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Arreola es uno de esos «raros»
con que México tiene el privilegio de engrosar sus listas literarias. Nacido
en 1918 en Zapotlan, se distingue, a juicio del que escribe, principalmente
por el espíritu lúdico de que dota su narrativa. Los continuos juegos de
humor, de absurdo, de jerga indígena, de piruetas que el autor
iberoamericano lleva a cabo, lo confirman como un hiperactivo de la
escritura. En su libro Confabulario definitivo, que tiene edición en
Cátedra, se muestra todo su talento, y siendo más específico, en uno de los
cuentos, el de «El guardagujas», se concentran todas sus cualidades para dar
el fruto de una narrativa de lo más peculiar. Así pues, centrémonos en este
cuento para intentar componer una idea aproximada de lo que es su
literatura.
Este narrador con actitud y palabras de poeta tiene el
don de «engañar» al lector no permitiéndole saber dónde empieza la
exageración, el absurdo, el imposible, la verdad. He oído decir que tiene
similitudes muy notables con su compatriota Juan Rulfo y el genial Augusto
Monterroso. Y comparto la idea plenamente. Leer a Arreola es mezclar la
preocupación y la honda vinculación con las entrañas más indígenas de Rulfo
con la inocencia y la ironía de los bestiarios de Monterroso. Con el
añadido, claro, del peculiarísimo estilo de este juglar de nuestros tiempos.
Contar con lo inesperado es clave para entender su corta obra.
En este cuento de «El guardagujas», Arreola crea a un
tipo con la idea fija de llegar al detino T., y para ello ha adquirido un
boleto de tren y se dispone a tomar éste. Su sorpresa será mayúscula cuando
el guardagujas comienza a interrogarlo y de ahí pasa a desanimarlo,
reanimarlo, encandilarlo, extrañarlo… todo contándole el funcionamiento (o
NO-funcionamiento) del sistema ferroviario del país. Toda esta trama
argumental ha llevado a los críticos y estudiosos a exponer sus distintas
teorías sobre la intención de Arreola con su cuento, sobre la idea principal
que quiere expresar. Explicaciones de lo más variopinto han quedado
registradas. Y es que despierta gran interés toda esta maraña de absurdos e
ingenio que el mexicano crea con «El guardagujas». Incluso quien menos entre
en detalle no podrá dejar de pensar qué es lo que el autor nos dice. Quien
firma este artículo, por supuesto, tiene su opinión acerca de la intención
del cuento, pero eso es lo de menos.; lo importante es haber logrado
alientar al lector a indagar sobre este mexicano de cara divertida muerto en
Jalisco en 2001, que, seguro, no defraudará, y menos aún a los kafkianos,
que si cabe añadirán una nueva entrada en su diccionario de grandes
literatos. «El Guardagujas», insisto, es parte fundamental de su obra, que
casi me atrevería a decir que hubiese quedado coja de no haber existido este
maravilloso cuento.
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Alejandro
Tobar Salazar
(Lugo - España, 1983), Ganador del concurso de Relatos de Verano 2005 de la
Voz de Galicia. Accésit en el IV certamen de poesía Lucus Augusti
2006. Un 2º Premio en el Contacontos 2003, organizado por la Xunta de
Galicia, por su guión Nin tanto nin tan pouco, 6º premio en el I
certamen Ribeira Sacra literaria 2006, mención de honor Cuentos de
navidad, de la revista Emol; ha publicado poemas, reseñas y artículos en
revistas literarias y diarios como Arteliteral, Literaturas.com, El Progreso
de Lugo o la editorial Galaxia. Tras cinco años de estancia en Madrid,
actualmente residiendo en Marsella, Francia. Colaborador habitual de la
Revista Almiar / Margencero.

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