oído varias veces. Le dijo
que cada cerebro era como una galaxia, cada cerebro era único, cada cerebro era
diferente, cada neurona era diferente, como era diferente su relación con las
otras neuronas. Y que si se unieran las conexiones neuronales en una línea,
llegarían a medir 800.000 kilómetros de longitud. Todo eso ella ya lo sabía,
pero de alguna forma le costaba creérselo, como también le costaba creerse lo
que se decía de que si se unieran las conexiones neuronales en una línea, la
línea podía cubrir la distancia de ida y vuelta a la luna. Lo que más le
sorprendía eran las cantidades exorbitantes, el que en cada cerebro hubiera
billones de células, el potencial incesante que esos datos implicaban, la orgía
de posibilidades que cada cabeza albergaba».
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