|

Una canción para
toda la vida
________________________________
Gemma Edo
Y así acaba
mi vida. Con una canción en la cabeza y en mi corazón. Esa iba a ser mi
mejor composición estaba seguro de ello. El ritmo era el adecuado,
suficientemente rápido para que no fuera cansina y con la lentitud precisa para
que llegara a todos los que la escucharan.
Todo en mí ha girado en torno a la música. Todo lo
que he creado, cantado o tocado ha sido meramente un repaso a todo aquello que
he llegado a sentir. Recuerdo mi primera creación con un cariño especial porque
gracias a ella descubrí cual sería mi futuro. No te pienses que fue una gran
obra, ni tampoco te creas que por aquel entonces tenía los instrumentos
adecuados, a los cinco años no se puede pretender tanto.
Los detalles de mi primera actuación se mantienen
vívidos en mi mente, no es algo que vaya a olvidar jamás. Recuerdo a mi madre y
a mi padre sentados en el sofá, intentando contagiarse de mi emoción pero sin
lograrlo del todo ya que no entendían exactamente porqué estaba tan obsesionado
con ese piano de juguete, el cual, me habían comprado en navidades unos tíos a
los que no conocía y a los que no volvería a ver ya que murieron poco después.
También entiendo a mi familia, mis progenitores eran científicos, la música para
ellos era pura matemática nada que no se pudiera entender con las formulas
adecuadas. Ese era el único arte que conocían y pese a que en su momento no los
quise entender, ahora lo acepto como una parte intrínseca de ellos.
Ya me estoy desviando del tema ¿no? Estaba
hablando de mi primera actuación y de mi pequeño piano que a duras penas
conseguía hacer una nota bien. Fue un gran momento, había estado practicando
durante días, probando miles de combinaciones hasta encontrar una que me
gustara, fue una tarea ardua ya que tuve que memorizar toda la «canción» de
memoria. Por aquel entonces no sabía que la música se podía escribir pero al
menos le puse un título Para mamá y papá; original ¿verdad? Pues en
aquella época me pareció magnifico y tras recibir los aplausos que requería la
situación me dediqué a ello con más fuerza e ilusión.
Ese fue el detonante que me ha conducido hasta
aquí, hasta este momento. Supongo que en mi situación actual es normal que me
esté olvidando de las cosas. Las figuras de mis padres se están volviendo
borrosas por momentos, me cuesta saber qué vestido llevaba mamá o si Cherry,
nuestra gata, estaba sentada en su regazo o en el de papá… es irónico ahora la
imagen que me viene a la cabeza es la de una chica con la que salí hace años.
Era una mujer menuda de sonrisa tímida y grandes ojos marrones. Su cabello era
del color de la miel y siempre lo llevaba recogido en una coleta, tardamos
muchos meses en conocernos. Yo vivía obsesionado por aprenderlo todo sobre mi
pasión y ella era demasiado tímida para abordarme. Tuvimos que chocar uno contra
el otro para que nos conociéramos. Resulta que Mary era estudiante de arte por
lo que compaginamos rápidamente, los dos vivíamos en un mundo distinto al del
resto de la gente, veíamos las cosas de otra manera, entendíamos las cosas de
una forma distinta. Fue la primera en todo: Primera en clase, la primera con
quien hice el amor, mi primera pareja… así que cuando ella me abandonó para
seguir su fulgurante carrera, yo le dediqué una canción a la que sencillamente
titulé Primera en todo. Tal vez alguien la esté escuchando ahora mismo
¿me hago demasiadas ilusiones? Ella me abandonó porque entendió que nunca la
seguiría hasta la fama. Yo vivo feliz con lo poco que tengo, mi guitarra, mi
piano y mi voz ¿qué más puedo pedir?
También esta triste historia se va borrando, pero
no quiero llegar al presente. Demasiado doloroso para mí, demasiadas cosas que
no deberían de haber sucedido. No quiero pensar en eso… y ahora lo estoy
haciendo. ¿Siempre es así? Sé que no me contestarás, ni tan siquiera sé si eres
real, sólo estás aquí mirándome, escuchando mis palabras ¿qué quieres? ¿Por qué
no me he ido aún? Ah, pretendes que acabe de explicar mi historia, deseas saber
más. De acuerdo, cuando antes acabemos con esto mejor.
Mis padres acaban de morir, la mujer con la que
iba a pasar el resto de mi vida se ha marchado, mi gato Fender se ha escapado
con la gata de mi vecina. Todo es un desastre, no quiero que llegue el día
siguiente. Mi único deseo es que mi reserva de cerveza no se acabe, que mi
guitarra siga sonando y que el corazón me deje de doler. Me destrozo el cuello
cantando baladas tristes acompañado únicamente por mi instrumento que trata de
seguirme como puede. Estoy solo, nada me interesa.
Entonces llega Carla. Cuando abro la puerta, sé
que no es mi futura mujer que ha decidido reconciliarse conmigo, y tampoco es
Fender mi querido gato. En la puerta tengo a una desconocida que me sonríe a la
vez que trata de no fruncir el ceño al ver mi penoso estado y el de mi piso. Sus
ojos verdes se clavan en mí inmovilizándome. Aún no sé qué pretende porque no me
dice nada, sencillamente me da un beso en la mejilla y se marcha a toda prisa.
Preocupado, cierro la puerta y me voy directamente
a mi portátil. Nunca he llegado a ser muy conocido y mi única publicidad es un
pequeño espacio en internet que no he actualizado desde hace meses. Cuando me
aseguro que mi dirección no aparece en ningún lado de la página me tranquilizo
un poco. Debe de haber sido una casualidad me digo, alguien que se habrá
equivocado de piso, seguro que no sabe ni quién soy. Procuro convencerme de eso
mientras bebo una cerveza. En el fondo no me lo creo.
La escena se vuelve a repetir al día siguiente y
al otro y así durante toda una semana. Ninguno de los dos hablamos, yo por miedo
a que ella sea una simple aparición y la chica por algo que no sé. Al octavo día
espero impaciente que suene el timbre, sólo pienso en verla. Hoy le preguntaré
quién es, estoy preparado.
Carla, como he decidido llamarla hasta que no sepa
su nombre, no aparece ese día, ni al siguiente, ni al otro. Nervioso me paseo
día y noche por el pequeño apartamento esperando a que venga, y mientras, sin
darme cuenta, rehago mi vida otra vez. En dos semanas las cervezas han
desaparecido de la nevera, la casa brilla de lo limpia que está, me quito la
barba y reconozco que así parezco más joven de lo que soy. La música vuelve a
llenarme otra vez, mis heridas se están curando poco a poco y ahora estoy más
decidido que nunca a seguir adelante. Entonces una nota se cuela debajo de la
puerta.
Es la dirección de un restaurante e
instintivamente sé que allí me estará esperando ella. Feliz por tener un pequeño
hilo del que tirar cojo mi chaqueta y salgo a la calle tarareando una canción.
Entonces me doy cuenta de que estoy volviendo a componer, de que la música ha
vuelto a mí con más fuerza que nunca. Río mirando al cielo azul mientras que en
mi cabeza se va formando una canción. Al principio empieza con el caos del
nacimiento, una infancia inocente. Luego se vuelve eufórica con el
descubrimiento de cuál será tu futura pasión, después va fluctuando arriba y
abajo mostrando todo lo que he hecho, repasando uno a uno todos los momentos que
me han marcado para siempre. Es la canción de mi vida y cuando lo descubro paro
de caminar, deleitándome con cada nota de mi nueva composición…
El resto ya lo sabes. Primero el coche, después la
ambulancia y finalmente esto. Creo que estoy en medio de un limbo, entre la vida
y la muerte, incluso me puedo figurar quién eres. Si quieres puedes llevarme
contigo, mi deuda con la vida ya la he cumplido. He hecho aquello para lo que
nací, he creado una canción para toda mi vida y estoy contento con esto. ¿Que si
me molesta que la gente no vaya a escuchar jamás mi obra? La verdad es que no
porque todos llevan su música dentro de sí sean músicos o no, sólo la han de
descubrir igual que he hecho yo. Hoy ha sido el día en que me he sentido
completo, en que he notado que estaba vivo de verdad. Por eso te dejo a ti la
elección, marchémonos o quedémonos. Escoge.
_____________________
GEMMA EDO
es una joven autora que reside en Barcelona.
WEB DE LA AUTORA:
http://cronicasdesdenotiempo.blogspot.com/

OPINA SOBRE ESTE
RELATO
|