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El nombre de Joyce se asocia primera e indefectiblemente a su a lo largo y
ancho del planeta conocida novela Ulises. Esta obra suya puede
encontrarse en cualquier idioma y en cualquier formato; tanto en chino como
en inglés y ya sea compilada en dorados tomos de pastas duras como robles o
bien en formato de edición de bolsillo. Pero hay otra obra suya también
sobresaliente que no siempre se acerca al lector común, sí a aquellos que se
interesen por leerla, sí también a los estudiantes de las diversas
filologías, sí a los lectores asiduos, pero no a muchos otros fuera de estas
tres categorías. Esta obra, Retrato del artista adolescente,
originalmente publicada por fascículos, es uno de los grandes libros de la
literatura en lengua inglesa, además de constituirse como un referente o un
espejo de los nuevos escritores, de los jóvenes procesando ideas o de los
meros amantes de la reflexión.
Este autor irlandés que tanto indagó y experimentó con el lenguaje y
cuyo haber cuenta con otros títulos no menos reseñables como son
Dublineses o La velada de Finnegan, critica en este retrato a la
sociedad de la época, su Gobierno y su Iglesia —es muy recomendable hacer un
par de relecturas al irónico fragmento que trata el discurso del párroco—
desde una óptica descarnada, realista y, por si fuera poco, su maestría le
lleva a crear momentos alegóricos mediante la inclusión de mitología
(analícese por ejemplo el nombre del protagonista, Stephen Dedalus).
Recurriendo al monólogo interior expone una fabulosa evolución del
personaje, su alter ego. El escritor dublinés ofrece en esta obra una
perfecta autobiografía que bien debiera el lector al menos hojear antes de
entrar a desentramar su gran obra, ya citada, Ulises.
Aunque a menudo pueda resultar espesa su lectura, ha de tenerse en
cuenta que un libro suyo puede ser tan enriquecedor como para un antropólogo
el estudio in situ de las cuevas de Altamira o para un portero de fútbol la
colocación de un elástico colchón bajo las duras hierbas del área pequeña. Joyce merece por tanto, cuando menos, las cien páginas que un día pidió
Umberto Eco para su detectivesca historia titulada El nombre de la rosa.
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Alejandro
Tobar Salazar
(Lugo - España, 1983), Ganador del concurso de Relatos de Verano 2005 de la
Voz de Galicia. Accésit en el IV certamen de poesía Lucus Augusti
2006. Un 2º Premio en el Contacontos 2003, organizado por la Xunta de
Galicia, por su guión Nin tanto nin tan pouco, 6º premio en el I
certamen Ribeira Sacra literaria 2006, mención de honor Cuentos de
navidad, de la revista Emol; ha publicado poemas, reseñas y artículos en
revistas literarias y diarios como Arteliteral, Literaturas.com, El Progreso
de Lugo o la editorial Galaxia. Tras cinco años de estancia en Madrid,
actualmente residiendo en Marsella, Francia. Colaborador habitual de la
Revista Almiar / Margencero.

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por
Alejandro Tobar

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