El filántropo
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Vi a un presunto ladrón escapar velozmente
por una bocacalle. Dos minutos después un tosco policía que igualmente corría se
paró junto a mí, me preguntó por él y yo le respondí señalándole otra. Es cierto
que mi máxima es decir la verdad, mas igualmente es cierto que otras veces me
impongo aquélla que me obliga a ayudar al más débil. En fin, que aquél cayó
torpemente en la trampa y me sentí feliz, caminé satisfecho e hice que este
mundo, al menos un instante, fuese un poco más justo. Al volver una esquina un
simple "¡Muchas gracias!" me arrojó de esa nube. Aquellas dos palabras las dijo
el policía, que conducía preso al pobre delincuente: por desgracia la calle que
yo le señalé era, en aquel momento, por la que transitaba aquel desprevenido.