Miguel Gómez
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Madrid: Noche de verano

El silencio se aposta despacioso
sobre las encumbradas azoteas,
a la vez que las luces enmudecen
demorándose sólo en los balcones.
Ha llegado el final de un largo día
y éste, como todos los finales,
deposita una carta dramática
en el ancho buzón de la memoria.
La conversación se apaga y reposa
en la barra de un bar, contemplando
la espera, recreándose silente.
Nosotros nos miramos, nuestros ojos
apenas se adivinan en la noche,
y su tenacidad funda un espacio íntimo.
El calor que desprenden las aceras,
las calles vacías de la ciudad,
las luces recogidas de las casas
aglutinan la irrealidad presente;
en este instante no existe el paisaje,
la noche arde y nosotros nos quemamos.


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FOTOGRAFÍA: Pedro M. Martínez