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«Detand», Santiago de Andrés Tanda,
es un artista madrileño con raíces en tierras segovianas. Se funden en sus
primeras vivencias la angustia de la gran ciudad, castigada por tantas penurias,
y la serenidad del mundo rural segoviano de las aldeas de su familia paterna.
Nace en Madrid en enero de 1940, al
comienzo de la trágica posguerra; en el mismo dramático escenario del poema
Insomnio de Dámaso Alonso, escrito en ese año, cuando la ciudad alcanza, a
pesar de la reciente e ‘incivil’ guerra, la mítica cifra de un millón de
habitantes:
«Madrid es una ciudad de más de un millón
de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que
hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir
blandamente la luz de la luna […]
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre
lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo
[1]».
Alejado del arte comercial, sin la
menor pretensión por rentabilizar sus ingentes esfuerzos artísticos, busca en
los grandes, especialmente en El Bosco, Goya o Picasso, siempre presentes en su
subconsciente, la fuerza para expresar las visiones alucinadas de su rico y
personalísimo mundo interior.
Bohemio e introvertido, sus
búsquedas le llevan a viajar por Europa y América: París, Frankfurt, Estambul,
Nueva York, Miami, Río de Janeiro, Sao Paulo, Panamá, Bogotá, Santo Domingo, La
Habana…
En 1983 conoce a los artistas
dominicanos Elsa Núñez y Ángel Haché, lo que le permite realizar una exposición
individual en el centro social
«Casas Reales» en la
República Dominicana.
En 1984 expone en la galería de arte
«Casarrubuelos»
en Madrid, bajo el patrocinio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad.
En 2004 participa en la exposición
colectiva «Lugares
donde detener la mirada», con motivo del centenario de María Zambrano en Madrid,
en el Museo de América.
Detand nos sorprende siempre con sus
búsquedas y sus hallazgos, por la armonía de sus seguras líneas, por la belleza
de sus formas y colores, por la aparente facilidad con que utiliza distintas
técnicas. Sus profundas lecturas le han llevado a ilustrar incansablemente
—interpretando los textos con sus ilustraciones— la obra literaria de los
místicos españoles, de El Lazarillo de Tormes, de Miguel Hernández, de
Rabindranath Tagore, de Lewis Carroll, de Antonio Machado… Se trata de un
esfuerzo continuado, exigente, variado, por la vía de un expresionismo
intelectual, repleto de voluptuosidad.
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MSA 2007, junio 2007
[1]
Dámaso Alonso, Hijos de la ira, Ed. ELIAS L.
RIVERS, Textos Hispánicos Modernos 4, Barcelona, Editorial Labor S.A., 1970, pp.
37-38
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